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La cultura del esfuerzo

Prácticamente desde que nacemos se nos inculca un concepto que algunos tienden a llamar «cultura del esfuerzo».

En realidad la «cultura del esfuerzo» no es más que la relación directa entre el éxito y el esfuerzo que necesitas para alcanzarlo.

La televisión, la literatura, nuestra propia tradición transmite entre generaciones esa «cultura del esfuerzo». Pero cuando ya llevas unos años en esta vida y empiezas a conocer su letra pequeña te asaltan algunas dudas.

¿Qué hay de cierto en esa cultura del esfuerzo?

Nuestro entorno y, en muchos casos, nosotros mismos, obviamos una parte importante de esa relación directa de la que hablaba hace un momento: no es una relación causa – consecuencia. No siempre que nos esforcemos vamos a conseguir el éxito y, lo que es todavía peor, puede darse el caso de que nosotros, o alguien que conozcamos, o veamos por televisión, alcance el éxito sin necesidad de esfuerzo. Y digo lo que es peor porque sienta dos terribles precedentes en nuestro interior: el primero es que es algo factible alcanzar el éxito sin pegar un palo al agua, el segundo, todavía más dañino, es el de pensar de qué nos sirve esforzarnos si a otros ese éxito que buscamos les llegará antes y sin que tengan que mover un sólo dedo.

¿Qué es realmente la cultura del esfuerzo?

Digamos que, en realidad, la relación de la que hablo al principio es una relación de probabilidad. Cuanto más te esfuerces, cuanto más lo intentes, cuanto más te repongas de tus fracasos rápidamente y vuelvas a comenzar mucho más probable será que logres el objetivo que buscas y más duradero será el éxito asociado a él.

Ya, pero ¿cuál es la letra pequeña?

La letra pequeña la conocemos todos pero nos obligamos a olvidarla queriendo creer que el mundo es un lugar idílico. El fracaso, el esforzado trabajador que no tiene para comer, el licenciado que se malvende en un trabajo basura, el vago que termina siendo director, el oportunista que acaba ganando mucho dinero, el rico que se enriquece más, el gobernante corrupto que sale indemne de sus tropelías, el incompetente que ocupa cargos de responsabilidad y, el que más me gusta de todos, el inútil que se cree alguien.

Pero esto no le resta ni un ápice de realidad a la esencia de la cultura del esfuerzo: cuanto más lo intentes, más cerca estarás de conseguirlo. Porque en cada iteración, en cada intento fallido, generamos un bien de valor incalculable: una experiencia más de cómo no hacer las cosas. Y llegará el día, si seguimos intentándolo, que por fin la luz se encenderá.

 

«No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla.»

– Thomas A. Edison.

 

Orden y genialidad: ¿incompatibles?

Vaya por delante que siempre me he considerado un desordenado y estoy muy lejos de ser ningún genio, pero durante estos años he intentado integrar en mi vida cotidiana, con mayor o menor éxito, algunas técnicas para ser ligeramente más ordenado.

Sin embargo, de la cultura occidental, y de la historia en general, nos llegan siempre las visiones de esos genios que cambiaron el mundo, incomprendidos y con una propensión al desorden casi rayana a la enfermedad.

Me surge entonces la duda de si el orden y la genialidad son conceptos incompatibles. Si una persona capaz de resolver un problema, de encontrar una solución a una necesidad, de responder ante cualquier situación de la vida mejor que el resto, es, en esencia, un completo caos.

Entiendo que muchos dirán que conocen casos de personas muy ordenadas y terriblemente profesionales: con una alta capacidad de trabajo, inteligentes, y muy preparados. Bien, pero ¿a cuántos de esos los consideráis verdaderos genios? 

Quizá sea una decisión que no está a nuestro alcance: la mente de un genio concibe tal vez el orden de una forma diferente y de esta manera funcione bien.

O quizá no, quizá la genialidad tiene la opción de alcanzarse a través del disciplinado y esforzado camino de la organización y la estructura.

How to face the tiredness

During these days when I’ve been trying to improve my productivity by applying Kaizen on my daily life, I’ve had to face one new enemy with which I had never thought: the tiredness.

I realized that is hard to find the motivation and the strength to start an activity but it is even more difficult if you are tired.

The best solution to this is, obviously, take some rest. But, what if you couldn’t take it?

In those cases you must focus on the final image.

The final image is a picture of you in the future succeeding your goals. Imagine, for a moment, that you are accomplishing whatever you wanted when you started this journey of productivity. With that picture on your mind, it will be easier to find the strength and the desire to start your duty.

Remember: focus on your future and think in a picture of you succeeding.

The First obstacles in your way

When you start a productivity journey you must be concerned that only with a very strong commitment you will succeed.

But even with that commitment, during the first phase of that journey you will probably have to face with some obstacles that try to make you fail.

Those obstacles aren’t external but from your own mind.

Faced with a change, your mind will try to sabotage you with only one purpose: change nothing.

Therefore, when you are taking the first steps, at the very beginning, remember a simple thing: you have to fight against your mind desires; you have to face them and defeat them.

Only in that case, you will be free to accomplish your goal.

Applying Kaizen to my life

A few days ago I talked about Kaizen as a system to implement an improvement process in our ordinary life.

I want you to be partakers of the process of implementation.

Final goal is to gather information and experiences about the process and how difficult it could be.

So, from now on, I’m going to try to implement Kaizen in my life. Step by step. Only one step at time. And I’m telling you how is it working (or not) and whatever I think about it.

El Secreto de las Tortugas

«… y ahora estamos camino de la frontera y disfrutando a poquitos la vida entera…»

Escuchando esta reversión de Maldita Nerea de un tema que hicieron hace tiempo con Los delinqüentes me viene a la cabeza la sensación de que muchas veces nos encontramos perdidos en un mundo plagado de necesidades que nos hemos ido creando con el tiempo. Esas necesidades, en realidad, nunca han existido pero una sociedad orientada al consumo desmesurado nos empuja de forma incosciente a querer más y más.

Pero si en este torbellino de deseos diferentes nos paramos y somos capaces de ver las cosas con más perspectiva, saliéndonos de nuestra propia concepción de la sociedad y olvidándonos de esos axiomas con los que la televisión, nuestro entorno y el resto de estímulos nos han programado, seguramente caeremos en la cuenta del descoumnal engaño en el que vivimos.

Tener más no es sinónimo de ser más feliz, más bien al contrario, tener más seguramente conllevará querer más y, por ende, necesitar más.

De vez en cuando hay que recordar cosas como «la alegría que se lleva al miedo, los buenos ratos, el sol de Enero y ver contigo cada amanecer.»

Porque… «probablemente no encontremos el camino, pero nos sobrarán las ganas de volar».

Y ése es el verdadero secreto de las Tortugas: hacer las cosas despacito y disfrutándolas al máximo.

La motivación extra

Motivación extra, el ingrediente secreto para el éxito.Hace unos días discutía con mi psicóloga favorita el concepto del «pensamiento mágico».

Según parece, los seres humanos tendemos a buscar explicaciones fantasiosas y propias de los libros de ciencia ficción para tratar de «encajar» en nuestra cabeza situaciones que aparentemente no tienen explicación.

Además, también representa una parte del pensamiento mágico, la sensación de protección y seguridad que este tipo de razonamientos nos proporcionan ante situaciones de dificultad en la vida.

Y creo que podemos aprender algo de este comportamiento. La seguridad y la sensación de control son indispensables para sacar de nosotros ese extra que se requiere para alcanzar esas metas que nos parecen imposibles.

Trabajo duro

«There’s no one who is great at his profession who hasn’t been doing it for at least 6 years — no designer, no programmer, no carpenter, no architect, no surgeon, no teacher, no musician, no artist … you get the point. I dare you to name one. Most have been doing it for over a decade, and are still looking to improve.»

– Zen Habits

Amar con locura

Decía Marguerite Yourcernar: «Amar con los ojos cerrados es amar ciegamente, pero sería una locura intentar amar con los ojos abiertos, viendo siempre al otro tal como es.»

Lo sé. Y sin embargo… Yo pretendo que me amen con locura.

Jorge Bucay