Date archives "agosto 2012"

Chasing the sun

Until forever comes you will find us chasing the sun!

Y seguimos buscando al sol.

En la vida me he encontrado gente de mil y una formas de ser pero todos comparten algo: un objetivo vital.

La diferencia, quizá, resida en lo realista de ese objetivo y lo realista que sea esa persona. Las hay, las que al final terminan siendo felices, que son conscientes de dónde están y a qué pueden aspirar y adaptan sus objetivos a esa realidad. Al final, tarde o temprano, consiguen su meta. En el camino, sin embargo, es posible que hayan sido excesivamente conservadores, que se hayan quedado cortos en la visión y terminen con el sabor agridulce que da la sensación de haberse conformado.

Por otro lado, aunque menos, existen las personas que apuntan tan alto como la imaginación les permite. Sin importarles si aquello que buscan es realizable o persiguen un imposible. Estos son los que pueden terminar devorándose a sí mismos en un constante intento de seguir queriendo más.

¿Cuál es la mejor opción? Creo que como en todo el equilibrio. El punto medio entre no dejar de apuntar alto y apuntar a un sitio que podamos llegar algún día.

Como bien reza la cita: «Apunta a la luna, si fallas terminarás llegando a las estrellas«; lo importante son dos cosas: apuntar a la luna y saber disfrutar si se termina llegando a las estrellas.

Pero no es una tarea fácil y siempre tendremos la sensación de que, o bien nos hemos quedado cortos en el tiro o bien nos hemos pasado toda la vida persiguiendo al sol. 

#Music: The Wanted – Chasing the sun.

Bueno en mucho, genial en algo.

Es un tema de debate que llevo teniendo ya bastantes días en el trabajo.

He de reconocerlo: me gustan demasiadas cosas. Me gusta mucho el área tecnológica, el networking, la programación, el mundo del emprendimiento, la productividad. Pero también me gusta el diseño, la fotografía, el arte, la música. Considero que este mundo pone a nuestro alcance un gran número de posibilidades para aprender, formarnos, y convertirnos en mejores personas.

¿Cuál es el problema? 

Obviamente, como en casi todo, el tiempo. Disponemos de un tiempo limitado para aprender, experimentar y mejorar nuestros conocimientos. Es por eso que me surge la duda de qué es mejor: convertirse en una persona polifacética, con experiencia en muchas áreas, sabiendo manejarse bien en todas ellas pero sin ser especialmente bueno en ninguna o, por el contrario, especializarse en algo hasta el extremo de ser de los mejores en eso.

Supongo que habrá opiniones para todo.

Yo, por mi forma de ser, no puedo evitar decantarme por la primera opción: me gusta probarlo todo, me gusta entender el núcleo de una red de comunicaciones tanto como poder tocar la partitura de Juego de Tronos. Me gusta tanto ser capaz de programar una página web como sentirme orgulloso de la calidad artística de alguna fotografía tomada.

¿Y vosotros? ¿Qué opináis?

Susto

Todo sucede rápido, tan sumamente rápido que el cerebro tiene poca capacidad de reacción.

Y aún así reacciona. Trata de usar todos sus conocimientos y su inconsciente mecanismo de supervivencia para protegerte, para sacarte de esa situación.

Ocurre en décimas de segundo. Pero existe una de esas décimas en las que el cerebro saca una terrible conclusión: no va a ser capaz de hacer más.

Y así deja de analizar posibilidades y se prepara para reducir al máximo el daño.

Los seres humanos somos así en todos los aspectos de la vida. Cuando vemos que la situación nos supera, cuando entendemos que no está en nuestra mano el poder hacer nada más, surge en nosotros el mecanismo innato que trata de reducir al máximo el impacto de aquello que nos pueda herir.

Felizmente, en este caso, todo quedó en un bendito susto.

Desconexión

Creo que de vez en cuando es bueno y saludable parar un momento, desenchufar el cable de alimentación e hincharte los pulmones de aire puro.

Así que durante las próximas 48 horas es exactamente eso a lo que me voy a dedicar: respirar el limpio aire de las alejadas montañas de una sierra perdida, pasar las horas entre risas, lectura, pachangas de fútbol, fiestas patronales y vete-tu-a-saber-qué.

Sumergirme en un lugar apartado en plena naturaleza, más propio de La Comarca de Tolkien que de cualquier otra cosa y terminar de cargar las pilas para lo que está por venir, que no es poco.

Hasta el domingo!

Volver a empezar

Aunque todavía estamos un poco lejos de septiembre, lo cierto es que estos días me siento un poco como en los inicios de ese mes.

Si echamos la vista un poco atrás, septiembre siempre ha sido el mes de «la vuelta a…»; la vuelta al cole, la vuelta al instituto, la vuelta a la universidad. Libros nuevos, el olor de las libretas a punto de estrenar, nuevas asignaturas, nuevos profesores y, en general, nuevos proyectos.

Bueno, y no tan nuevos.

Porque parece que hay todavía ilusión y ganas de seguir alimentando la idea que surgió hace ya más de un año. Creo que nadie nos puede echar en cara que no somos emprendedores.

Hemos aprendido de nuestros errores, hemos liberado parte del lastre que quizá frenaba el progreso de nuestra aventura, y ahora, con más gasolina, con más fuerza, con más ideas, nos ponemos en marcha otra vez.

Seguiremos equivocándonos, estoy seguro, seguiremos dando pasos en direcciones erróneas, pero cada paso no será en balde, porque estoy completamente convencido que cada «pequeño» fracaso es una lección de experiencia que nos hace más sabios, más competitivos, más capaces.

Y la aventura es sin lugar a dudas el excitante viaje.

¡ Volvemos a estrenar libros !

La entropía de la vida

Últimamente estoy analizando concienzudamente algunos de los aspectos de vivir de forma independiente.

Uno de ellos es la sensación de que pese a que recojas las cosas, la tendencia innata de todo lo que te rodea es el desorden.

Ello me ha llevado a terminar dando con la definición de una magnitud física: la entropía. Si tenéis tiempo, ganas, y unos mínimos conocimientos en física os recomiendo enérgicamente que le echéis un vistazo al interesante artículo sobre ella que tiene la Wikipedia. [ Entropía ]

 

A grosso modo y para que nos entendamos, la entropía aplicada a nuestro caso es un concepto relacionado con el desorden de un sistema, su homogeneidad, y viene a decirnos que cualquier estado natural tiene la tendencia innata al desorden y no al revés.

¿Por qué?

Básicamente porque pasar de un estado «desordenado» a un estado «ordenado» consume más energía. Y tiene sentido, podemos dejarnos llevar en el día a día y los cestos, mesitas, cómodas y camas comenzaran a tender a un estado caótico sin lógica salvo que hagamos un esfuerzo, aportemos esa energía necesaria para alcanzar el estado «ordenado».

Y he aquí que me pregunto yo…

Si la naturaleza tiende, en esencia, al desorden, ¿quiénes somos nosotros para ir contra natura?