No sé si os suele pasar a vosotros, pero para mí la música siempre ha supuesto un ingrediente fundamental en mi día a día. En cada momento de mi vida, ya haya sido bueno o malo, ha habido una canción.
Y con el tiempo, al volver a escucharlas, rememoro esos sentimientos.
Sucede también, que cuando escuchas determinadas canciones la primera vez, te das cuenta que tienen algo distinto, algo que te llena, que te estremece, que te transporta.
Ese tipo de canciones perduran en el tiempo, como una suave neblina, rodeándolo todo, haciéndolo más real, quizá más soportable, en definitiva mejorándolo.
Ayer sucedió algo así, la escuché y supe que sería una de esas canciones:
“… y ahora estamos camino de la frontera y disfrutando a poquitos la vida entera…”
Escuchando esta reversión de Maldita Nerea de un tema que hicieron hace tiempo con Los delinqüentes me viene a la cabeza la sensación de que muchas veces nos encontramos perdidos en un mundo plagado de necesidades que nos hemos ido creando con el tiempo. Esas necesidades, en realidad, nunca han existido pero una sociedad orientada al consumo desmesurado nos empuja de forma incosciente a querer más y más.
Pero si en este torbellino de deseos diferentes nos paramos y somos capaces de ver las cosas con más perspectiva, saliéndonos de nuestra propia concepción de la sociedad y olvidándonos de esos axiomas con los que la televisión, nuestro entorno y el resto de estímulos nos han programado, seguramente caeremos en la cuenta del descoumnal engaño en el que vivimos.
Tener más no es sinónimo de ser más feliz, más bien al contrario, tener más seguramente conllevará querer más y, por ende, necesitar más.
De vez en cuando hay que recordar cosas como “la alegría que se lleva al miedo, los buenos ratos, el sol de Enero y ver contigo cada amanecer.”
Porque… “probablemente no encontremos el camino, pero nos sobrarán las ganas de volar”.
Y ése es el verdadero secreto de las Tortugas: hacer las cosas despacito y disfrutándolas al máximo.
Don Omar regresa al panorama musical con este sencillo en el que deja atrás su versión más reggaetonera para acercarse a algo más fresco y movido como es el Kuduro.
Por Kuduro se conoce a un estilo musical procedente de Angola y que tiene influencias de estilos africanos y latinoamericanos. Kuduro es una derivación portuguesa de “Culo Duro”. Nos imaginamos por qué.
Con la llegada de las nuevas tecnologías, de internet y del intercambio de archivos, a los amantes de la música se nos abrió un amplísimo catálogo de canciones que nos permitía acceder con pocos clicks de ratón a cualquier canción hecha por prácticamente cualquier grupo en el mundo.
A día de hoy con sistemas como Spotify, Last.fm o con páginas de descarga directa (o incluso Google) podemos estar escuchando la canción que suena en la radio de forma instantánea en nuestro PC.
Pero esta avalancha de posibilidades también ha generado un problema. Probablemente auspiciado por las grandes discográficas en la actualidad no se disfruta de la música: se consume y se devora música.
Hace años, en la época dorada de los vinilos, la gente escuchaba y volvía a escuchar sus discos. Se disfrutaba del momento especial de escuchar música y, lo que es más importante, no existía el concepto “pasado de moda”: todo tenía su sitio.
Ahora mismo, una canción dura entre 3 y 4 semanas en el top 5/10 de cualquier lista de éxitos con suerte: una vez pasado ese periodo esa canción literalmente muere. Y muere porque ha salido otra, de similares características, más nueva, que la sustituye.
La analogía podría ser culinaria. Antaño la música se disfrutaba como el buen vino: se paladeaba, se saboreaba, se exprimía y se intentaba conocer al máximo. Actualmente, la música se consume como las patatas del McDonald’s: uno no sería casi capaz de diferenciar la que se ha comido hace 2 minutos de la que se va a comer ahora.
Y lo que es todavía peor, ese consumo atroz tiene como principal consecuencia la inexistencia de creatividad: si algo funciona se repite hasta la saciedad, no se experimenta, no se prueba.
Por eso hago un llamamiento a los grandes paladares de la música que sé que todavía existen en este país: seguid saboreando la música, no dejéis que nos obliguen a consumirla como si se tratase de pienso para las ovejas.
Vuelven a superarse estos chavales (que ya andan algo creciditos).
Linkin Parka saca a la luz su nuevo album de estudio: A thousand suns (Un millar de soles), y pese a que se alejan notablemente del estilo nu-metal que los catapultó a la fama hace ya unos años, lo compensan con un aumento de la presencia electrónica en sus canciones.
A petición de una amiga y como ya llevaba bastante tiempo sin hacer ningún recopilatorio (exactamente desde finales de 2009), hoy os presento el MusicFest edición especial Julio 2010.