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Ni tan mal

Hay algo que es intrínseco en la inmensa mayoría de culturas: desde el Hércules griego hasta el Jesucristo cristiano y es el concepto de héroe. En la iconografía cultural que hemos ido construyendo a lo largo de los siglos, la figura del héroe ha sido imprescindible para erigir un relato en el que nos pudiéramos sentir identificados.

Los romanos tenían a sus gladiadores y sus grandes generales en la guerra. Y ese circo que se alimentaba de leyendas engrosadas a través del boca a boca ha ido evolucionando, tres mil años mediante, hasta llegar a nuestros días disfrazado de deportistas en pantalón corto dirimiendo la eterna disputa humana entre patadas a un balón.

Resulta curioso, no obstante, observar que hasta la misma concepción de héroe ha ido dejándose influenciar por los vaivenes de una sociedad cada vez más lanzada al voraz consumo de todo lo consumible. Y lo que ha sucedido en contextos tan diversos como nuestros hábitos alimenticios o la forma de escuchar música, ha terminado calando también el mundo del fútbol.

Lejos quedan los héroes eternos que brillan como esculturas estáticas de un pasado mejor. Lejos los Pelé, Maradona, Cruyff o Di Stéfano. Personajes cuyo nombre llena las bocas y los pechos de los entendidos del fútbol, como si saborearan con nostalgia una cucharada de ese caldo de la abuela que dejaron de probar, si acaso lo probaron, hace demasiados años. Los héroes de hoy se consumen en el día y, si no terminan de gustar, se desechan hasta la próxima comilona. Los engullimos sin saborear.

Etiquetamos a cualquier pobre diablo que despunte mínimamente como “el nuevo…” con el hambre feroz del que quiere volver a tener el gusto de escuchar por primera vez, y en directo, al joven Mozart.

Queremos ser los primeros en descubrir a los Beatles. Pero no a los Beatles de sus inicios, titubeantes, sino que los queremos ya con el incesante griterío de sus enloquecidos fans.

Necesitamos héroes porque los consumimos con una celeridad pasmosa.

Recuerdo a mi abuelo hablar de don Alfredo Di Stéfano con una mezcla de admiración y respeto casi religioso. Mi padre sigue recordando La Quinta del Buitre con la mística que sólo las leyendas traen consigo cuando las cuentas. “Cuando cogía el balón el Buitre…” Y sin embargo, no niegan el reconocimiento a los otros grandes del fútbol. “Lo de Maradona era de otro mundo…”, “Ver jugar a Cruyff era ver fútbol del de verdad.”

Quizá, y digo quizá porque me cuesta recordarlo de esa forma, Zidane fue para mí ese jugador-dios. Y no reniego, en cambio, de la figura de grandes como Ronaldo Nazario o Ronaldinho.

En la actualidad, en cambio, estamos viviendo una situación casi paranormal, en la que dos figuras del futbol total, que en casi cualquier otra época habrían sido considerados dioses para la historia, pugnan en un debate con poco de fútbol y mucho de todo lo demás, por convertirse en ese concepto ambiguo y subjetivo de ser “el mejor jugador del mundo”.

Dos jugadores que no tienen casi nada que ver, más allá de su idilio con el gol, con los títulos y con la esencia propia del mismo fútbol.

No me leeréis, pese a mi evidente madridismo, decir que Cristiano Ronaldo es mejor que Messi. Pero me resulta casi grotesco escuchar a muchos hablar del “mejor jugador de la historia” cuando se refieren al argentino.

Necesitamos construir ese relato del dios absoluto. Del Héroe total. Porque la sociedad ahora busca el consumo king-size. El más grande. El mejor.

Muchos de esos, hace unos días cambiaron su discurso, tras el batacazo del Barça ante la Roma en Liga de Campeones, y rebajaron un peldaño al Zeus del fútbol. Pasó a ser “uno de los mejores de la historia”.

Esa fugacidad en la evaluación, ese oportunismo en el elogio, ese sesgo cuando uno mira el fútbol lejos de la emoción, cegado por debates estériles entre Madrid y Barça, entre Europa y América, entre estilos de fútbol, seguidos de análisis concienzudos que pretenden cuantificar lo incuantificable… Eso es lo que está matando al fútbol de verdad.

El fútbol es pasión, y la pasión la despierta quien te levanta de la silla por hilvanar la jugada perfecta, llevándose por delante a una defensa entera y poniendo a su equipo a la altura de las estrellas. La pasión la levanta, también, quien en un balón que parece venir del cielo, se eleva por encima de todo y de todos, y para el tiempo para dejar clavado al Portero en mayúsculas del equipo rival. Pasión es el gol de Iniesta al Chelsea. Pasión fue el gol de Ramos al Atleti.

Pretender comparar a los dos héroes de nuestro tiempo es, si me apuras, irrelevante. La historia coloca a cada uno en el lugar que le pertenece por derecho, por mucho que unos u otros se empeñen en lo contrario.

La discusión solo sirve para llenar platós de televisión plagados de juntaletras (y algunos ni eso) que, a base de gritar barbaridades, despiertan en nosotros ese sentimiento que ya tenían los romanos cuando pedían la cabeza del gladiador caído. Nos devuelven a lo primitivo de nuestro ser. Nos obligan a identificarnos de un bando como si los bandos existieran. Uno es el héroe y el otro el villano. Y así nos alejan de la emoción sincera que despierta el fútbol.

Esa emoción con la que mi padre y mi abuelo vieron por primera vez a su Madrid levantar una Copa de Europa. Esa emoción con la que se vivían los Madrid – Barça antaño, alejados de tanta prensa amarilla, de tantos minutos de televisión dedicados a lo mismo.

El día que no estén, y que el nuevo Cristiano y el nuevo Messi salgan cada dos semanas, los terminaremos echando de menos.

A los dos.

In memoriam: Johan Cruyff

Tengo la sensación de que los grandes genios de la historia han tenido un denominador común: una visión simplificadora de la realidad.

A través de sus ojos han podido ver una existencia terriblemente elemental con la que jugar y, por ende, terminar cambiando por completo sus reglas. Desde Aristóteles a Einstein, Galileo o Da Vinci. Todos tuvieron el don de entender nuestro mundo hasta límites que nadie antes había sospechado. Todos ellos tuvieron la increíble capacidad de jugar con las hebras del destino para que la humanidad diera un paso hacia adelante en su anhelo incansable de ser hoy más que ayer.

Hoy se ha ido otro genio, tal vez de un arte que muchos consideran menor, como es el deporte del balón, pero su influencia en tantos y en tanto no puede sino ser una muestra clara de que él también poseía ese don.

Vio el fútbol desde el prisma del que ama el deporte, del que disfruta con cada gota de sudor. Entendió la pelota como algo que acariciar y mimar y sobre esa base sentó los pilares de lo que hoy día se considera el fútbol moderno.

Hoy, como amante del fútbol, uno se va a dormir un poco más triste al pensar que esos ojos, que veían más allá que el resto, ya no volverán a mirar con el celo de un enamorado a esa pelota de cuero.

Pero también uno se va a la cama con una media sonrisa, por entender que la historia ha tenido siempre un hueco especial para estas personas.

Descansa en paz Johan. Le diste todo al fútbol y éste te ha hecho eterno.

El salto para la historia

Hoy muchos telediarios y la gran mayoría de prensa deportiva cambiarán el foco constante que tienen sobre el fútbol español. Anoche, o más bien esta madrugada, en Nueva York se produjo un hecho histórico no sólo para el baloncesto español, que ya es decir, sino también para la propia NBA, lo que son palabras mayores.

Esta madrugada dos hermanos por primera vez llegaban a jugar el All Star Game: el partido de las estrellas de la mejor liga de baloncesto del mundo.

Un hecho sin precedentes.

Esto supone un reconocimiento a nivel internacional de dos de las carreras más brillantes que nuestro deporte patrio ha dado.

Pau Gasol fue el primero en aterrizar, siguiendo los pasos del ya mítico Fernando Martín,  y años más tarde le tocó el turno a su hermano.

Ambos llevan ya años militando en la liga más competitiva del mundo y haciéndolo a un grandísimo nivel.

Son un claro ejemplo de que los límites nos los marcamos nosotros. Seguramente ellos soñaron un día en jugar en la mejor liga del mundo, anoche los dos saltaron más alto de lo que jamás nadie había hecho. Anoche tocaron el cielo.

Más que un derbi

Esta noche a las 21.00 juegan el F.C. Barcelona y el Real Madrid el que todos los años se denomina el partido del siglo.

Este año, es bastante probable que así sea.

Hoy, durante 90 minutos se van a contraponer dos ideas futbolísticas completamente antagónicas pero igual de válidas. El fútbol de toque de Guardiola contra el fútbol de vértigo de Mourinho. La paciencia contra la potencia.

Todas las casas de apuestas otorgan al Barcelona una ligera ventaja. Parece que Mourinho y sus jugadores lo van a tener especialmente complicado (más sumando la probable baja de Gonzalo Higuaín) pero son estos partidos los que convierten a los jugadores en verdaderos héroes. Hoy más que nunca el esfuerzo y las verdaderas ganas de triunfar van a ser determinantes. La psicología del triunfo se las ve de frente y ante millones de espectadores con la psicología del jugad felices. Dos ideas distintas pero que les han servido a ambos entrenadores para alcanzar la tríada de títulos más ansiada por cualquier equipo de fútbol de élite.

Pero voy más allá, hoy se enfrenta lo que muchos llaman humildad (y yo llamo falsa modestia) contra lo que muchos llaman prepotencia (y yo denomino orgullo). Hoy se enfrentan dos modelos de concepción del fútbol y dos ideologías en una batalla sin precedentes y que probablemente no tenga parangón en los años venideros.

Hoy disfrutaremos (o sufriremos) con los mejores jugadores de la historia del fútbol reciente juntos en un terreno de juego. Ya no hará falta jugar al PES 2008 con su «All Star». Hoy los tenemos a todos.

Bienvenidos al verdadero espectáculo del fútbol.

Esto, sin lugar a dudas, es mucho más que un derbi.

España no convence

articulo

Los que estéis siguiendo el Europeo de Polonia en la que la selección de baloncesto española partía como clara favorita, estaréis de acuerdo conmigo que no se está cumpliendo ninguna de las espectativas.

La imagen dada por la selección en los partidos que lleva jugados en Polonia no podría ser más oscura. Un Pau Gasol que viene de ganar un anillo en la NBA muy por debajo de sus posibilidades, la «bomba» Navarro inédito, Raúl López desaparecido. Los únicos que parece que tienen algo de claridad de ideas son Rudy Fernández y Felipe Reyes y, de vez encuando, Ricky Rubio. Y así pasa: hoy Turquía, sin un juego especialmente brillante y echando mano de sus torres y su envergadura, nos ha ganado por 63 a 60.

Me pregunto si esta falta de definición y concetración puede venir motivada por parte del entrenador o por un exceso de relejación al considerarse ya campeones.

No lo sé. Lo que está claro es que ahora mismo la situación se plantea complicada: España tiene la obligación de ganar los dos partidos que le quedan. Uno es contra la selección anfitriona: Polonia. El otro, contra Lituania (que nos dejó en evidencia en el último partido que jugamos con ellos).

O cambian mucho las cosas o nos volveremos a casa con uno de los mayores fracasos deportivos del año.

Captar el momento

Últimamente ando leyendo algunos tutoriales y manuales de fotografía para poder pelearme en condiciones con mi cámara digital.

Lo esencial, al menos en mi opinión, que debe tener una fotografía es la sensación de captar el momento: de dejarte mirando con la percepción de estar ante un momento único y a la vez eterno.

Hoy, además de rendir mi más sincero homenaje al pedazo de deportista que tenemos en la figura de Alberto Contador, tengo que reconocer que la foto que ilustra este artículo es el mejor ejemplo de cómo captar un momento.

Contador llegando al final de la etapa de contrarreloj.

Contador llegando al final de la etapa de contrarreloj.

Más vale tomárselo con humor

Después del dantesco espectáculo que esa banda de personas que dicen llamarse equipo protagonizó anoche en Mestalla, a uno le quedan dos opciones:

La primera es montar en cólera y preguntarse cómo es posible que 11 tíos que cobran entre todos lo que más de un país completo quisiera para sí, pueden pasearse como vagabundos por un terreno de juego y no tener la mínima vergüenza para defender el escudo que llevan bordado en la camiseta.

La otra es asumir que son una panda de mercenarios y rezar porque pronto se imparta justicia y los manden a todos a tomar viento malagueño.

Mientras, a tomarse las cosas con algo de humor.

Ya está bien con Pepe

El pasado martes por la noche jugaban en el Santiago Bernabéu Real Madrid y Getafe. En juego estaban buena parte de las aspiraciones ligueras del Madrid y eso se tradujo en un partido bronco y con mucha tensión. Ya en el final del partido, una de las internadas hacia el área del Madrid por parte del Getafe culmina con un empujón del defensa central madridista Pepe a el jugador del Getafe Casquero: a priori un penalty tremendamente dudoso más por la constante insistencia de Casquero a dejarse caer que por otra cosa.

El pitido del árbitro suena, en la cabeza de Pepe estalla esa tensión acumulada y pierde los nervios y viendo en el suelo a Casquero le lanza dos patadas sin que ninguna de las dos llegue a impactarle. Una vez visto eso, todos los jugadores del Getafe se lanzan a por él a decirle a saber qué cosas y él, caliente como está reacciona empujando a todo lo que se le viene de frente.

El árbitro, malo hasta la médula, no lo duda y expulsa a Pepe que, una vez que lo tranquilizan levemente sus compañeros se marcha por el túnel de vestuarios no sin antes mentar a las madres del cuarteto arbitral por su nefasta actuación.

Bien, este es un resumen de lo que sucedió. Ni Pepe es Jack el Destripador, ni Casquero una joven inocente a punto de ser violada.

Todo el revuelo mediático que se ha montado entorno a toda esta situación me ha tenido esta semana dándole vueltas al tema.

Pepe no es un jugador violento, no ha tenido nunca un comportamiento fuera de lugar y, entendiendo que perdió los nervios el pasado martes, sencillamente se le impone el castigo que se deba (en este caso 10 partidos de sanción) y el tema zanjado.

¿Zanjado? Parece que no. Muchos piden la cabeza del jugador: que se le rescinda el contrato, que no vuelva a pisar un terreno de juego… Incluso algunos pedían la friolera de 34 partidos de sanción comparándolo con las entradas asesinas de Goikoetxea a Maradona o el pisotón a un árbitro de Stoichkov. (Vamos, lo mismo…)

Mientras, personajes que sí que son violentos, que se dedican a menospreciar el fútbol a base de juego sucio como un tal Daniel Alves, o como muchos otros jugadores de Primera y Segunda, siguen pisando los terrenos de juego sin que ningún árbitro se encargue de decirles que jugar al límite de la legalidad termina por ser ilegal.

Por eso les pido enérgicamente a todos esos hipócritas que se han dedicado a demonizar a Pepe que cuando les suceda algo similar en su propia casa me hagan el favor de pedir que a ese jugador (léase Alves, Albelda o similares), ya no que lo retiren de los terrenos de juego, sino que lo expulsen de la Tierra y lo manden a vivir a Marte.

Schuster destituido

El bombazo periodístico del día de hoy ha sido, sin lugar a dudas, la destitución de Bernd Schuster como entrenador del Real Madrid C.F.

De un tiempo a esta parte la situación deportiva (y extradeportiva) del equipo blanco venía siendo terriblemente complicada y en claro descenso.

Los malos resultados cosechados por el primer equipo, la interminable lista de bajas, la mala imagen y el pobre espectáculo que los jugadores eran capaces de dar sumado a una nefasta situación institucional han acelerado los acontecimientos.

Buscar en la figura siempre polémica de Schuster la cabeza de turco culpable de tal situación es del todo cínico. Los verdaderos culpables no son otros que el presidente Calderón y su mano derecha Pedrag Mijatovic que, con una nula planificación deportiva, han dejado al Madrid fuera de la Copa del Rey, a 9 puntos del Barça y en Champions por los pelos.

Con la llegada de Juande Ramos surge un pequeño hilo de esperanza por cambiar la tendencia y mejorar los resultados.

Veremos qué tal se nos da el Camp Nou.

Yes, we can…

Intentar describir la sensación de muchos españoles aficionados al fútbol en estos momentos se me antoja complicado.

Sencillamente es hoy es un día para el recuerdo, para la historia, para decir alguna vez: «Yo lo ví, yo vi en directo la final de la Eurocopa de 2008, en la que España ganó.» «Ví el gol de Torres, la ocasión de Ramos, las paradas de Iker…»

El fútbol hoy ha sido justo. Ha ganado quien se lo ha merecido. Hemos disfrutado como jamás lo habíamos hecho de nuestra selección.

Así que, qué menos que dedicarle el post a los 23 héroes que nos han hecho sentir hoy campeones de Europa. Y de paso, acordarme también de los cenizos, de los de «de cuartos no pasamos», de los de «como no está mi selección apoyaré a Rusia»… de todos esos que de alguna u otra forma hoy lloriquean.

Nosotros también hemos llorado hoy, pero lágrimas bien distintas.

Gracias:

  • Iker Casillas
  • Sergio Ramos
  • Carles Puyol
  • Carlos Marchena
  • Joan Capdevila
  • Marcos Senna
  • Xavi Hernández
  • Andrés Iniesta
  • David Villa
  • David Silva
  • Fernando Torres
  • Cesc Fàbregas
  • Pepe Reina
  • Santi Cazorla
  • Dani Güiza
  • Xabi Alonso
  • Raul Albiol
  • Andrés Palop
  • Rubén De la Red
  • Juanito Gutiérrez
  • Álvaro Arbeloa
  • Fernando Navarro
  • Sergio García