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Reseña: La Luna es una cruel amante (Robert A. Heinlein)

A los libros de ciencia ficción siempre les he pedido que me propongan un futuro relativamente creíble pero que, además, hagan volar mi imaginación hacia caminos que no hubiera transitado con anterioridad.

Una historia común, en un futuro próximo.

Robert A. Heinlein decide tomar la dirección opuesta y plantear como futuro algo que ha sucedido innumerables veces en la historia de la humanidad: descubrimos un trozo tierra, nos creemos que nos pertenece, lo explotamos y al final la gente que vive allí decide que ya está bien de tanta broma y trata de independizarse.

Imaginemos por un momento que lo de viajar a la Luna se simplifica. Pongamos que hacemos un “Australia” con ella y enviamos a todos los presos con condenas a largas a pasar allí el resto de sus vidas. Una suerte de pena de muerte selenita.

Y, lo más interesante de todo, supongamos que esa gente desarrolla una sociedad con unas normas adecuadas a las características de nuestro satélite, lo cual conforma una cultura y una tradición propias y ajenas al resto de la Tierra.

Ya tenemos todo lo que necesitamos en la coctelera ideológica para plantear una situación política análoga a las muchas a las que se enfrentaron los europeos que se consideraron dueños del mundo por un tiempo.

El carisma de los personajes y la confusión del lector.

Si a Heinlein hay que reconocerle algo, más allá de que es un narrador excelente, es su capacidad para maniobrar con la historia hasta tal punto que uno se siente verdaderamente un extranjero en medio de una sociedad que le es totalmente desconocida. Al más puro estilo del misionero que llega a las tierras por evangelizar, el autor nos relata a través de los protagonistas cómo se estructura la vida de una población que debe enfrentarse a situaciones producidas por sus especiales características físicas y sociológicas: hay muchas menos mujeres que hombres y la gravedad es mucho menor a la de la Tierra.

Una sociedad puramente matriarcal, polígama hasta límites que tambalearían hasta al más liberal, sometida al yugo de una Autoridad que rige la explotación de sus recursos.

Sus protagonistas, en especial Mannie, se construyen sobre el doble juego de la cercanía del lenguaje y la incomprensión de su cultura. Es su carisma, su forma de pensar, la que hace al lector sumirse de lleno en su discurso. Y comprarlo ciegamente.

El elemento disruptor

En medio de esta marejada de pensamientos, aparece Mike, el cognum puro. Una especie de super computador, muy al estilo de Jane en la Saga de Ender, que concibe la existencia de la humanidad como un enorme juego en el que divertirse.

Su participación en el devenir de los acontecimientos resulta tan crucial como interesante desde el punto de vista ideológico: uno se pregunta hasta qué punto situaciones que se dan en la novela no se están produciendo ya en la actualidad.

Una historia conocida y un final que invita a reflexionar

Lo que sucede a lo largo de la novela tiene muchas similitudes con muchos capítulos históricos conocidos. El desenlace, como no puede ser de otra forma, también. Pero es la contextualización de la historia la que obliga al lector a realizar un ejercicio de reflexión. A hacerse preguntas para las que ya consideraba tener una respuesta clara.

Resulta que no.

Que quizá sí que estemos condenados a repetir nuestra historia.

Una y otra vez.

Nota: 8/10

Crítica: Green book (2019)

Decía San Agustín de Hipona que “el buen hombre es libre, incluso si es un esclavo mientras que el hombre malvado es un esclavo, incluso si es un rey”.

Toda nuestra historia está plagada de ejemplos donde poder y moral transitan caminos opuestos, donde los desequilibrios que impone una sociedad injusta lastran las vidas de quienes padecen esas injusticias.

Cuando, con el devenir de los años, miramos hacia atrás con la óptica condescendiente de quien se cree que el progreso se da también en los valores humanos, nos llevamos las manos a la cabeza al observar las tropelías que cometimos con nuestros iguales. Y, en un ejercicio de hipocresía máxima, se nos olvida analizar las que hoy en día seguimos cometiendo.

Las justificamos con las excusas más peregrinas porque necesitamos indudablemente sentirnos cómodos en este equilibrio de realidad y engaño.

Green book (2019) es, paradójicamente, una oda a muchas de las virtudes del ser humano y, a la vez, una bofetada a nuestra supuesta superioridad moral.

Dirigida por Peter Farrelly, la película nos relata cómo se fraguó la relación de amistad entre Tony Lip, un matón italoamericano y Don Shirley, un grandísimo pianista negro, en plena década de los 60. Farrelly esboza la realidad del sur norteamericano de aquella época donde ser de raza negra equivalía a ser poco más que un animal, y nos pone en la piel de aquellos que, a pesar de sufrir la marginación y el desprecio de la sociedad, nunca perdieron su dignidad.

La química surge de forma innegable entre Viggo Mortensen, que interpreta de forma magistral al malhablado Lip, y el delicado y sutil Mahershala Ali, que da vida al virtuoso pianista. Una química que conecta directamente con las emociones del espectador, que le permite identificarse con ellos y que, al final, le obliga a hacer un ejercicio de reflexión.

Durante el viaje que realizan por todo el sur de aquellos no tan lejanos Estados Unidos, la relación entre ambos personajes crece al mismo tiempo que el choque cultural se hace patente y el blanco comienza a entender qué significa ser negro en una sociedad racista.

La película adolece de cierta tendencia al buenismo y a la dicotomía moral: los malos son muy malos, los buenos, aunque a veces no lo sepan, son muy buenos. La sociedad nunca fue así. Hay que aceptar esa licencia (entendamos que uno de los productores es el hijo del verdadero Tony Lip) si, a cambio, verla implica pensar que el racismo y la xenofobia nunca se fueron de nuestra sociedad.

Y es que, pese a estar ambientada hace 50 años, Green Book nos retrata actitudes, situaciones e incluso expresiones tristemente actuales.

No está de más caer en la cuenta de que si nos escandaliza que existiera un libro para poder viajar siendo negro por el sur de los democráticos y libres Estados Unidos de América, quizá sería buena idea dejar de alentar a quienes repiten esos mensajes de odio y desprecio a lo diferente escondidos tras los colores de una bandera.

Las ilusiones no las compra el dinero ni las mata el miedo.

No soy muy dado a utilizar este espacio para hablar de política, y eso que siempre me he considerado una persona muy activa.

Un día después de las segundas Elecciones Generales en menos de un año, los resultados no pueden ser más contundentes: España ha votado permanecer estancada, escondida tras sus miedos, atrincherada tras las zanjas de las dos Españas luchando contra ese enemigo común inventado.

No son molinos, amigo Sancho, que son gigantes.

He de reconocer que llegaba a estas elecciones con más ilusión que nunca. Después de tantos años parecía que existía una mínima oportunidad de reconstruir, esta vez de verdad, este país desde los cimientos.

Porque en verdad amo esta tierra nuestra. Amo su diversidad, sus contrastes, su colores. Amo a sus gentes, a su forma de entender la vida, a su capacidad de reponerse y de construir un futuro mejor.

Se que, como país, juntos, somos capaces de de llegar mucho más lejos de lo que jamás habíamos imaginado.

Pero todavía nos atan las cadenas de un pasado tal vez demasiado reciente en el que nos matamos entre hermanos. Tal vez todavía no hemos madurado lo suficiente como sociedad como para convertirnos en ciudadanos de pleno derecho y seguimos jugando a ser mayores sólo de vez en cuando.

Por momentos anestesiados por los medios de comunicación que, fieles a las manos que los alimentan, se dedican a mover los hilos de las marionetas en las que muchos han terminado por convertirse.

Lo cierto es que hoy son muchos los sueños de una España distinta que se han visto truncados.

Las ilusiones de muchos jóvenes que habían depositado en este 26-J sus esperanzas por un futuro, cuanto poco, distinto. Alejado de sobres llenos de billetes de 500 euros y servicios sociales en bancarrota. Deseando olvidar etapas negras donde gente sin alma se apropió de lo ajeno y quiso hacer de nuestra sociedad su cortijo.

Un futuro donde ser joven significase tener por delante un camino lleno de oportunidades y no de barreras. Donde ser mayor fuera sinónimo de valorar su experiencia y no de prejubilaciones y paro asegurado.

Yo creía en ese futuro.

Creía y creo.

Sigo creyendo en una educación pública que nos ponga a la cabeza de Europa porque tenemos a los mejores maestros y profesores, sólo tenemos que saber usarlos. Darles los medios y la libertad.

Sigo creyendo en una sanidad que ha sido la envidia de todos y que tiene entre sus filas a los mejores profesionales del mundo. Que trate a todos por igual. Que la salud no se convierta en un bien más con el que traficar.

Sigo creyendo en la capacidad de emprendimiento de miles de jóvenes con ideas geniales que pueden cambiar la forma de concebir nuestra realidad. Que nos aleje de la mediocridad del empresaurio español, del «señorito», del «terrateniente» heredado de tiempos que huelen a rancio. Que suenen ya a pasado y nos lancemos a conquistar el mundo.

Y no me voy a conformar con menos.

Seguiré luchando por esos sueños, por esas ilusiones, porque no las comprarán con sobres llenos de sucio dinero.

Porque no las matarán con miedos a pasados ya superados.

Siguen sin entender nada

Ayer tuve una pequeña discusión en Twitter a raíz del siguiente tweet:

— Jaume Borràs (@ignorantignorat) July 24, 2013

Vaya por delante mi más sentido pésame a todas las familias que han perdido a alguien en ese trágico accidente de tren y el máximo apoyo para todos los que están pasando por momentos tan difíciles hoy. Yo también me siento gallego hoy.

Pero volviendo al tweet inicial, intenté, en el corto espacio que nos permite Twitter, hacerle ver a este caballero lo inapropiado de introducir la política en situaciones como esta. No quiso entenderme. En lugar de eso, trató de reafirmar el contenido abogando por el hecho de que se consideraba, sobretodo, ser humano, por encima de situaciones políticas.

Sigue sin entender el sin sentido del mensaje y lo en evidencia que deja a las personas que piensan como él actitudes como esa. Si yo hubiera publicado algo como «Conquense, ingeniero y ara mismo gallego» muchos se habrían preguntado el por qué de esa incongruencia. No necesito reafirmar lo que soy constantemente porque ya lo sé. Quiza el Sr. Borrás no y por eso necesite constantemente repetir lo independentista que es, lo catalán de pura cepa que se siente. Es lo que tienen los extremos, que ciegan nuestro entendimiento hasta llegar a obligarnos a poner por delante la ideología a todo lo demás.

Nadie, Sr. Borrás, pone en duda su catalanidad, nadie salvo usted mismo, parece. Y en ese afán de demostrar al mundo que, ante todo, usted se siente catalán, es cuando deja en evidencia su extremismo irracional. La necesidad imperiosa de pintarlo todo con el color de la cuatribarrada, como si eso fuera necesario para ver cumplidos sus anhelos separatistas. Yo me siento gallego porque son mis hermanos. Pero también me siento valenciano aún sin haber nacido aquí, y conquense de cuna, y catalán, y español, y europeo y ciudadano del mundo.

A mi me gusta sumar, sentirme que formo parte de un barco y remar, pese a las circunstancias adversas, en una misma dirección para beneficio de todos. Así que si usted me pide que me fije en el contenido yo lo hago, y lo que veo es a alguien queriendo decirle al mundo en cualquier momento y ante cualquier situación que no le gusta sumar y que prefiere restar. Que se siente hermanado a alguien de Languedoc pero no quiere saber nada de alguien de Teruel. Que los aborrece. Usted se siente diferente, como de otro mundo sin ser mundo, de otro país sin ser país, y en ese mensaje, con tan sólo 6 palabras es capaz de evidenciar ese sentimiento. ¿Lo ve ahora? ¿O sigue sin entender nada?

Dejemos la ceguera

IF

Mourinho es un impresentable.

Muchos conocéis mi afición por el fútbol y, en especial, por el Real Madrid. Sin embargo, mi raciocinio está todavía por encima de mi cariño por el color merengue.

Luego puedo tratar de explicar que lo hace por concentrar el foco mediático en él y no en sus jugadores, por restar presión, que es un gran entrenador a pesar de eso, los títulos le avalan y un sinfín de argumentos que todos nos sabemos ya. Pero pese a todo esto, Mourinho sigue siendo un impresentable.

Si tu filiación hacia un equipo de fútbol te impide ver algo obvio tienes un serio problema. Porque por encima de todo está la cordura y la razón.

Mucho más peligroso se convierte todo esto cuando cambiamos el entorno y nos rodeamos de idearios políticos.

Leo con profundo estupor día tras día a personas defendiendo ciegamente a los integrantes del Madrid – Barça en el que se ha convertido lamentablemente nuestro sistema político. Les dan igual los sobres de Bárcenas, la Gürtel en Valencia, los EREs de Andalucia, porque siempre tienen a mano los suficientes argumentos: tú lo hiciste peor, la culpa es tuya, con qué cara vienes a reprocharme algo cuando tú…

Si analizamos detenidamente cada uno de esos «argumentos» ninguno sostiene una defensa sobre aquello sobre lo que se exigen cuentas. El hecho no cambia.

Pero lo que es todavía más preocupante es ver a los jóvenes que deberían estar planteando el cambio, sumarse al discurso oficial que sólo busca mantener ese bipartidismo endémico que nos está llevando hacia el desastre.

Nosotros, los jóvenes, somos la llave del cambio, el paso hacia adelante en pos de la aventura de lo desconocido sin el miedo que asola a los que se apoltronan en su sillón de cuero. Somos la voz que debe denunciar la ignominia, la hipocresía, que debe luchar por la justicia y por la verdad. Si precisamente nosotros preferimos la ceguera a la razón, el amor irracional a unos colores antes que asumir la realidad y tratar de resolverla, entonces poca esperanza en el futuro nos queda.

Una propuesta

 

Ayer, 14 de Noviembre, fue convocada una Huelga General con el objetivo de mostrar el descontento popular con las medidas adoptadas por el gobierno en los últimos tiempos.

Obviando un poco los colores y la ideología detrás de este tipo de convocatoria, siempre he pensado que en esta vida la opinión respecto a algo conlleva, como tal, una crítica. Y esta crítica puede ser de dos tipos: constructiva o destructiva.

Puedes opinar sobre la forma de vestir de alguien diciendo «yo no sé cómo puedes salir así a la calle» o bien «no me gusta como vas, ¿no crees que igual si combinas ese jersey con estos pantalones irías mejor?». La diferencia como se observa a simple vista es notoria y creo que todos estaremos de acuerdo en que la segunda forma es mucho más positiva que la primera.

Es por ello que si aplicamos la misma idea al terreno de la política, deberíamos intentar evitar comentarios como «La culpa es de XXX que es un inútil» o «Es que tal partido político es …» y plantear alternativas reales y, sobretodo, realistas, ante la dificlísima situación económica a la que nos estamos enfrentando.

Aquí va, desde esta humilde ventana a la red, una de las mías.

No soy licenciado en economía y mis conocimientos económicos están excesivamente ligados a las matemáticas y las ciencias puras como para poder alcanzar a entender los entresijos que mueven el mundo económico actual. Pero como en toda ciencia, y al fin y al cabo la Economía lo es, existen una serie de principios fundamentales sobre los que luego asentar todas las teorías. Y así como la velocidad de la luz es una variable fija e inamovible en toda la Física, considero que para que haya desarrollo y crecimiento deben coexistir dos elementos en nuestra sociedad:

– Producción y consumo.

Producción

Sólo produciendo algo que merezca la pena ser comprado podremos integrarnos en un mercado tan sumamente globalizado como el actual, por eso, parte de mi propuesta viene a decir que o se invierte en I+D+i o estamos bien jodidos fastidiados. No podemos competir, ni en sueños (y dudo que queramos) con mercados como el chino o el de otros países donde los costes de personal rozan la esclavitud y, por ende, disponen de unos precios imbatibles.

¿Alternativa? Produzcamos algo de calidad, que merezca el precio que le ponemos, que se convierta en referente de mercado. Convirtámonos en pioneros. Tenemos a nuestra disposición de una cantidad impensable hace unos años de personal altamente formado y cualificado, preparado para investigar y dar a luz proyectos que coloquen a España a la cabeza de la innovación.

Permitamos que los miles de jóvenes con ideas frescas y con ganas de cambiar el mundo tengan la posibilidad de crear un negocio sin las trabas actuales ni la necesidad de un desembolso económico inicial que tanto les limita actualmente.

En EE.UU. siguen la norma de fracasa mucho, fracasa rápido. Aquí no puedes fracasar más de una vez porque ya estás arruinado. Entendamos que emprender es una carrera en la que el resultado final es el benificio para la sociedad. Permitamos alcanzar ese beneficio. Dejemos que las ideas tengan hueco y espacio para crecer.

Consumo

Reitero que mis conocimientos sobre economía son muy limitados, pero aumentando los impuestos, tanto directos como indirectos, no creo que se favorezca excesivamente al consumo. En una situación como la actual, quizá sea factible plantearse renegociar la deuda que nos oprime (bajo la amenaza de hacerla odiosa si hace falta) bajo el estricto cumplimento de unas reglas de juego que impidan, por ejemplo, que una gran parte del dinero recaudado se destine a pagar desfalcos políticos o bancarios y dejar que la justicia actúe con todo su peso sobre aquellos que realmente están ensuciando la imagen de nuestro país: sus políticos y sus gestores económicos.

Es inconcebible que una persona que gestiona su negocio para sobrevivir (o malvivir según se mire) esté arriesgando su patrimonio y, en algunos casos, hasta su libertad mientras que aquel que gestiona el dinero de los españoles pueda no sólo salir indemne de una gestión nefasta sino además indemnizado. Si un político o un banquero lo hace mal, que lo pague.

Pero volvamos al tema del consumo, rebajando la carga impositiva tendríamos posiblemente una reactivación de ese consumo que, al fin y al cabo, es la gasolina que mueve cualquier economía.

Menos impuestos, más facilidades para crear empresas, renegociar la deuda y llevar al extremo el control presupuestario de políticos, banqueros. Inspecciones reales de la función pública . Eliminación de cargos de confianza. Penas de cárcel para aquellos que comentan fraude en cantidades importantes de dinero. Penas de cárcel para aquellos que cometan fraude con dinero público.

Todo son propuestas que, desde mi punto de vista, supondrían una alternativa a lo que se viene haciendo y que, demostrado queda, no está sirviendo sino para hundirnos más en la miseria que nos ha traído esta condenada crisis.

Y no son mías. Las escuchas en la calle, en cualquier barra de bar, en una charla distendida con amigos entre tazas de café. Y no somos economistas. No somos políticos.

Quizá esa sea la diferencia.

#nolesvotes: por un voto responsable

1.- OBJETIVO DE #NOLESVOTES. Las personas que apoyamos a la iniciativa #nolesvotes desde sus inicios, a la vista de la catarata de tergiversaciones vertidas por políticos y medios de comunicación, queremos recordar y subrayar que la iniciativa en ningún modo promueve la abstención, y que surgió para hacer una llamada al ejercicio del voto responsable el próximo 22-M. La iniciativa pide específicamente que no se vote a los partidos que responden a intereses distintos a los de la ciudadanía: PP, PSOE y CiU, pero recomienda que en su lugar se examinen otras opciones. La iniciativa no pide el voto para ninguna opción concreta: el voto es responsabilidad de cada ciudadano.


2.- HAZ DE TU PÁGINA UN CARTEL ELECTORAL.
Las calles están llenas de carteles electorales, pero muchas personas no se ven representadas en ellos: la intermediación hizo que la política sea cada vez más lejana al ciudadano. Para subsanar tal déficit democrático, proponemos que todo ciudadano que así lo desee pueda convertir su blog, su web, su muro o su twitter en un «cartel electoral» del movimiento. Si quieres respaldar esta iniciativa, convierte tu sitio en Internet en un cartel electoral antes de las 24 horas del próximo día 20 de mayo, con el logotipo de #nolesvotes o de las plataformas con las que simpatices, y el texto “ni PP, ni PSOE, ni CiU”.


3.- COLABORACIÓN DISTRIBUIDA.
Te invitamos a copiar este texto y construir páginas de enlaces que referencien todos los sitios que dan apoyo a la iniciativa. De igual modo, invitamos a los demás colectivos que comparten nuestra propuesta a que lleven a cabo acciones similares. La fuerza de la red reside en la distribución y colaboración entre sus nodos.

4.- TÚ ERES EL ALTAVOZ. Tan importante es la red como la calle: no te limites a actuar en internet. Levántate y explícaselo a todos tus conocidos, especialmente a aquellos más vulnerables a la propaganda en los medios de comunicación masivos.

5.- ACCIÓN. No te quedes en casa el domingo 22. Sal a la calle y ejerce tu derecho al voto. No votes a quienes, actuando abiertamente en contra de la voluntad e intereses de los ciudadanos, han convertido la democracia en una burla de sí misma. Por la participación democrática activa: ni PP, ni PSOE, ni CiU.

#nolesvotes

Más información

Manifiesto de #Nolesvotes | http://www.nolesvotes.com/
Wiki colaborativo #nolesvotes | http://wiki.nolesvotes.org/wiki/Portada
Twitter #nolesvotes | http://twitter.com/#!/search/nolesvotes
Facebook #nolesvotes | http://goo.gl/4Nmj1
Material gráfico #nolesvotes | http://goo.gl/dbGAb

La realidad es que somos personas

Me gustaría explicaros dos escenas que se han dado esta mañana y que pese a que son dos cosas que nada tienen que ver, me han hecho reflexionar sobre la perspectiva con la que muchas veces miramos las cosas:

Escena 1: En la cola de una pollería de un pueblo cualquiera de este país, una mujer dialoga con la dependienta y se queja de la actual situación: «es que no hay trabajo», «vas al Paro y sólo vas para hablar con la gente», «las empresas ya no quieren más Currículums Vitae». Su pareja asiente con la cabeza, «lleva desde Verano sin trabajar y es angustiante… todo el día sin hacer nada«, «eso quema mucho sabes?». En ningún momento, en esa conversación, se habla de que en este «tiempo sin hacer nada» se dediquen esfuerzos a mejorar la formación: cursos, estudios de mayor nivel… simplemente se «espera a ver si hay suerte». La conversación termina con un «bueno, ya te contaré, por de pronto esta noche nos vamos de fiesta».

Escena 2: De vuelta de recoger el pan, me cruzo con un padre y una niña de unos 4 o 5 años. Ambos son árabes (no musulmanes porque no tengo ni idea, ni me interesa, la religión que profesan). Él le está explicando con el cariño de un padre cómo se cuenta en castellano (sí, en castellano, no en un idioma islamista) del 1 al 6. La escena destila candidez por todos los poros. Ambos, por si importase después de todo, visten de forma completamente occidental: nada de burkas, ni de sábanas.

No voy a opinar más, simplemente dejo estas dos escenas para que, quien quiera, reflexione un poco sobre esta maldita crisis, sobre la xenofobia y el racismo que se está generando de forma indiscriminada y, sobretodo, para que se intente ver quiénes son los culpables de todo esto. Parafraseando a aquél que tuvimos por presidente del gobierno «creo que los culpables no se encuentran en desiertos muy remotos, ni en montañas muy lejanas».

Enlaces interesantes (I)

En los próximos días, y en la medida de que el tiempo que tengo me lo permita, os iré recomendando algunas lecturas que desde mi punto de vista son interesantes:

  • Un algoritmo español triunfa en USA [ciencia]: Por lo visto los españoles no somos tan tontos y quizás si en vez de recortar el presupuesto en I+D se potenciase, podríamos tener algo que decir. Vía|Menéame.net
  • Diálogos para besugos. [política]. Se ve que no sólo ha venido de suecia Ibrahimovic. Nuestro «president» también sabe muy bien lo que significa «hacerse el sueco».  Vía|Escolar.net
  • Las mejores fuentes gratuitas. [diseño]. Cualquier diseñador que se precie necesitará de una buena gama de fuentes (tipos de letra) para adornar sus diseños. Vía|Intenta
  • Llega HSPA+ a Telefónica Movistar y a Vodafone. [teleco]. Al parecer ambas operadoras, en un movimiento estratégico curiosamente simultáneo han actualizado su oferta de acceso a internet ) móvil a la tecnología HSPA+. Vía|BandaAncha&Xakata

La dipu te «tima»

Hoy han salido en mi pueblo los resultados de las becas que ha puesto en funcionamiento la Diputación valenciana para «promover» el empleo entre los jóvenes de la comunidad.

Vamos a dejar a un lado los posibles «chanchullos» que cada ayuntamiento haya podido tener en cuenta a la hora de otorgar dichas becas a una u otra persona y voy a hacer una reflexión de otro tipo.

Cuando uno lee las bases [enlace a las bases (PDF)] se percata de un hecho cuanto menos curioso que ha llamado poderosamente mi atención.

En el apartado de méritos las puntuaciones se otorgan en función de:

– Nota media (hasta 2 puntos)
– Curso en el que se encuentra (hasta 1 punto)
– Adecuación al objeto de las diferentes becas (hasta 5 puntos)
– Cursos específicos (hasta 2 puntos)
– Discapacidad (hasta 2 puntos)

Si analizamos que dentro de esta convocotaria pueden acceder todos aquellos que estén actualmente cursando una diplomatura, una licenciatura o un ciclo de formación profesional (independientemente del grado) nos encontramos ante una situación de clara y humillante desventaja para los estudiantes de carreras universitarias.

Trataré de explicarme.

Sin la intención de menospreciar en absoluto lo que un grado de formación profesional puede aportar, es evidente que la dificultad que entraña la consecución de una diplomatura o una licenciatura es bastante mayor. Esto se ve reflejado incluso en las pruebas de acceso a la universidad (PAU) en las que, en la mayoría de carreras, se requiere una nota mucho más elevada si se proviene de ciclos formativos que si se accede por selectividad.

Así que nos encontramos en la situación de que las personas que estén cursando algún ciclo dispondrán, en su mayoría, de una nota media superior a los que estén cursando una carrera universitaria (2 puntos del ala).

El siguiente punto es también otro regalo. Una diplomatura nos cuesta, al menos (y en el mejor de los casos) 3 años como mínimo. Para qué hablar, pues, de los 5 ó 6 años que se tarda en realizar una licenciatura. En cambio, los módulos (medio o superior) se colocan en 2 años, luego la probabilidad de estar «en el último año del módulo» está a años luz de estar en el último de una carrera universitaria.

Y ya por último. La madre del cordero. «Adecuación al objeto de las diferentes becas». ¡¡ Ahí es nada !!. Si a cualquier persona de a pie le preguntan qué persona dispone de una «adecuación» a un trabajo práctico mayor y debe elegir entre una persona que se ha pasado 5 o 6 años metido en una biblioteca estudiando conceptos frente a una persona que se ha pasado tres cuartas partes de su formación haciendo prácticas en una empresa la respuesta no alberga duda alguna.

Todo esto, como no podía ser de otra forma, se ha visto reflejado en los resultados, teniendo éstos un índice de personas que están cursando un módulo muchísimo mayor que los que están cursando estudios superiores.

En conclusión: estas becas que ha puesto en marcha la señora Diputación valenciana son, en pocas palabras, un tremendo insulto a todos aquellos estudiantes de carreras universitarias que han visto  ya no equiparados sus estudios a los de un ciclo, si no puestos por debajo de los mismos. Esta es, por tanto, la forma que tiene la Diputación de promover el empleo entre los jóvenes y de dar opciones de futuro a universitarios que están finalizando sus carreras.

Gracias Milano bonito.

Aclaración: Me gustaría dejar claro que yo no he solicitado en ningún momento ninguna de las becas de la Diputación.