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Isaac Asimov

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El fin de la eternidad

Creía firmemente que la saga de la Fundación era, sin albergar duda alguna, la mejor obra de Asimov. Ahora, tras leer El fin de la eternidad me asaltan dudas. Tal vez La fundación sea la mejor saga, pero como libro, esta pequeña joya de algo más de 260 páginas no tiene competidor.

Solo haciendo frente a las grandes pruebas puede la Humanidad elevarse a nuevas y mayores alturas. Del peligro y de la aventura han salido siempre las fuerzas que han llevado al Hombre a nuevas y más grandes conquistas.

La historia

La humanidad ha alcanzado el conocimiento necesario para realizar saltos en el tiempo y con ello guiar el destino de la raza por la senda del éxito. Miles de mentes pensantes y grandes computadores analizan las infinitas alternativas que un determinado cambio produce en el futuro y, así, modifican nuestro destino a su antojo para lograr que nos mantengamos sanos y salvos.

Pero algo está a punto de suceder. La falibilidad del ser humano, de nuevo, va a poner en jaque todo este sistema, situándolo al borde de su desaparición. La Eternidad, esa línea temporal paralela, carente de principio ni fin y que nos tutela en nuestra realidad, está en serio peligro.

Los personajes

Andrew Harlan es el protagonista de la novela. Es un Ejecutor, un cargo dentro de la jerarquía de la Eternidad de gran relevancia pero con muy mala fama: se encarga de ejecutar los cambios que supondrán modificar la historia de millones de personas en el futuro, e incluso de eliminarlas.

Laban Twissell es el jefe de Harlan y jefe del Consejo Pantemporal. Considera a Harlan su pupilo con mayor proyección y tutela su carrera dentro de la Eternidad. Representa una figura casi paternal en relación con Harlan y su personaje es va desarrollando al mismo ritmo que la historia.

Noys Lambent es una temporal, es decir, no vive en la Eternidad. Trabaja, eso sí, para uno de los Programadores (otro cargo distinto y de mayor rango dentro de la jerarquía eterna). Su participación en la historia también es importante.

Mi opinión

Como ya he dicho antes, El fin de la eternidad me parece una de las grandes joyas de Asimov. No alcanzo a entender cómo no se encuentra a la misma altura que la saga de los Robots o la saga de la Fundación en cualquier librería. El genio ruso es capaz de hilvanar y entrelazar una historia de saltos en el tiempo, de paradojas temporales excepcionalmente descritas, de amor, de odios, de dramas personales… y coserlo todo a una historia apasionante, donde los giros argumentales son de un imprevisible casi pasmoso y donde el final es tan perfectamente perfecto que uno se pregunta qué tenía Asimov en la cabeza para dar rienda suelta a ideas tan increíbles.

Es una auténtica delicia para los sentidos que permite al lector dejar volar la imaginación hacia una realidad donde el tiempo se mide en miles de siglos, donde la humanidad perdura hasta el infinito, donde nuestra misma existencia se reduce a la nada más absoluta.

Una obra que induce a la reflexión, al análisis del elemento humano en todas las relaciones, en todos los avances.

Recomendadísima.

Nota: 9/10

Al igual que hice hace unos días con la lista de las que considero han sido las mejores películas estrenadas en 2014, es ahora el turno para los libros que he conseguido leer este año. Aunque me he quedado lejos de la cifra que en su momento me propuse como reto, 2014 tampoco ha sido un mal año en cuanto a lectura se refiere aún a pesar de las circunstancias.

Estos son los diez mejores libros que me he leído este 2014.

  1. Robots e Imperio (Isaac Asimov), último de los libros de una saga que enlaza de una forma sublime con la otra gran serie de Asimov: La Fundación. Broche perfecto a las aventuras de Elijah Bailey y R. Daneel Olivaw junto con R. Giskard Reventlov. Personajes llenos de carisma, emocionantes aventuras en un entorno futurista cuidado hasta el más mínimo detalle. Toda una auténtica gozada. [ Reseña ] [ Comprar ]
  2. Flores para Algernón  (Daniel Keyes), pese a que muchos encuadran este libro en el género de la ciencia ficción para mi es mucho más un ensayo psicológico encubierto. Increíble forma de contar la historia del ratón Algernón y de Charlie Gordon y como la ciencia los une hasta las últimas consecuencias. Un verdadero viaje a las emociones y el intelecto con un final acorde a la aventura y a las expectativas y con un estilo de narración único. [ Reseña ] [ Comprar ]
  3. Los robots del amanecer (Isaac Asimov), tercer libro de la saga de los robots en el que Asimov comienza a preparar el terreno hacia el impresionante final de Robots e Imperio. Además de eso presenta una intrigante historia en la que los asesinatos, las traiciones y la intriga por el control de un espacio en expansión son el núcleo del argumento. [ Reseña ] [ Comprar ]
  4. 2001: Una odisea en el espacio (Arthur C. Clarke). Tras ver Interstellar me obligué a ver la película de Kubrick 2001: Una odisea en el espacio. He de reconocer que la película no me gustó nada y, tal vez por ese mal sabor de boca, decidí leerme la novela homónima que, según he leído, la escribió Clarke simultáneamente a la película. Nada que ver. Noche y día. Ciencia ficción en estado puro de la que disfrutas de verdad. [ Comprar ]
  5. Hyperion (Dan Simmons). Más ciencia ficción. Parece que este año los grandes ganadores en mi lista han sido todos de este género. Con Hyperion disfruté de una lectura organizada en relatos cortos, diferentes cada uno, aunque relacionados todos con el misterioso planeta Hyperion. Esa estructura le permite a Simmons plantear historias completamente distintas, con fondos diversos y que van desde la religión hasta la física de los viajes interestelares. [ Reseña ] [ Comprar ]
  6. Inteligencia Emocional (Daniel Goleman). Tal vez fue por el momento personal en el que me lo leí pero con Inteligencia Emocional tengo una relación especial. Disfruté muchísimo de su lectura hasta el punto de que era capaz de abstraerme de todo una vez que me sumergía en sus páginas. Quizá su lectura propició que tomase la decisión de volver a empezar a estudiar. [ Comprar ]
  7. La Ladrona de Libros (Markus Zusak). No hace falta hablar mucho de este estupendo libro que me leí a principios de año. Los que no lo hayan leído seguramente habrán visto la película. Una forma diferente de abordar el drama de la 2ª Guerra Mundial y el Holocausto nazi, con una óptica similar a La Vida es Bella pero desde una perspectiva opuesta. [ Reseña ] [ Comprar ]
  8. Ramsés, hijo de la Luz (Christian Jacq). Primero de los libros de la serie de Jacq sobre el gran faraón egipcio Ramsés III. Interesante visión sobre los momentos previos a su elección como heredero de su padre Seti, de las intrigas por arrebatarle el poder, de su paso por la adolescencia y su posterior maduración hacia una edad adulta compleja y llena de peligros. [ Reseña ] [ Comprar ]
  9. Un dulce sabor a muerte (Ellis Peters). Sin ser un libro extraordinario cumple con creces el objetivo de entretener. Me recuerda, salvando mucho las distancias, a El Nombre de la Rosa de Umberto Eco. Lectura ligera, divertida, fresca y atrapante. [ Comprar ]
  10. El Teorema Katherine (John Green). Si con Bajo la misma Estrella Green fue capaz de sacarme las lágrimas, con el Teorema Katherine ha sido capaz de arrancarme algunas sonrisas. Lejos, sin embargo del primero, con éste puedes pasar un rato entretenido. [ Comprar ]

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Cuando escuchas tantas y tantas veces que Isaac Asimov (Petrovichi , 1920 – Nueva York, 1992) es uno de los grandes padres de la ciencia ficción tal vez sea por alguna razón de peso.

Ayer pude por fin dar por concluidas las dos grandes sagas que han caracterizado la obra de Asimov: La saga de la Fundación y la saga de los Robots.

Con Robots e Imperio, cuarto libro de esta genial tetralogía robótica, Isaac Asimov termina de tejer ese inmenso telar en el que conecta a las dos sagas de una forma tan sencillamente genial que al leer la última de las palabras de este último libro uno no puede evitar suspirar un íntimo: ¡Pero qué jodido genio!

Porque te das cuenta de que estás ante una obra de proporciones descomunales.

Lo he dicho mil veces y lo repetiré otras tantas mientras pueda: El ciclo de Trantor (los primeros tres libros de la saga de la Fundación) son, a mi parecer, Ciencia Ficción en estado puro directamente en vena: ritmo trepidante, conceptos que te hacen reflexionar y que a priori no chirrían con la ciencia actual y una historia digna de ser contada.

Los dos siguientes, que concluyen la saga, mantienen el nivel pero lo elevan a un concepto más metafísico.

Eso, exactamente eso, ocurre en Robots e Imperio. Mientras que en los tres primeros libros de la saga el lector es introducido en un mundo donde las leyes de la robótica rigen a unos seres que apoyan a la raza humana en su expansión y las tensiones que hay entre los defensores y detractores de esta estrategia, en este último son los conceptos más filosóficos los que entran en lidia.

Las tres primeras novelas de la saga son protagonizadas por Elijah Bailey, un terrícola reacio a tener contacto con robots pero que terminará siendo muy amigo del robot humanoide R. Daniel Olivaw. Ambientadas en distintos mundos en expansión, o en la propia Tierra, el núcleo de la historia gira entorno a algún caso policíaco a resolver.

En Robots e Imperio han pasado ya unos cuantos años y nuestro querido Elijah ha pasado a mejor vida (impagable la escena que representa la despedida entre Daniel y Elijah, digna de ser rodada) y ahora los grandes protagonistas de la historia son dos robots: R. Daniel Olivaw y R. Giskard Reventlov.

Esto supone un gran desafío para Asimov desde mi punto de vista: hacer que la historia gire entorno a dos robots con las limitaciones que ambos tienen resulta peligroso para mantener la credibilidad científica de la historia. Sin embargo las conversaciones entre éstos superan este obstáculo con solvencia: son creíbles y tremendamente reveladoras.

Análisis acerca de la utilidad de los robots en una sociedad como la humana y los peligros que ellos representan. La problemática de una Tierra como santuario plagado de supersticiones que ralentiza la expansión humana en la Galaxia. El peligro de la aparición de otras razas inteligentes que pongan en serio compromiso esta expansión. La misteriosa creación de la Ley Cero, una ley que gobernaría al resto.

Todos estos temas, y otros tantos más son debatidos a lo largo de la novela mientras que sutilmente el escritor nos dirige al punto donde el círculo se cuadra: ambas sagas por fin tienen un nexo de unión donde todo trasciende. Así, miles y miles de años más tarde, cuando el intrépido Golan Trevize abordo de su nave antigravítica alunice y se encuentre con el robot Daneel Olivaw, toda aquella conversación, todos sus matices, todos los enigmas que se fueron creando en ambas sagas, por fin, tendrán su debida respuesta.

Amigo Daneel, ya he dejado de maravillarme ante la capacidad de la mente humana de mantener dos emociones opuestas simultáneamente. Me limito a aceptarlo.

R. Giskaard Reventlov.

Indispensable. 

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Sentado frente al teclado y con una taza de té caliente intento ordenar mis ideas para escribir una reseña sobre el último libro que me he leído. Pero me resulta tremendamente complicado.

La realidad es que Flores para Algernón [Daniel Keyes] ha llegado a tocar una de esas fibras sensibles que todos tenemos. Y lo ha hecho de una forma en la que la sensación se hace compleja de explicar.

Cuando Isaac Asimov le dijo a Daniel Keyes «¿Cómo lo has hecho?» el autor agarró de la chaqueta al Buen Doctor y le dijo «Oye, Isaac, cuando lo descubras me lo dices ¿vale?, de verdad que me encantaría repetirlo». [Fuente: Wikipedia]

A Flores para Algernón la tildan de novela de ciencia ficción y muchos de los galardones obtenidos por ésta lo son de este área. Pero, en realidad, es un relato psicológico, un ensayo sobre la ignorancia y la felicidad, sobre el conocimiento como fuente de nuestro poder y de nuestra desdicha.

Toda la historia gira entorno a Charlie Gordon, un hombre que padece un retraso mental que lo coloca a la altura de chiquillos de 4 ó 5 años. Es feliz pero quiere ser listo. Y esta búsqueda incansable del aprendizaje lo convierte en un candidato perfecto para un estudio que se está realizando en una universidad de renombre.

Y hasta aquí puedo leer.

La novela, escrita en una interesante primera persona a modo de diario nos relata la evolución de Charlie a lo largo de todo el proceso y de sus pensamientos más íntimos mientras su cuerpo experimenta una metamorfosis que le llevará a cambiar por completo su vida.

El final, predecible y no por ello carente de una tensión narrativa impecable, es el que termina por redondear un ejercicio de introspección completo en el que el que lee se sumerge en los pensamientos de Charlie de una forma tremendamente profunda.

Uno de esos libros que no se si volveré a leer por no romper la magia que ha supuesto para mi su lectura.

Nota: 8/10

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Que Asimov es un genio de la ciencia ficción es un hecho consumado. Leyendo la Saga de la Fundación alcanzas unos niveles de disfrute que muy pocas obras han sido capaces de igualar. Ha sido de las pocas sagas que me he vuelto a leer por el mero placer de redescubrirla.

Pero me sentía en deuda con Asimov. A pesar de los años, de los libros leídos, del respeto alcanzado, de su repercusión, nunca me había lanzado a leer su saga de los Robots. La razón principal era, en mayor parte, el miedo (irracional como la mayoría de los miedos) a que esta saga no estuviera a la altura.

Ya sabéis, Robots. Es decir, seres de metal creados por el hombre. Capaces de razonar pero de una forma limitada. Es complicado hacer casar la ciencia seria con las marionetas. El anhelo eterno de convertirnos en dioses capaces de crear vida. En el cine y en la literatura hemos tenido infinidad de casos en los que esa mezcla entre matemáticas y Frankenstein ha terminado por ser explosivamente negativa.

Pero era obligatorio así que me decidí el año pasado a comenzar mi periplo por la saga robótica de Asimov.

Los robots del amanecer

Y tras los primeros tres libros donde el ritmo fue creciendo como si de un redoble de tambores se tratase, Asimov escribió esta auténtica joya literaria. Parece que lo tuviera calculado porque tiene todos y cada uno de los elementos que convierten a un libro en una delicia de lectura.

Un protagonista carismático

Elijah Bailey. Terrícola. Rarito pero tan sagaz que a veces te marea de tal forma que no puedes sino quitarte el sombrero con su capacidad deductiva. Pero sobre todo es humano. Muy humano. Lleno de miedos. Lleno de la irracionalidad que el propio hombre parece que será incapaz jamás de reproducir.

Lleva todo el peso de la historia y compartes con él todos y cada uno de los progresos de la narración.

Un acompañante entrañable.

R. Daneel Olivaw. El robot humaniforme. Lo adoras desde hace ya tantas páginas que el hecho de que esté en la historia es sencillamente obligado. Es un robot casi humano. Y por tanto identificable con uno mismo. Pero esta vez no está solo. Giskard le acompaña, un robot común que primero provoca el rechazo de Elijah pero del que terminarás por enamorarte perdidamente. Te lo aseguro.

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Una historia apasionante

Como todos los demás relatos de la saga, Los robots del amanecer comienza con un crimen que el Sr. Bailey debe resolver. Para ello pondrá todo su intelecto en hacerlo pues de ello no sólo depende su futuro como policía sino el destino de la Tierra. Durante el progreso de su investigación el lector disfrutará con los distintos diálogos  donde se rebaten las hipótesis no sólo de la posible resolución del crimen sino de la propia esencia de la existencia humana tanto en la Tierra como en los llamados Mundos Espaciales.

Un tratado filosófico

Lo que subyace a la historia del crimen, esos largos e interesantes diálogos, hacen recordar en parte a los diálogos del filósofo griego con su discípulos. La llegada de la robótica avanzada a la humanidad no será un elemento más de progreso sino un componente disruptor: nada podrá volver a ser como antes. Y ese viraje en el proceso evolutivo de nuestra raza tiene en Los robots del amanecer un espléndido desarrollo y debate.

¿Serán los robots los que nos lleven a alcanzar las cotas más altas de desarrollo o, por el contrario, serán los culpables de nuestra decadencia como especie?

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Esa pregunta es la que deja en el aire de una forma magistral Isaac Asimov durante toda la novela.

Yo, ya lo digo aquí, miro con otros ojos a mi Roomba. 

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Siguiendo con la saga de los Robots de Isaac Asimov que empecé a principios de año esta semana me he terminado “El Sol desnudo”, que viene a ser el tercer libro de esta colección.

A pesar de mantener la estructura de corte policíaco que comenzó en Bóvedas de Acero con el terrestre Elijah (Elías en la traducción que leí) Bailey junto con el auroriano R. Daneel Olivaw como protagonistas, las diferencias entre ambos libros son notables.

Si bien en el primero nos encontramos con una historia ambientada por completo en la Tierra que le sirve a Asimov para presentárnosla y centrar temporalmente la historia, en “El Sol desnudo” empezamos a conocer mucho más de los progresos de la humanidad, de su colonización planetaria y, sobretodo, de las divergencias socioculturales que se producen entre planetas hasta el punto de desarrollarse modelos económicos e incluso ecosistemas completos totalmente diferentes.

Lo cierto es que además de la interesante historia de misterio que comienza, como casi todas, con un asesinato sin resolver, El Sol desnudo pone encima de la mesa un escenario posible donde la humanidad deja de vivir en un solo mundo. 

Resulta tremendamente interesante analizar desde la óptica de Asimov las posibles consecuencias de esta colonización planetaria, enfrentándolas con las que produjo la colonización europea. Choques culturales, sociedades divergentes, miedos irracionales ante un profundo desconocimiento de seres que son semejantes pero que proceden de lugares distintos, etc.

Y con todo esto, de fondo, una pregunta se repite constantemente: ¿existen modelos de conducta social alternativos al nuestro? ¿son viables? Asimov, por boca de los nativos de cada lugar, dará los argumentos necesarios para plantear el debate.

En definitiva, El Sol desnudo es una historia de misterio con una excelente ambientación que te plantea dudas acerca de la condición humana y su desarrollo a lo largo del tiempo.

Nota: 7.5/10

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IF

Siguiendo con el ciclo de literatura de ciencia ficción de Asimov, ayer por la tarde terminé la segunda novela de su “Saga de los Robots”: Bóvedas de Acero.

Si la primera entrega de esta saga era, en realidad, un conglomerado de pequeñas historias que nos introducían en los albores de la llegada de la robótica en la humanidad, en Bóvedas de Acero el genio de Asimov nos presenta un universo mucho más maduro (más de 4000 años D.C.) donde los seres humanos han sido capaces de conquistar el Espacio poblando cerca de cincuenta planetas.

La Tierra, matriz de la Humanidad, está llegando a sus límites de supervivencia debido al exceso de población. Los seres humanos se hacinan en macrociudades subterráneas protegidos por grandes cúpulas metálicas: las bóvedas de acero.

La xenofobia crece contra los que son diferentes: los robots y los espacianos (seres procedentes de los planetas exteriores) provocando altercados y una delicada situación política que bordea el desastre.

Y en medio de todo esto, el asesinato de un espaciano en Espaciópolis (una ciudad de espacianos construida en pleno Nueva York y que busca integrar ambos mundos) está a punto de desencadenar una crisis diplomática de dimensiones desconocidas.

Elijah Bailey vuelve a protagonizar, esta vez en primera persona, este interesante relato en el que los elementos que han convertido a Asimov en uno de los maestros de la ciencia ficción están muy presentes.

De nuevo, una obra muy recomendada.

 

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Una vez terminada con la saga de la Fundación (al menos la parte más importante) decidí que era momento de meterme de lleno con la saga de los robots de Isaac Asimov.

He de reconocer que partía con cierta desconfianza ya que hace unos cuantos años pude ver la adaptación cinematográfica de Yo, Robot y no salí excesivamente convencido del cine. Luego he podido comprobar que la adaptación está bastante lejos de ser considerada medianamente buena.

Me he llevado, no obstante, una grata sorpresa al disfrutar enormemente de este primer ejemplar de las aventuras de Elijah Bailey en un mundo futurista donde la aparición de los robots plantea una serie de cuestiones éticas muy interesantes.

Lo cierto es que se trata de un compendio de relatos más cortos hilvanados por una entrevista entre Elijah y la psicorobotóloga más importante que ha tenido U.S. Robotics en su historia: Susan Calvin

Sobre esa conversación, la doctora Calvin nos muestra una serie de situaciones que se han ido dando en la historia desde la llegada de los robots a la civilización humana y que, en su mayor medida, pueden ser resueltas gracias a las tres leyes de la robótica.

De lectura amena, Yo, Robot nos plantea un sinfín de situaciones donde la convivencia entre unos seres pensantes desarrollados por el ser humano y el propio ser humano dista mucho de ser sencilla y simple.

Os lo recomiendo enérgicamente no sólo por lo divertida que resulta su lectura sino también por la reflexión que nos lleva a hacer en cada una de sus historias acerca de la verdadera esencia del ser humano.

Nota: 8.5/10

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