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Reseña: Martes con mi viejo profesor – Mitch Albom

«Una vez que sepas cómo morir, sabras cómo vivir.» Morrie Schwartz

De vez en cuando, a veces por casualidad y otras veces porque alguien lo pone en tus manos, terminas perdiéndote entre las líneas de un libro que tiene un sabor especial.

Martes con viejo profesor es uno de esos libros.

La Historia

Esta novela autobiográfica está escrita por Mitch Albom y relata los encuentros de éste con su antiguo profesor de universidad Morrie Schwartz.

Tras graduarse, Mitch le promete a su profesor mantener el contacto, pero su dedicación al trabajo pronto hace que se olvide de su promesa.

Dieciséis años después, Mitch ve a su antiguo profesor salir por la televisión en un programa de máxima audiencia: tiene ELA, una enfermedad sin cura.

A partir de ahí decide retomar el contacto con él y tratar de recuperar el tiempo perdido.
La novela cuenta cada uno de los encuentros (siempre los martes) entre el alumno y el profesor y sus charlas acerca de los grandes aspectos de la vida humana.

Los Personajes

Mitch Albom: Conductor de la historia. Es el ciudadano de a pie, con el que el lector probablemente se sienta más identificado. Se trata del catalizador, del elemento que nos permite a nosotros convertirnos también en alumnos del profesor Schwartz y aprender mientras la historia se desarrolla.

Morrie Schwartz: Protagonista fundamental de la novela. Es el maestro, el mentor. El alma bondadosa y sabia que se tiene que enfrentar con la terrible noticia de una muerte anunciada. El tiempo que le resta lo decide pasar transmitiendo aquello que la vida y la experiencia le han enseñado.

Mi opinión

Nadie puede negar que Martes con mi viejo profesor se trata de un libro de autoayuda (o cuanto poco de ensayo filosófico) al estilo de, por ejemplo, El Alquimista de Coelho. Así, en ambos, es una historia narrada la que hace de hilo conductor y de la que se sirve el escritor para transmitirnos sus ideas acerca de temas trascendentales.

Sin embargo esta novela está francamente mejor que el libro del brasileño.

Tanto en El Alquimista como en otros muchos libros de los considerados de autoayuda, uno se encuentra pronto con los hilos de la marioneta artificial que pretenden vendernos. Y al descubrir la explicación al truco, el prestidigitador queda en evidencia. En el libro de Mitch Albom, la voz de una persona real, con sus problemas reales, que se enfrenta a un final por el que todos hemos de terminar pasando, resuena con el potente eco que proporciona nuestra relación con la muerte.

En esta novela no hay tanto artificio, tanta solución mágica y maravillosa, tanto camino hacia ninguna parte que nos lleve, de forma milagrosa, a descubrir nuestro potencial. Aquí, Morrie Schwartz se dedica exclusivamente a enseñarnos, a base de arrancar capas de superficialidad a nuestra existencia, que el ser humano viene a la vida para vivir. Y por sencillo y simplista que parezca, muchas veces nos olvidamos.

Cegados en esa carrera por obtener cada vez más cosas, ser cada vez más grandes y llegar cada vez más alto, olvidamos nuestra verdadera razón de ser. Lo que nos hace únicos y, a la postre, nos termina convirtiendo en eternos: nuestra capacidad de amar.

Es el amor el motor del ser humano, la verdadera quintaesencia de su existencia, su mayor don. Sólo una vida en la que hayamos amado, en la que nos hayamos sentido amados y en la que terminemos amando las cosas que hacemos, es una vida plena.

Conclusiones

Martes con mi viejo profesor es una novela corta y de lectura fácil a la que merece la pena dedicar un par de ratitos cualquier tarde de verano si, con ello, nos hace reflexionar acerca de los temas que de verdad importan.

Nota: 7/10

Reseña: Solaris – Stanislaw Lem

Tenía un grato recuerdo de mi primer contacto con Stanislaw Lem por su increíblemente divertida novela Cuentos de Robots; no en vano lo consideré el mejor libro de mi lista de 2013.

Mi segundo libro de este autor polaco fue su famosa Solaris, llevada al cine en dos ocasiones, la última protagonizada por George Clooney.

Recuerdo esa película por ser, tristemente, la primera (y última por ahora) vez en mi vida que me he dormido en una sala de cine.

El caso es que había leído en distintos foros que la novela era bastante mejor, como suele suceder, y que a cualquier amante de la ciencia ficción no debería pasársele leerla.

Pues bien, allá que he ido y mis impresiones son un poco ambivalentes.

El argumento

Solaris trata sobre lo que le sucede a Kris Kelvin durante su estancia en la estación de observación situada sobre el mar de Solaris. Resulta que hace años la humanidad descubrió este planeta y asistió a lo que se pensó fue el primer contacto entre distintas especies. Parece que ese inmenso océano que cubre la práctica totalidad del planeta tiene inteligencia.

Tras muchos años de investigación y después de una inicial euforia por lo novedoso de la situación, la evolución de los trabajos en Solaris se estanca.

Y es aquí donde Kelvin llega a la estación y entonces… empiezan a pasar cosas.

Solaris no es ciencia ficción

Decir que Solaris es ciencia ficción es hacerle un flaco favor a la novela. Está claro que estando ambientada en el futuro, con viajes interestelares de por medio y con interacciones entre humanos y posibles extraterrestres, tenemos los ingredientes perfectos para una historia Sci-Fi. Sin embargo Solaris es mucho más un ensayo filosófico acerca de la propia existencia del ser humano, de la antropomorfización de nuestros anhelos de contacto con otras especies, de nuestras limitaciones como raza y de nuestros miedos y nuestras debilidades.

Buena idea, buen contenido pero con altibajos

Lo cierto es que la novela va creciendo en intensidad y hay momentos en los que te puede tener absorto. No obstante Lem se pierde muchas veces en extensas y a veces aburridas descripciones acerca de las investigaciones que se llevan a cabo en el planeta, de las distintas corrientes de pensamiento, etc.

Está claro que la idea que subyace a esta parte de la narración es realizar una comparativa de la evolución del pensamiento humano a lo largo de la historia adaptado a un nuevo elemento en su entorno como es el descubrimiento de un planeta habitado. Y lo cierto es que en algunos momentos esa analogía roza la genialidad. Pero el exceso de datos inconexos que pretenden dotar al texto de cierta entidad científica se torna por momentos algo farragoso y pesado de leer.

Un buena opción este verano

Lo interesante del libro, algo que además ha caracterizado a las dos obras que he leído de Lem, es la aproximación alejada de lo que consideramos normal a determinados hechos.

Siempre nos hemos preguntado qué sucedería cuando estableciéramos contacto con otras especies asumiendo que éstas hallarían la forma de comunicarse con nosotros. Lem analiza el contacto desde la perspectiva de la existencia de una brecha de comunicación que hace ininteligibles los lenguajes de uno y otro bando.

Para esos momentos de calor, nada mejor que vivir las aventuras de un humano en un mundo remoto donde el mar, además de fresquito, es inteligente.

Nota: 6/10

Bote medio lleno

Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después, preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí. El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.

Después, el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos. El profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime. El profesor, rápidamente añadió dos tazas de café al contenido del bote y, efectivamente, llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían.
Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: «Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada más nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas. Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche… La arena es el resto de las pequeñas cosas»
Continuó diciendo:
«Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes. Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Ve con tu pareja a cenar, juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, practica deporte, disfruta con tu afición favorita…»

.. y terminó con:
«Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto solo es arena».

Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaba el café. El profesor sonrío y le dijo:
«¡Me encanta que me hagas esta pregunta!. El café es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de café con un amigo.» – Anónimo

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