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Reseña: Ender, el Xenocida

Hace unos cuantos días terminé el tercer libro de la Saga de Ender de Orson Scott Card.

Ender, el Xenocida, es el título de esta parte, probablemente la más metafísica de las que he leído hasta el momento. Si el primer libro se planteaba como una serie de situaciones de tensión en aumento que te sumergían en una atmósfera de constante suspense y el segundo libro, más pausado, planteaba una serie de misteriosas situaciones con un final inesperado, esta tercera parte nos muestra, manteniendo la atmósfera futurista, una contradicción entre el razonamiento empírico y la espiritualidad del hombre de una forma profunda y muy detallada.

Scott Card es capaz de volverte a sumergir en las idas y venidas de Ender, esta vez ya mayor, y de su hermana Valentine, allende los 100 mundos dando continuidad a la historia del planeta Lusitania comenzada en La Voz de los Muertos. Sin embargo, en esta ocasión, un terrible peligro amenaza la supervivencia de toda especie inteligente conocida. Bajo esta premisa, el escritor estadounidense teje una maraña de diálogos donde el destino, la religión, la programación genética o la muerte son los temas principales.

Sin lugar a dudas es probablemente el más íntimo y profundo de los libros de Scott Card que me he leído hasta ahora y por ello quizá resulte algo más complejo de leer, pero sin lugar a dudas sólo por la cantidad de perspectivas que es capaz de plasmar el autor en temas tan trascendentales, merece y mucho la pena disfrutar de su lectura.

Nota: 7.5/10

El niño con el pijama de rayas [Crítica]

La producción cinematográfica basada en la novela de John Boyne es sencillamente una buena adaptación.

Esto, en muchos casos, vendría a decir que es una buena película. Sin embargo, cuando se trata de un libro como “El niño con el pijama de rayas” hay varios matices a tener en cuenta.

El primero es que hemos de asumir que es un libro corto y escrito con el objetivo de ser entendido por un segmento de edad muy amplio. Esto le imprime esa esencia de inocencia en la lectura pero lo despoja de cualquier profundidad y desarrollo de los personajes.

Este primer aspecto, obviamente, se ve reflejado en la película, donde cada uno de los personajes que aparecen tiene un escaso tratamiento personal.

Otro de los detalles que hay que subrayar es que, si bien el libro trata la historia desde la primera persona del protagonista y es ahí donde encontramos la ternura de los pensamientos de un niño sin maldad; la versión llevada a las salas de cine toma la posición de una visión externa eliminando por tanto ese punto de complicidad.

En rasgos generales, la película está bien, se puede ver y aquéllos que hayan acudido al cine habiéndose leído el libro y buscando una adaptación fiel saldrán con buen sabor de boca.

No obstante, no será una película que pase a la historia.