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Amar decididamente

Una de las consecuencias de hacerse mayor es que la mitad de las cosas que creías verdades absolutas hace 10 años ahora no te las crees ni aunque te paguen por ello.

De entre esas medias verdades destaca una que es para mí de un divertido sangrante: esa imagen idílica del amor perfecto y para siempre. Condenados como andamos con las redes sociales y la cultura de lo inmaculado, nos movemos por las movedizas arenas de una vida donde los errores emocionales suelen terminar pagándose tarde y a un precio elevado.

El amor ni es perfecto, ni, estadísticamente hablando, es para siempre. Pero pese a todo, como buenos seres humanos que somos, nos empeñamos hasta el hastío por convertirnos en salmones del cauce de un río que lleva millones de años transcurriendo igual.

Que no sea perfecto lo asumimos tarde o temprano. Bien porque de tanto besar la lona reconocemos que compramos la moto que nos vendían, admitimos que las medias naranjas solo sirven para hacer zumo y entonces comenzamos la aventura de aceptarnos a nosotros mismos primero y a nuestra compañía después. O bien porque nos convertimos en expertos en maquillaje y retoque y nos vale con vivir engañados lo que nos resta de vida.

Lo de que no sea para siempre ya nos molesta un poco más. Acostumbrados como estamos a amores de dos horas con final feliz, construimos en nuestro imaginario un proyecto vital que, entre otros aspectos, incluye a nuestra pareja ideal como epílogo de nuestra vida. Como si al encontrarla estuviésemos escribiendo ya las últimas palabras de nuestra historia. Una especie de cima coronada. De objetivo fundamental cumplido. Y claro, pasa que describimos con mimo y todo lujo de detalles la cita perfecta, la noche de pasión soñada, el viaje a Japón y la boda en Las Vegas. Si me apuras, hasta nos aventuramos a imaginarnos el día que nos enseña entre lágrimas el predictor y nuestra vida cobra el sentido que parece que no tenía hasta entonces.

Y, de repente, sucede que hay una nueva mañana. Te despiertas y te encuentras con un nuevo capítulo que escribir en esa novela que creías terminada. Descubres que la imagen del amor estático y para siempre es uno de esos anuncios de teletienda.

El amor es, en realidad, un ejercicio de decisión. Todos los días, sin excepciones, decides compartir tu mundo y todo lo que eso conlleva, con la persona que se despierta a tu lado.

Si piensas que no lo estás haciendo es porque ese ejercicio se lo estás cediendo a algo o alguien: a las circunstancias, a la inercia, a tu pareja, al tarot o a tu santísima madre que no puede verte soltero y acumulando gatos.

Esa decisión implica, además, que tenemos el derecho a ejercer nuestra libertad individual. Decidimos amar, o más bien deberíamos decidir amar porque nos compensa. Y si un día te despiertas y descubres que llevas tiempo equivocándote, no pasa nada. Si vemos bien rescindir nuestro contrato con Vodafone cuando cambian las condiciones del servicio, no veo por qué no hacer lo mismo si nuestra relación ha dejado de aportarnos lo que necesitamos.

No está la vida como para andar regalando días escondidos detrás de excusas.

Lo que ocurre es que decidir es una actividad de riesgo que conlleva actuar ejerciendo una responsabilidad absoluta sobre lo que decidimos. Nadie nos enseñó a responsabilizarnos de nuestras propias decisiones y a estas alturas uno llega a pensar que es tarde para aprender, que quizá no merece la pena el esfuerzo. Muchos se siguen empeñando en creer esa visión de un amor que fluye bajo el torrente de la pasión desmedida, de los no puedo vivir sin ti, de mi vida eres tú y sin ti no soy nadie, hipotecando inconscientemente su futuro.

Pero la realidad es otra. Uno no ama, no se deja llevar. Uno decide amar. Como uno decide luchar por un futuro mejor o decide sentarse a esperar a que la vida pase.

Y en esa capacidad de decisión radica el éxito de nuestras relaciones personales, de nuestras posibilidades de ser verdaderamente felices.

Las ilusiones no las compra el dinero ni las mata el miedo.

No soy muy dado a utilizar este espacio para hablar de política, y eso que siempre me he considerado una persona muy activa.

Un día después de las segundas Elecciones Generales en menos de un año, los resultados no pueden ser más contundentes: España ha votado permanecer estancada, escondida tras sus miedos, atrincherada tras las zanjas de las dos Españas luchando contra ese enemigo común inventado.

No son molinos, amigo Sancho, que son gigantes.

He de reconocer que llegaba a estas elecciones con más ilusión que nunca. Después de tantos años parecía que existía una mínima oportunidad de reconstruir, esta vez de verdad, este país desde los cimientos.

Porque en verdad amo esta tierra nuestra. Amo su diversidad, sus contrastes, su colores. Amo a sus gentes, a su forma de entender la vida, a su capacidad de reponerse y de construir un futuro mejor.

Se que, como país, juntos, somos capaces de de llegar mucho más lejos de lo que jamás habíamos imaginado.

Pero todavía nos atan las cadenas de un pasado tal vez demasiado reciente en el que nos matamos entre hermanos. Tal vez todavía no hemos madurado lo suficiente como sociedad como para convertirnos en ciudadanos de pleno derecho y seguimos jugando a ser mayores sólo de vez en cuando.

Por momentos anestesiados por los medios de comunicación que, fieles a las manos que los alimentan, se dedican a mover los hilos de las marionetas en las que muchos han terminado por convertirse.

Lo cierto es que hoy son muchos los sueños de una España distinta que se han visto truncados.

Las ilusiones de muchos jóvenes que habían depositado en este 26-J sus esperanzas por un futuro, cuanto poco, distinto. Alejado de sobres llenos de billetes de 500 euros y servicios sociales en bancarrota. Deseando olvidar etapas negras donde gente sin alma se apropió de lo ajeno y quiso hacer de nuestra sociedad su cortijo.

Un futuro donde ser joven significase tener por delante un camino lleno de oportunidades y no de barreras. Donde ser mayor fuera sinónimo de valorar su experiencia y no de prejubilaciones y paro asegurado.

Yo creía en ese futuro.

Creía y creo.

Sigo creyendo en una educación pública que nos ponga a la cabeza de Europa porque tenemos a los mejores maestros y profesores, sólo tenemos que saber usarlos. Darles los medios y la libertad.

Sigo creyendo en una sanidad que ha sido la envidia de todos y que tiene entre sus filas a los mejores profesionales del mundo. Que trate a todos por igual. Que la salud no se convierta en un bien más con el que traficar.

Sigo creyendo en la capacidad de emprendimiento de miles de jóvenes con ideas geniales que pueden cambiar la forma de concebir nuestra realidad. Que nos aleje de la mediocridad del empresaurio español, del “señorito”, del “terrateniente” heredado de tiempos que huelen a rancio. Que suenen ya a pasado y nos lancemos a conquistar el mundo.

Y no me voy a conformar con menos.

Seguiré luchando por esos sueños, por esas ilusiones, porque no las comprarán con sobres llenos de sucio dinero.

Porque no las matarán con miedos a pasados ya superados.

De cuando las risas eran risas de verdad

Hace unos días tuve la inmensa suerte de reencontrarme con mi infancia.

No es fácil, ya os lo digo.

Es como un golpe de realidad. De repente caes en la cuenta de que hace un tiempo los límites de un pequeño pueblecito de una sierra perdida eran los límites de un mundo infinito.

Ves en esas caras familiares el paso inexorable del tiempo. Son ellos, los mismos que hace tanto tiempo que te niegas a calcularlo, corrían detrás de ti mientras intentabas esconderte en el hueco entre dos casas de piedra.

Dejamos por un momento nuestras vidas, ya tan distintas, y nos juntamos entorno a una paella. Una estupenda paella hecha por un tío de Segovia usando tomate frito y cebolla. Así somos nosotros.

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Y entre las risas, las historias, los momentos recordados, te das cuenta del cambio, de que la imagen, aunque parecida ya no es la misma.

Alguien cambió los “¿y a tí cuántas te han caído?” por “¿y tú dónde trabajas?”. Ahora las bicicletas, aquellas maravillosas bicicletas que te llevaban al pueblo de al lado, allá en la lejanía, para poder comprar golosinas, aguardan cogiendo polvo en las grandes naves mientras que somos nosotros los que conducimos coches.

Nos reunimos donde antaño se reunían nuestros abuelos para jugar la partida. Recuerdo con esa mezcla de nostalgia y alegría cómo para nosotros se trataba de un evento casi mágico. Y allí estábamos nosotros, de sobremesa, hablando sobre política, sobre el trabajo, sobre los problemas perennes del ser humano, como lo hacían ellos mientras se jugaban jarras de vino a una mano de truque.

La vida entonces parecía sencilla y al abrigo de un techo plagado de estrellas imaginábamos lo que haríamos “cuando fuésemos mayores”.

La única botella que conocíamos era la que colocábamos en el centro de la plaza y que, bendita ironía, había que golpear lo más lejos que pudiéramos para salvarnos.

Nuestra mayor preocupación era a quién le tocaría ponerse de portero o quien tendría que pagar esa noche al jugar al rescate.

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Eso decía el genio Machado. Y ese momento de retorno pasó pero dejó en mi el poso de una realidad dulce.

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Muchas veces no somos conscientes de la lenta erosión del tiempo. De las risas que ya forman parte del pasado, de las miradas que nunca volverán a posarse en nuestros ojos. Y en esas sucede un día como aquel sábado en medio de Agosto y te reúnes con gente que te recuerda que, a pesar de todo, siguen ahí. Perdidas en el día a día de un ingeniero, de un químico o de un policía nacional, tal vez escondidas en las grietas de la rutina que nos trajo el hacernos mayores.

Pero todavía nos quedan risas de esas que eran risas de verdad.

Siguen sin entender nada

Ayer tuve una pequeña discusión en Twitter a raíz del siguiente tweet:

— Jaume Borràs (@ignorantignorat) July 24, 2013

Vaya por delante mi más sentido pésame a todas las familias que han perdido a alguien en ese trágico accidente de tren y el máximo apoyo para todos los que están pasando por momentos tan difíciles hoy. Yo también me siento gallego hoy.

Pero volviendo al tweet inicial, intenté, en el corto espacio que nos permite Twitter, hacerle ver a este caballero lo inapropiado de introducir la política en situaciones como esta. No quiso entenderme. En lugar de eso, trató de reafirmar el contenido abogando por el hecho de que se consideraba, sobretodo, ser humano, por encima de situaciones políticas.

Sigue sin entender el sin sentido del mensaje y lo en evidencia que deja a las personas que piensan como él actitudes como esa. Si yo hubiera publicado algo como “Conquense, ingeniero y ara mismo gallego” muchos se habrían preguntado el por qué de esa incongruencia. No necesito reafirmar lo que soy constantemente porque ya lo sé. Quiza el Sr. Borrás no y por eso necesite constantemente repetir lo independentista que es, lo catalán de pura cepa que se siente. Es lo que tienen los extremos, que ciegan nuestro entendimiento hasta llegar a obligarnos a poner por delante la ideología a todo lo demás.

Nadie, Sr. Borrás, pone en duda su catalanidad, nadie salvo usted mismo, parece. Y en ese afán de demostrar al mundo que, ante todo, usted se siente catalán, es cuando deja en evidencia su extremismo irracional. La necesidad imperiosa de pintarlo todo con el color de la cuatribarrada, como si eso fuera necesario para ver cumplidos sus anhelos separatistas. Yo me siento gallego porque son mis hermanos. Pero también me siento valenciano aún sin haber nacido aquí, y conquense de cuna, y catalán, y español, y europeo y ciudadano del mundo.

A mi me gusta sumar, sentirme que formo parte de un barco y remar, pese a las circunstancias adversas, en una misma dirección para beneficio de todos. Así que si usted me pide que me fije en el contenido yo lo hago, y lo que veo es a alguien queriendo decirle al mundo en cualquier momento y ante cualquier situación que no le gusta sumar y que prefiere restar. Que se siente hermanado a alguien de Languedoc pero no quiere saber nada de alguien de Teruel. Que los aborrece. Usted se siente diferente, como de otro mundo sin ser mundo, de otro país sin ser país, y en ese mensaje, con tan sólo 6 palabras es capaz de evidenciar ese sentimiento. ¿Lo ve ahora? ¿O sigue sin entender nada?

Dejemos la ceguera

IF

Mourinho es un impresentable.

Muchos conocéis mi afición por el fútbol y, en especial, por el Real Madrid. Sin embargo, mi raciocinio está todavía por encima de mi cariño por el color merengue.

Luego puedo tratar de explicar que lo hace por concentrar el foco mediático en él y no en sus jugadores, por restar presión, que es un gran entrenador a pesar de eso, los títulos le avalan y un sinfín de argumentos que todos nos sabemos ya. Pero pese a todo esto, Mourinho sigue siendo un impresentable.

Si tu filiación hacia un equipo de fútbol te impide ver algo obvio tienes un serio problema. Porque por encima de todo está la cordura y la razón.

Mucho más peligroso se convierte todo esto cuando cambiamos el entorno y nos rodeamos de idearios políticos.

Leo con profundo estupor día tras día a personas defendiendo ciegamente a los integrantes del Madrid – Barça en el que se ha convertido lamentablemente nuestro sistema político. Les dan igual los sobres de Bárcenas, la Gürtel en Valencia, los EREs de Andalucia, porque siempre tienen a mano los suficientes argumentos: tú lo hiciste peor, la culpa es tuya, con qué cara vienes a reprocharme algo cuando tú…

Si analizamos detenidamente cada uno de esos “argumentos” ninguno sostiene una defensa sobre aquello sobre lo que se exigen cuentas. El hecho no cambia.

Pero lo que es todavía más preocupante es ver a los jóvenes que deberían estar planteando el cambio, sumarse al discurso oficial que sólo busca mantener ese bipartidismo endémico que nos está llevando hacia el desastre.

Nosotros, los jóvenes, somos la llave del cambio, el paso hacia adelante en pos de la aventura de lo desconocido sin el miedo que asola a los que se apoltronan en su sillón de cuero. Somos la voz que debe denunciar la ignominia, la hipocresía, que debe luchar por la justicia y por la verdad. Si precisamente nosotros preferimos la ceguera a la razón, el amor irracional a unos colores antes que asumir la realidad y tratar de resolverla, entonces poca esperanza en el futuro nos queda.

Propósitos para 2013

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Y ya volvemos a estar aquí, un año después, revisando un poco cómo ha terminado este 2012 y planificando lo que queremos que sea el 2013.

Analizando la lista de propósitos de este 2012 podríamos decir que, en líneas generales, el resultado es positivo.

Aunque sigo sin ser del todo puntual, he mantenido un ritmo más o menos continuo de ejercicio, he conseguido superar las 20 libros leídos este año, ya soy todo un señor CCNP, he estado hace relativamente poco visitando la Toscana, y bueno, creo que mi inglés ha mejorado con respecto al año pasado.

En la parte del debe están los proyectos por terminar, que han crecido durante este 2012 y que deben tener una continuidad en 2013 y, sobretodo, esa sensación de tomarme la vida en momentos críticos con mucha más filosofía de lo que me la he tomado este año.

Así que aquí van los nuevos propósitos para este año 2013:

1. Disfrutar de la vida. Es el primero porque es el más importante. Este 2012 ha tenido momentos geniales y momentos bastante complicados que me han llevado a la conclusión de que estamos en este mundo para disfrutar de cada uno de los momentos que nos brinda la vida rodeados de la gente que queremos.

2. Crecer cultural y profesionalmente. Uno de los leitmotivs de la vida es, sin lugar a dudas, la percepción de crecimiento personal. Y esto en gran medida se consigue mejorando tus capacidades y tus aspiraciones. Este año que empieza va a ser importante en esto y por ello quiero formarme incansablemente desde el día 1.

3. Mens sana in corpore sano. Quiero tener un equilibrio mental/físico que me lleve a cumplir el primer objetivo con garantías. Por eso quiero imponerme una disciplina deportiva mayor de la que ya tengo y seguir a rajatabla el ruego:

“Señor dame fuerza para cambiar aquello que pueda cambiar, la serenidad necesaria para aceptar aquello que no y sabiduría para comprender la diferencia”.

4. Leer 50 libros.

5. Tocar 12 piezas de piano. (1 al mes).

6. Visitar un nuevo país.

7. Certificarme. Conseguir el pleno de CCNAs y quizá el CCDP, amén de otras certificaciones: inglés, Juniper, VMWare, Microsoft…

8. Concentrarme para llevar el blog/redes sociales/proyectos personales al día.

9. Concluir con éxito uno o varios proyectos profesionales.

10. Ser capaz de hacerlo todo y sentirme bien con cada cosa que hago. En definitiva: ser feliz.

Sí, entiendo lo que estaréis pensando, pero en lugar de creer que he apuntado demasiado alto, tengo la sensación de que este 2013 debe ser un año en el que ser ambicioso. En el que marcarse objetivos que verdaderamente supongan un desafío, con la esperanza de acabar habiéndolo, al menos, intentado con todas las fuerzas.

 

10 razones para tener un Kindle

Kindle 4 Black - 79 Euros - AmazonDesde hace ya cerca de un año que soy un usuario feliz de un dispositivo de lectura basado en tinta electrónica o comúnmente conocido como libro electrónico o eBook. En mi caso, mi dispositivo es el Kindle de Amazon.

Siempre he sido un férreo defensor de la lectura tradicional como método para obtener un sinfín de resultados beneficiosos: mejorar la expresión, la creatividad, la perspectiva, conocimiento, etc., y he de reconocer que cuando surgieron hace tiempo este tipo de dispositivos fui bastante reacio a creer que pudieran en algún momento ser sustitutos del libro convencional de toda la vida.

Unos años después, sin embargo, esa creencia ha cambiado sustancialmente. Aquí tenéis las 10 razones por las que, desde mi punto de vista, os recomendaría la compra de un eBook y, en especial, del eBook de Amazon.

1. La experiencia es prácticamente idéntica a la de leer un libro. Esta claro que estos dispositivos no disponen de páginas y que no reproducen el olor a libro viejo, pero la percepción de que estás leyendo en un elemento electrónico se pierde casi al instante. Esto es gracias a que es un dispositivo “quasi-pasivo”, es decir, cuando estás leyendo en realidad no está consumiendo energía y es sólo cuando pasamos de página cuando la tinta electrónica se redistribuye para mostrarnos correctamente el texto.

He escuchado miles de veces la manida frase: “es que como un libro, nada”. Bien, como en todo, es algo tremendamente subjetivo. Sin embargo, como lector, mi opinión es clara, este prejuicio desaparece en el momento en el que te decides a leer un libro en un eBook. Y lo digo yo, lo dice mi entorno más cercano y el inmenso porcentaje de usuarios que ya usan libros electrónicos.

2. Es más cómodo que un libro. Libros de más de 1000 páginas en un tamaño reducido. Leer en un Kindle es sinónimo de comodidad. De sentarse en cualquier sitio, encenderlo, y disfrutar de la lectura.

3. Dimensiones casi perfectas. Algunos echamos en falta una pantalla quizás un poco más grande, pero en líneas generales, es un aparato que cabe en prácticamente cualquier sitio. Fácil de transportar. Eso sí, es recomendable comprarle una funda para protegerlo.

4. Una biblioteca infinita. Ya hemos dicho que es más cómodo que un libro, pero es que no es un libro, sino muchos. En realidad todos. Kindle es un soporte que te permite llevar tranquilamente 15, 20, 40 libros almacenados e ir pasando de unos a otros con extrema facilidad.

5. Precio sin competencia. Hablamos de 80 euros puesto en casa. Sólo con la rebaja de los libros en formato electrónico (y ya no hablamos de las maneras alternativas de conseguirlos) la amortización del dispositivo llega a los pocos meses de haberlo adquirido, dependiendo de la velocidad de lectura.

6. Velocidad de lectura. No soy el único que ha percibido que leyendo en estos dispositivos lees más rápido que con los libros convencionales.

7. Comunidad en constante crecimiento. Existe una enorme comunidad de usuarios de libros electrónicos que nos va a permitir sumergirnos en un mundo de recomendaciones, mejoras, aplicaciones alternativas para potenciar nuestros dispositivos, reseñas, etc.

8. Acceso a la autoedición y la autopublicación. Gracias al formato electrónico, los autores noveles van a poder saltarse el farragoso y limitante proceso de tener que pasar por la editorial para poder ver su libro publicado. Aún así esto es un arma de doble filo: nos permitirá a muchos lectores conocer autores que están iniciando su andadura por el mundo narrativo con mayor facilidad pero también facilitará la publicación de textos sin la mínima calidad exigible.

9. Lee, aquí, ahora. Enciende tu Kindle y tras 1 segundo seguirás leyendo por dónde te habías quedado. Pero además, Kindle no es sólo un dispositivo. Es, en realidad, todo un vasto ecosistema que Amazon ha ido desarrollando con paciencia y mimo y que nos va a permitir, en primer lugar, la ubicuidad de lo que estemos leyendo: Kindle, móvil, tablet, PC, etc., dispondrán del libro por el mismo sitio donde lo hayamos dejado. Podremos adquirir libros gratuitos o a precios realmente bajos con un sólo click. Y todo esto de forma muy sencilla y accesible para todo tipo de público.

10. Disfruta. Llevo casi un año, como decía al principio de este artículo, y sólo puedo decir cosas positivas de este aparato. He leído ya más de 15 libros en él, con la grata sensación de poder sumergirme en el placer de la lectura sin en ningún momento echar de menos para la página de papel.

Y estas son sólo unas cuantas de las muchas razones que hay para lanzarse a la aventura de leer miles de libros en formato electrónico. Cada uno tendrá las suyas. Pero lo que está claro es que si dudas si merece la pena o no adquirir uno de estos aparatos, ahí tienes mi recomendación: hazlo, ya.

La voracidad de las redes sociales

Fue allá por Febrero de 2004 cuando un joven estudiante de Harvard lanzó la primera versión del portal social Facebook.

En Julio de 2006 nació la red de microblogging (o micromensajes) Twitter.

Unos cuantos meses antes, en Enero de 2006,  daba sus primeros pasos la red social española Tuenti.

Estamos en noviembre de 2009 y el fenómeno “social” ha explotado. A día de hoy uno desconoce hasta que punto nos va a cambiar la vida el “nuevo concepto” de la red.

Las redes sociales cada vez se están haciendo más populares y conforme avanzan y crecen, van devorando servicios y más servicios dejando en la cuneta a soluciones más antiguas que ellos y que no tienen esa marcada vocación social.

Galerías de fotos, blogs, fotologs, páginas personales, portales de información, están ahora en las fauces de esta temible bestia. La posibilidad de escribir micromensajes con lo que uno piensa en cada momento, de publicar enlaces, fotos, vídeos en tiempo real para que tus amigos (y sólo ellos) puedan verlos, etiquetarnos en las últimas fotos de la fiesta del fin de semana pasado, etc. son reclamos tan golosos que la inmensa mayoría de los usuarios están migrando hacia estas redes por su facilidad y sobretodo por su masa social.

Pero, ¿es todo tan bonito?. Desde mi punto de vista no. Las redes sociales como Tuenti o Facebook se están convirtiendo en meros templos donde la adoración al ego y el cotilleo son sus dos pilares fundamentales. Ya no nos interesa publicar un articulo de opinión, ni una foto de calidad, nos interesa que la gente nos mire, o mirar nosotros a alguien a escondidas.

En esta orgía de voyeurismo y egolatría todos somos culpables. Participamos de ella y no sólo eso, estamos permitiendo que se degrade. ¿Cómo? Aceptando que es normal que una chiquilla de 14 años publique una foto semidesnuda, asumiendo que entra dentro de lo razonable que una persona de más de 20 años sea incapaz de escribir una frase sin 10 faltas de ortografía. Publicando fotos nuestras en mil y una poses, con mil y un efectos cutres con la única intención de que nos digan lo guapos que somos.

Nidos de ignorancia y miseria.

El problema de todo esto es que la bestia todavía no está tranquila. Y en este constante devorar del sentido común, quién sabe qué será lo próximo que nos encontraremos.

Desarrollo integral de aplicaciones

La llegada de las nuevas tecnologías ha supuesto una mejora sustancial en nuestra calidad de vida. Disponemos cada vez de más elementos que nos permiten disfrutar de sensaciones y experiencias allá donde vayamos.

Pero con esta evolución han aparecido una serie de inconvenientes asociados al desarrollo natural de la tecnología.

Actualmente nos encontramos con que existen distintos tipos de dispositivos, con distintas funcionalidades, distintos tamaños y distintas ubicaciones. Junto con esta amalgama de aparatos nos aparece la barrera de la intercomunicación entre ellos.

Pese a que se están dando los pasos adecuados hacia una infraestructura de red única, todavía estamos en pañales (y más en España). No obstante, ya es un buen momento para irse planteando la implementación de soluciones integrales que incluyan todo tipo de dispositivos, que sean compatibles con todos ellos y que, además, nos permitan la interacción de los mismos.

El futuro, sin lugar a dudas, está en el desarrollo de aplicaciones integrales y una buena muestra es el rumbo que han tomado las operadoras de telecomunicaciones ofertando lo que comunmente se denomina “cuádruple play”: televisión, teléfono, móvil y acceso a internet.

Todos para uno, y uno para todos.

Quizás sea la máxima más importante en la primera parte del siglo XXI.

La dipu te “tima”

Hoy han salido en mi pueblo los resultados de las becas que ha puesto en funcionamiento la Diputación valenciana para “promover” el empleo entre los jóvenes de la comunidad.

Vamos a dejar a un lado los posibles “chanchullos” que cada ayuntamiento haya podido tener en cuenta a la hora de otorgar dichas becas a una u otra persona y voy a hacer una reflexión de otro tipo.

Cuando uno lee las bases [enlace a las bases (PDF)] se percata de un hecho cuanto menos curioso que ha llamado poderosamente mi atención.

En el apartado de méritos las puntuaciones se otorgan en función de:

– Nota media (hasta 2 puntos)
– Curso en el que se encuentra (hasta 1 punto)
– Adecuación al objeto de las diferentes becas (hasta 5 puntos)
– Cursos específicos (hasta 2 puntos)
– Discapacidad (hasta 2 puntos)

Si analizamos que dentro de esta convocotaria pueden acceder todos aquellos que estén actualmente cursando una diplomatura, una licenciatura o un ciclo de formación profesional (independientemente del grado) nos encontramos ante una situación de clara y humillante desventaja para los estudiantes de carreras universitarias.

Trataré de explicarme.

Sin la intención de menospreciar en absoluto lo que un grado de formación profesional puede aportar, es evidente que la dificultad que entraña la consecución de una diplomatura o una licenciatura es bastante mayor. Esto se ve reflejado incluso en las pruebas de acceso a la universidad (PAU) en las que, en la mayoría de carreras, se requiere una nota mucho más elevada si se proviene de ciclos formativos que si se accede por selectividad.

Así que nos encontramos en la situación de que las personas que estén cursando algún ciclo dispondrán, en su mayoría, de una nota media superior a los que estén cursando una carrera universitaria (2 puntos del ala).

El siguiente punto es también otro regalo. Una diplomatura nos cuesta, al menos (y en el mejor de los casos) 3 años como mínimo. Para qué hablar, pues, de los 5 ó 6 años que se tarda en realizar una licenciatura. En cambio, los módulos (medio o superior) se colocan en 2 años, luego la probabilidad de estar “en el último año del módulo” está a años luz de estar en el último de una carrera universitaria.

Y ya por último. La madre del cordero. “Adecuación al objeto de las diferentes becas”. ¡¡ Ahí es nada !!. Si a cualquier persona de a pie le preguntan qué persona dispone de una “adecuación” a un trabajo práctico mayor y debe elegir entre una persona que se ha pasado 5 o 6 años metido en una biblioteca estudiando conceptos frente a una persona que se ha pasado tres cuartas partes de su formación haciendo prácticas en una empresa la respuesta no alberga duda alguna.

Todo esto, como no podía ser de otra forma, se ha visto reflejado en los resultados, teniendo éstos un índice de personas que están cursando un módulo muchísimo mayor que los que están cursando estudios superiores.

En conclusión: estas becas que ha puesto en marcha la señora Diputación valenciana son, en pocas palabras, un tremendo insulto a todos aquellos estudiantes de carreras universitarias que han visto  ya no equiparados sus estudios a los de un ciclo, si no puestos por debajo de los mismos. Esta es, por tanto, la forma que tiene la Diputación de promover el empleo entre los jóvenes y de dar opciones de futuro a universitarios que están finalizando sus carreras.

Gracias Milano bonito.

Aclaración: Me gustaría dejar claro que yo no he solicitado en ningún momento ninguna de las becas de la Diputación.