Date archives "diciembre 2010"

París – Día 1 – Mañana.

El despertador sonó. Y no, no había sido un sueño. Eran las 8.00 de una nublada mañana de Invierno y estábamos en París.

Ducha rápida. Que toca desayunar. ¡Esos sí que son croissants!

Sevrés-Lecourbe a Bir-Hakeim. El metro nos sorprende por su puntualidad y por su frecuencia. Aunque también por sus precarias infraestructuras. En menos de 20 minutos bajamos del metro. Seguimos a la gente. Al cruzar la calle veo una típica Brasserie y un Bistró. Todo parece sacado de alguna pelicula. Me acuerdo de Amélie.

De pronto, al girar una de las esquinas aparece imponente. Tanto que sin querer me emociono. Es la de verdad, la que tantas veces he visto en fotos, en el cine, he imaginado en las páginas de algún libro. E impresiona infinitamente más. La torre Eiffel nos da la verdadera bienvenida a París.

Paseamos, nos hacemos fotos, alucino con la ingeniería que lleva detrás la construcción y comienza el verdadero plan de la mañana.

Subimos al segundo piso. Se ve todo París. Al menos todo lo que los ojos son capaces de atisbar. Es enorme. A lo lejos vemos Notre Dame, el Sagrado Corazón y la zona moderna de París.

Una vez abajo contiunamos con el plan. Un crucero por el Sena. Pasamos por varios de los puentes más importantes de la ciudad. El Pequeño y el Gran Palacio. La Asamblea Nacional. El puente de los Inválidos. La arquitectura de esta ciudad me ha enamorado. Hasta la Estatua de la Libertad (la pequeña). Incluso pasamos junto a la Plaza de la Concordia, antes conocida como Plaza de la Revolución. Allí guillotinaron a Luis XVI y Maria Antonieta. Historia pura ante nuestros ojos.

Luego hay que coger fuerzas y es aquí donde Sheila se enamora del chocolate francés. Esto son crêpes de verdad. Saborear una delicia culinaria a la orilla del río Sena es mucho más de lo que podía pedir.

La mañana está llegando a su fin y decidimos adelantar un poco el plan y dirigirnos ya hacia el Palacio de Versalles.

Sin lugar a dudas la mañana ha sido espectacular y ha ido mucho más allá de lo que había podido imaginar. Esta ciudad tiene algo en el ambiente, en el aire, que la convierte en especial sólo con estar paseando por sus calles. Hay tanta historia alrededor…

París – día 0.

El viernes pasado Sheila y yo hicimos una pequeña escapada a la capital de Francia con la intención de celebrar nuestro segundo aniversario, en los próximos posts intentaré poner un poco en orden las sensaciones que extraje del viaje.

Ese propio viernes nuestro avión salía a las 19.20 de la tarde. Durante la mañana estuvimos ultimando las compras de última hora y terminando de hacer la maleta. Resulta muy curioso lo que pesan unos calcetines o una bolsa de aseo cuando tienes que ajustarte a 15 kg. Una vez en el aeropuerto he de reconocer que los nervios aparecieron: facturar la maleta, que las dos de mano cumplan con las medidas (Ryanair no se fijó ni en la ida ni en la vuelta), los bolsos dentro de las maletas, y por fin, después de una media hora de espera en la puerta de embarque: el avión.  Y más nervios.

A Sheila, que ya había volado en avión (pero en un Airbus 330-200), por poco le da algo al ver la «tartana» que es un Boeing 737-800. Nos sentamos al lado de la ventanilla. Las indicaciones de las azafatas y a volar.

El despegue fue muy bien (para ser una tartana) y de camino nos encontramos turbulencias pero nada que no superase la emoción de estar llegando a la ciudad del amor.

Una vez aterrizamos tras rebotar dos veces en el suelo nos encontramos en un pequeño aeropuerto a 80km de París. Beauvais. De allí rápidamente cogimos un Bus. Todo estaba oscuro hasta que un «ooooh» nos despertó del sueño: a lo lejos se veía imponentemente iluminada la obra de Gustave Eiffel para la Expo.

Una vez en París, nos quedaba el último trayecto, en metro, hasta nuestro hotel. Llegamos a las 12, cansados del viaje, pero ilusionadísimos por encontrarnos en pleno centro de París y con 3 días por delante para ver aquello que sólo con los propios ojos uno es capaz de disfrutar. Calentitos, en una habitación desde la que veíamos las calles de un París precioso en diciembre.

La tele francesa nos ayudó a conciliar el sueño pensando en que al día siguiente nos esperaba la gran Torre Eiffel, un paseo por el Sena y el suntuoso Palacio de Versalles.

A bientôt!

Canción : Sous le ciel du París.

La sabiduría, la justicia y el amor.

En un mundo donde parece que ya nada tiene sentido. En el que la ética, la razón humana y la bondad han sido asesinadas por el poder, el dinero y la corrupción, uno se levanta cada mañana con la sensación de luchar contra gigantes invisibles.

No podemos caer en el desánimo de no creernos capaces de cambiar el mundo, de que nuestro aporte, por pequeño que sea, no servirá de mucho hoy y en el futuro. Tenemos el síndrome del grano de arena frente al desierto.

Por una vez, aquí, ahora, creamos en nosotros mismos, en nuestra capacidad de generar un cambio, de hacer las cosas bien, de plantarle cara a las injusticias de la vida cometidas por personas sin escrúpulos ni dignidad.

Ya es hora de que entiendas que tus manos, tu mente, tus palabras y tus acciones tienen repercusión y perdurarán como ecos en la eternidad.

Y si no lo crees, dedícale sólo 3 minutos de tu vida a leer lo que una sola persona, un buen día, dejó escrito en la historia.

«Vengo esta noche a esta magnífica casa de culto porque mi conciencia no me deja otra opción.
Una verdadera revolución de valores posará sus manos sobre este mundo y hablará acerca de la guerra:
«Esta forma de solucionar nuestras diferencias no es justa».
Este negocio de quemar seres humanos con Napalm,
de llenar los hogares de nuestra nación con huérfanos y viudas,
de inyectar drogas infectadas de odio en las venas de personas humanas normales, de enviar a hombres a sus casas después de haber vivido batallas oscuras y sangrientas, física y psicológicamente discapacitados,

¿no puede ser esto solucionado con Sabiduría, Justicia y Amor?.»

Martin Luther King – 4 de Abril de 1967.


La Realidad Aumentada

Una de las grandes desconocidas para muchos y que con la llegada masiva de los terminales de telefonía móvil de nueva generación es más que probable que sea protagonista en 2011 es la conocida como realidad aumentada.

Según nuestra querida Wikipedia, por Realidad Aumentada (RA) entendemos una visión directa o indirecta del mundo real cuyos elementos se combinan con elementos virtuales para la creación de una realidad mixta a tiempo real.

Es decir, que vemos superpuestos en una imagen real, elementos virtuales. Esto ha tenido últimamente mucha aplicación en generaciones de juegos en dispositivos móviles que incluían cámara integrada o incluso con la llegada de Playstation Move o Kinect. Sin embargo su aplicación más interesante tiene mucho que ver con el día a día y con las cosas más cotidianas que hacemos constantemente.

Para muestra un botón:

Como podéis ver, las posibilidades en dispositivos portátiles son extraordinarias y esto nos va a permitir situarnos con nuestro terminal en un punto y obtener información al instante de todo cuanto nos rodea.

Llegará el día en que llegaremos a esto:

El ‘gen’ del liderazgo.

Últimamente (y hablo de más de un año a esta parte) he estado ojeando bastantes documentos acerca de conceptos muy de moda dentro del mundo empresarial como el «coaching», el liderazgo o el ser emprendedor.

A eso hay que sumarle interminables debates con @bitelemental (web) sobre todo el tema de las start-ups y la dificultad de emprender en España y especialmente en Valencia.

Siempre he pensado que hay dos tipos de personas a nivel profesional: aquellas que son conformistas y las que no lo son. Ninguno de los dos tipos es mejor que el otro y ambos tienen sus ventajas y sus inconvenientes pero creo que a mi me ha tocado (por suerte o por desgracia) ser del segundo tipo.

Y todo esto viene a que creo ciegamente en la existencia de un ‘gen’ (y que me perdonen los genetistas) del liderazago. Algo que corre por tus venas, por tu propia esencia y que te empuja inexorablemente a querer crear, diseñar, desarrollar y en definitiva liderar proyectos que sumen, que solucionen, que amplíen perspectivas en este mundo. Pero es importante que a ese gen lo acompañen otros como los del esfuerzo, la motivación incansable y la paciencia infinita.

Ya hablaremos otro día de las circunstancias y los elementos que hay que añadir para que la mezcla funcione.

¿Y tú? ¿Tienes el ‘gen’?