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El arte de hacer las cosas despacio

De un tiempo a esta parte estoy intentando, que no significa que esté logrando siempre, aplicar una especie de principio: hacer las cosas despacio.

En un mundo en el que nos movemos frenéticamente con la multitarea como abanderada (por error) de la productividad personal, he descubierto en el placer de hacer las cosas con calma, con la medida paciencia que nos permita saborear el momento y disfrutar ya no sólo de los resultados sino del camino que lleva a ellos, una nueva forma de vida.

Imagina por un momento aquello que estás haciendo: estudiando, trabajando, incluso viendo la tele. Analiza (y se honesto) cuánta atención estás poniendo en la tarea que realizas, cuánto cuidado y dedicación le estás dando, y cuántas tareas más estás haciendo “simultáneamente”.

Y pongo esa palabra entre comillas porque tienes que asumir algo: no podemos mantener el foco en dos cosas a la vez. No digo los hombres, que os veo venir guapas, digo en general, el ser humano.

Nuestro cerebro puede hacer simultáneamente muchísimas cosas: respira, el corazón bombea, el estómago digiere, los sentidos envían la información exterior a nuestro cerebro, el cerebro procesa todo esto… Pero conscientemente sólo podemos poner atención a una.

El falso concepto de la multitarea

Así que cuando alguien te dice que le encanta la multitarea y que se siente super productivo cada vez que se sumerge en hacer 4 o 5 cosas a la vez, habrías de ser buena persona y enseñarle dos importantes lecciones: no hace ninguna de esas cosas a la vez y es altamente probable que el resultado de ellas sea mucho peor (en términos de eficiencia) que si las hiciera por separado, cuidadosamente y con mimo.

El cerebro requiere de un tiempo para enfocarse, como si de una lente de una cámara fotográfica se tratase. Cada vez que conmutamos de tarea obligamos al cerebro a realizar este enfoque con el consumo de tiempo y de recursos que esto conlleva.

Haz una cosa, hazla despacio, disfrútala.

Muchas veces me he visto en medio de la vorágine de la multitarea y en algunos casos he intentado encontrar el motivo. Además de la ya conocida percepción de que estamos haciendo más que si nos dedicásemos a una sola tarea, hay otro elemento importante: no disfrutamos de la tarea y por eso conmutamos constantemente, buscando en el resto de las tareas una forma de liberación del estrés que genera la tarea desagradable.

Tal vez la perspectiva con la que afrontamos las actividades sea la que no es correcta y un pequeño cambio en la óptica a la hora de ponernos manos a la obra pueda suponer un cambio sustancial.

Así que en esas ando: cada tarea que tengo que realizar comienza con un proceso de eliminación de cualquier tipo de distractor, una evaluación de aquellas cosas que me gustan de la tarea y de por qué voy a disfrutar haciéndola y, durante el tiempo que la estoy realizando, un estado de sensación de inmersión total en ella: somos la tarea y yo y el resto del mundo ha dejado de existir.

Ya digo que no siempre funciona, pero puedes probar con cosas tan simples como comer. Yo como a una velocidad que pone en entredicho la Teoría de la Relatividad de Einstein, pero estoy empezando a intentar saborear cada bocado, de verdad, intentando descubrir sabores, texturas…

En definitiva se trata sencillamente de sentir el momento presente como el que de verdad importa, aprender a disfrutarlo sin pensar en nada más y dejar el futuro para cuando llegue.

La imagen completa

Los seres humanos tienden a tener lo que se conoce como comportamiento negativista. Es decir, estamos diseñados para darle más importancia a los pensamientos, emociones o experiencias negativas que a las positivas. Esta tendencia puede ser debida a una estrategia evolutiva que buscaba un mecanismo de defensa y protección. Sea como fuere, la realidad es que si somos capaces de evaluar nuestras experiencias de una forma menos parcial, dar un paso hacia atrás para analizarlas, en especial las negativas, nos puede ayudar a entenderlas. Ver la imagen completa suele concebirse como una forma sabia de vivir.

Imagina por un momento que tienes la cara pegada a la pantalla de una televisión y que todo lo que puedes ver es un montón de colores mezclados. Es imposible que sigas ningún programa de televisión. De hecho, ni siquiera podrías decir qué se está emitiendo en esos momentos. Toda tu experiencia es simplemente un conjunto de colores cambiando. Pero en el momento que das un paso hacia atrás eres capaz de ver toda la pantalla  y puedes empezar a entender qué está sucediendo. Cuando estabas demasiado cerca podías llegar a pensar que la pantalla era la única cosa en la habitación. En el momento en el que das ese paso hacia atrás comienzas a darte cuenta de que existen otros elementos: muebles, otras personas, una ventana. Estás siendo capaz de ver la imagen completa.

De lo que se trata, en definitiva, es de permitir a tu cerebro analizar todo lo que te rodea, en especial aquello que pasa por tu cabeza, sin la necesidad de acercarte tanto a ello que termines cegándote, sin juzgarlo y siendo incapaz de entender lo que te sucede.

Introducción a la meditación Zen

Muchos de los que me conocéis sabréis que tengo una especial predilección por la cultura oriental y, en especial, por la parte espiritual de ésta.

Por ello me propongo realizar una serie de artículos explicando, desde mi humilde desconocimiento, los fundamentos de la cultura Zen.

Pretendo ser conciso y simple, sin añadidos excesivos, sin maquillajes, sin ambigüedades que puedan llevar a equívocos. La cultura Zen y la meditación no son la piedra filosofal que buscaban los alquimistas, no se trata de una especie de hechizo por el que, al realizarlo, nos convertimos en mejores personas o alcanzamos el éxito. No hay magia. La meditación Zen es una estilo de vida, una perspectiva tan válida como otras muchas, que sin embargo se ha comprobado científicamente que proporciona un sinfín de beneficios al que la practica.

¿Qué es el Zen?

La palabra zen es la pronunciación en japonés de la palabra china chan (禪), que a su vez deriva de la palabra sánscrita dhiana, que significa ‘meditación’. [fuente: Wikipedia]

Actualmente se denomina Zen a una amplia rama de escuelas de budismo y se considera que se originó en China allá por el siglo VII.

Lo que es importante, más allá de dónde y cuándo nació, es qué es en realidad el Zen. Zen, como acabo de decir, es una religión, la budista exactamente, pero el budismo difiere y mucho de las religiones monoteistas de Occidente que conocemos: el cristianismo, el judaísmo o el islam.

Para empezar el budismo es una religión no teísta, es decir, no hay un Dios como en las religiones occidentales.

El budismo es una filosofía de vida y el Zen, como parte de ésta, lo es también.

Se trata de una visión empírica de todo lo que nos rodea, basada en la experiencia vital y alejada del racionalismo con el que se han desarrollado las culturas occidentales. Una vertiente más espiritual y menos material del ser humano.

Una cultura de la sencillez, de búsqueda de la simpleza en los actos. Reducir al mínimo todo aquello que nos rodea hasta que nos convirtamos en una nota más tocando al unísono en la sinfonía universal.

Así, con el Zen o la meditación, se aspira a ir conociéndose a uno mismo para estar en armonía con el universo. Se puede practicar en cualquier sitio y sólo requiere de la tranquilidad y la quietud necesarias para estar con uno mismo en paz.

La meditación consiste, fundamentalmente, en dejar fluir la mente, sin pensar en nada, dejando que los pensamientos lleguen, se posen en tu cabeza y partan de ella convenientemente, manteniendo siempre un actitud abierta.

Aquel que sigue la vía del Zen tratará de

Propósitos para 2013

blog_propositos2012

Y ya volvemos a estar aquí, un año después, revisando un poco cómo ha terminado este 2012 y planificando lo que queremos que sea el 2013.

Analizando la lista de propósitos de este 2012 podríamos decir que, en líneas generales, el resultado es positivo.

Aunque sigo sin ser del todo puntual, he mantenido un ritmo más o menos continuo de ejercicio, he conseguido superar las 20 libros leídos este año, ya soy todo un señor CCNP, he estado hace relativamente poco visitando la Toscana, y bueno, creo que mi inglés ha mejorado con respecto al año pasado.

En la parte del debe están los proyectos por terminar, que han crecido durante este 2012 y que deben tener una continuidad en 2013 y, sobretodo, esa sensación de tomarme la vida en momentos críticos con mucha más filosofía de lo que me la he tomado este año.

Así que aquí van los nuevos propósitos para este año 2013:

1. Disfrutar de la vida. Es el primero porque es el más importante. Este 2012 ha tenido momentos geniales y momentos bastante complicados que me han llevado a la conclusión de que estamos en este mundo para disfrutar de cada uno de los momentos que nos brinda la vida rodeados de la gente que queremos.

2. Crecer cultural y profesionalmente. Uno de los leitmotivs de la vida es, sin lugar a dudas, la percepción de crecimiento personal. Y esto en gran medida se consigue mejorando tus capacidades y tus aspiraciones. Este año que empieza va a ser importante en esto y por ello quiero formarme incansablemente desde el día 1.

3. Mens sana in corpore sano. Quiero tener un equilibrio mental/físico que me lleve a cumplir el primer objetivo con garantías. Por eso quiero imponerme una disciplina deportiva mayor de la que ya tengo y seguir a rajatabla el ruego:

«Señor dame fuerza para cambiar aquello que pueda cambiar, la serenidad necesaria para aceptar aquello que no y sabiduría para comprender la diferencia».

4. Leer 50 libros.

5. Tocar 12 piezas de piano. (1 al mes).

6. Visitar un nuevo país.

7. Certificarme. Conseguir el pleno de CCNAs y quizá el CCDP, amén de otras certificaciones: inglés, Juniper, VMWare, Microsoft…

8. Concentrarme para llevar el blog/redes sociales/proyectos personales al día.

9. Concluir con éxito uno o varios proyectos profesionales.

10. Ser capaz de hacerlo todo y sentirme bien con cada cosa que hago. En definitiva: ser feliz.

Sí, entiendo lo que estaréis pensando, pero en lugar de creer que he apuntado demasiado alto, tengo la sensación de que este 2013 debe ser un año en el que ser ambicioso. En el que marcarse objetivos que verdaderamente supongan un desafío, con la esperanza de acabar habiéndolo, al menos, intentado con todas las fuerzas.

 

Susto

Todo sucede rápido, tan sumamente rápido que el cerebro tiene poca capacidad de reacción.

Y aún así reacciona. Trata de usar todos sus conocimientos y su inconsciente mecanismo de supervivencia para protegerte, para sacarte de esa situación.

Ocurre en décimas de segundo. Pero existe una de esas décimas en las que el cerebro saca una terrible conclusión: no va a ser capaz de hacer más.

Y así deja de analizar posibilidades y se prepara para reducir al máximo el daño.

Los seres humanos somos así en todos los aspectos de la vida. Cuando vemos que la situación nos supera, cuando entendemos que no está en nuestra mano el poder hacer nada más, surge en nosotros el mecanismo innato que trata de reducir al máximo el impacto de aquello que nos pueda herir.

Felizmente, en este caso, todo quedó en un bendito susto.

¿Nacemos optimistas?

Interesante charla de la investigadora Tari Sharot acerca del comportamiento optimista innato del ser humano.

Parece ser que todos los seres humanos tenemos la tendencia a pensar de forma optimista sobre nuestro futuro. Este pensamiento, siempre que sea equilibrado y realista, es el que nos impulsa a conseguir metas y alcanzar objetivos.

Os dejo algunas de las frases interesantes de su charla:

«Sea lo que sea lo que suceda, tanto si tienes éxito como si fracasas, la gente con altas espectativas siempre se siente mejor, porque cómo se sienten, cuando son despedidos o son elegidos el empleado del mes, depende en cómo interpretan ese evento»

«Independientemente del resultado, el acto puro de anticipación nos hace felices»

«Los optimistas son aquellos que esperan más besos en su futuro, más paseos en el parque. Y esta anticipación mejora su bienestar»

Applying Kaizen to my life

A few days ago I talked about Kaizen as a system to implement an improvement process in our ordinary life.

I want you to be partakers of the process of implementation.

Final goal is to gather information and experiences about the process and how difficult it could be.

So, from now on, I’m going to try to implement Kaizen in my life. Step by step. Only one step at time. And I’m telling you how is it working (or not) and whatever I think about it.

Trabajo duro

«There’s no one who is great at his profession who hasn’t been doing it for at least 6 years — no designer, no programmer, no carpenter, no architect, no surgeon, no teacher, no musician, no artist … you get the point. I dare you to name one. Most have been doing it for over a decade, and are still looking to improve.»

– Zen Habits