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blade runner 2049

El cine, esa increíble herramienta moderna para contar historias, es capaz de llegar a despertar conciencias con sus obras. Y hacerlo, además, de las formas más variadas. Blade Runner 2049 (2017) es una de esas formas que se salen del guión establecido, que se alejan del relato prototípico para adentrarse, tímidamente eso sí, en formas alternativas de relatarnos historias.

Historia

Blade Runner 2049 es la secuela de la archiconocida Blade Runner (1982) que encumbró a su director, Ridley Scott, a los altares del cine de ciencia ficción y que, a su vez, nos dejó uno de los monólogos más interesantes del mundo cinematográfico.

Blade Runner 1983

Dennis Villenueve dirige esta nueva entrega en la que trata de mantener la práctica totalidad de los ingredientes que hicieran de la original una obra de culto del cine.

K, interpretado por un soberbio Ryan Gosling, es un replicante (en este caso no hay la más mínima duda) que cumple las tareas de Blade Runner: busca y retira todos aquellos androides que han regresado ilegalmente a la Tierra desde las colonias.

En el camino, K se topará con un hecho que puede cambiar el destino de todos los androides, de los seres humanos y de la propia galaxia.

Más allá de las premisas con las que se presenta la historia, Villenueve consigue mantener durante todo el metraje la atmósfera de viaje iniciático, de aventura contenida y alejada de las emociones. K es un replicante que se embarca hacia una tierra prometida que él mismo desconoce.

Lo hace, como ya he dicho, con las mismas armas con las que Ridley Scott se aventuró hace más de 30 años: largas escenas con una expresividad especialmente limitada, diálogos a veces excesivamente opacos, una atmósfera que se torna irrespirable. Pausa. Contención en el mensaje. Pero, además, consigue expandir ese mundo creado en una de las primeras Tierras distópicas del cine, para conformar una narración todavía más profunda. Para sondear todavía más elementos de la esencia del ser humano y de sus caminos.

Al carisma de un Gosling que está mejor que nunca en ese papel de inexpresión absoluta (me recordó irremediablemente a su papelón en Drive), hay que sumarle al holograma en forma de una espectacular Ana de Armas. Más allá de sus increíbles formas, Ana de Armas está perfecta en el papel de IA capaz de sentir emociones. Impagable el diálogo con Gosling acerca de los genes y los bits.

Harrison Ford también está perfecto: la visión de un hombre caduco, lejos de su esplendor (“Hice tu trabajo una vez. Era muy bueno”), en cuya vida el peso de un pasado emocionalmente cargado pesa tanto que huye de él cada día. Con él, Villeneuve construye el nexo de unión con la película original. El agente Deckard es el catalizador del cambio. Es, en realidad, el ingrediente fundamental que da forma a la historia de esta secuela.

Además, muy inteligentemente, mantienen esa eterna duda acerca de su verdadera naturaleza ¿humano o replicante?

Banda sonora y fotografía

Más allá del elemento disruptor que supuso Blade Runner en los años 80, el paso de los años ha puesto especial énfasis en los apartados técnicos de la película.

De esta forma, la fotografía, esa escenografía de una Tierra en profunda decadencia, bajo el manto de una niebla que oprime al espectador, ha sido desde entonces su sello distintivo y ha influido en infinitas obras posteriormente.

Vangelis fue el encargado de crear la banda sonora y lo hizo adaptándola al milímetro al concepto general de la película: canciones plásticas, muy electrónicas, que se ensamblaban con ese discurso lento y cadencioso de la película hasta conformar un único elemento expresivo.

Blade Runner 2049 en cambio se adentra más en el terreno minimalista de la mano del siempre solvente Hans Zimmer. Zimmer no renuncia a esa plasticidad, a esas notas largas, pero si que consigue diferenciarse de la original con canciones más íntimas y menos frías.

Es en la fotografía donde, al menos desde mi punto de vista, la secuela supera de largo a la película original. Planos brutales con el uso de los colores de forma apabullante para el espectador. Secuencias que son un auténtico deleite para los sentidos. Todo un acierto.

El relato filosófico y antropológico

Si Blade Runner (1983) ponía sobre la mesa cuestiones como la naturaleza de la humanidad, aquello que nos convierte verdaderamente en humanos; esta nueva entrega ahonda en la reflexión filosófica para preguntarse qué es lo que nos hace libres.

Se trata aparentemente de una pregunta simple, pero Blade Runner 2049 demuestra que su respuesta es terriblemente compleja. ¿Somos, acaso, marionetas de un destino, de una fuerza superior? ¿Qué es el libre albedrío? ¿Son nuestros sueños las herramientas que, como humanos, hemos creado para romper las cadenas de una esclavitud invisible?

K, ese replicante moderno, ese hombre ligado a la sociedad por un vínculo indestructible ¿puede llegar a soñar? ¿puede llegar a ser libre? Y, de ser así, todo se reduce a la eterna pregunta existencial: ¿quién soy?

Blade Runner 2049

Impresiones

No diré que es la mejor película de 2017 porque no lo es. Reconozco que se hace por momentos excesivamente lenta. Denis Villeneuve juega a replicar a su mentor y hay momentos en los que se excede. Esa obsesión por ser un digno herdero del original le traiciona.

Sin embargo, partiendo de esa base, entendiendo las raíces de la película, de la propia historia, Blade Runner 2049 supone un excelente ejercicio de autoanálisis, de reflexión interna hacia los anhelos propios de la humanidad. Hacia las dudas que, un buen día, unos seres capaces de pensar más allá de su supervivencia, pusieron sobre la mesa. La propia esencia de lo que nos hace seres humanos. La capacidad de decidir nuestro destino. Nuestra libertad.

Nota: 7/10

Pese a que Netflix tenga en su haber un buen número de joyas en los últimos años que nos han hecho disfrutar de lo lindo, hay momentos, hay proyectos, en los que mete la pata.

Lo de Death Note (2017) de Adam Wingard es una de esas cagadas.

Porque se asume la complejidad de adaptar una serie anime. Son obvios los desafíos que plantea y por los que muchos intentos han terminado en fracaso.

El problema de este intento de adaptación es que, sencillamente, ni lo intenta.

Death Note (2003) es una serie manga dibujada por Tsugumi Oba que posteriormente fue adaptada al anime.

La serie alcanzó bastante éxito y Selecta Visión la trajo a las tierras patrias. Sorprendentemente, ha sido una de las pocas series anime que he visto doblada al castellano.

Que tiene el manga que no tenga la película

Death Note

La historia de Death Note comienza cuando Light (Yagami en la versión japonesa y Turner en la adaptación de Netflix) descubre un misterioso cuaderno con una serie de reglas en su interior. Parece ser que, si uno escribe el nombre de una persona en ese cuaderno, esa persona morirá.

Lo que, a simple vista, tiene tintes de ser el aperitivo de una nueva edición de The Ring, Tsugumi Oba lo eleva para convertirlo en una increíble partida de ajedrez entre dos mentes pensantes.

Esa batalla, ese choque de trenes entre el bien y el mal, es lo que hace de Death Note una serie apasionante. Una historia que engancha y que hace debatirse al espectador entre un bando y otro a lo largo de los episodios.

Y es, precisamente eso, lo que brilla por su ausencia en la película.

Adaptar no es eso.

Adam Wingard ha cogido los personajes, ha cogido la idea de un cuaderno de muerte y ha hecho, literalmente, lo que le ha rotado de sus partes blandas. El resultado: un absoluto despropósito.

Si la historia de Death Note se mantiene es porque su autor la apuntala con un potente sistema de reglas, creíble, que convence. Lo importante no es el cuaderno, lo importante es el enfrentamiento, en un tablero definido, con límites, en los que el espectador se siente cómodo porque no pretenden engañarle.

La película, en cambio, juega fuera, muy fuera, de esos límites, saltándose a la torera esa férrea estructura que mantiene en pie la historia. De esta forma, consigue un efecto doble: a los más fanáticos de la serie, los decepciona por adaptar tan lamentablemente una historia con potencial y, al mismo tiempo, aquel que se aproxima a la historia por primera vez, le ve tantas grietas al argumento, que destroza la magia que podría haber tenido la película.

Conclusiones

Es una verdadera lástima, pero, por enésima vez, la traslación de la animación japonesa a la superproducción americana termina en rotundo fracaso. Entiendo que existen limitaciones, que el desafío es grande. Pero hay veces, como esta, que lo que han faltado son luces para entender de qué iba lo que se pretendía adaptar.

Muy prescindible.

Nota: 3/10

Valerian

La ciencia ficción es un arma de doble filo especialmente en el cine.

Con la llegada de los efectos especiales, del CGI y de todo lo que les rodea, un buen director de cine, con una buena idea, puede cometer el grave error de cederle el protagonismo a los paisajes hechos por ordenador o a las batallas en tres dimensiones y alejarse de la verdadera esencia del género.

Valerian y la ciudad de los mil planetas adolece probablemente de ese fallo.

Porque, en sí, la idea inicial y el escenario donde se desarrolla la historia son la más maravillosa definición de lo que debería ser una película de ciencia ficción: mundos imposibles, civilizaciones futuras, conceptos que chocan de frente con lo establecido y que empujan al espectador a hacer un ejercicio de interpretación y acomodación de lo que está viendo.

Pero, en seguida, casi sin dejarte saborear esos preciados instantes: el desastre.

Los grandes desaciertos de la película

Primero, por el importante despropósito del cásting: ninguno de los dos protagonistas tiene el más mínimo carisma y su conexión en la pantalla brilla por su ausencia. Segundo por Rihanna. Entiendo que sea un reclamo, puedo aceptar que quiera su minuto de gloria, pero lo de hacerle un videoclip a medida en medio de una película me parece un verdadero disparate.

Sumémosle después, un guión soso, predecible, excesivamente infantil, a ratos soporífero. Y concluyamos con unos personajes desdibujados, como descritos con prisa, sin ganas.

No me negaréis que tenemos los ingredientes fundamentales para cocinar a fuego lento una película prescindible. De las que nos rellenan las tardes de un domingo de agosto.

Una verdadera lástima, si, como decía al principio, partíamos de la base de tener los elementos necesarios para construir una gran historia.

Todavía hay esperanza

Es justo, sin embargo, reconocerle momentos para la esperanza en el género: escenas que sí que son capaces de mover la imaginación del espectador, de llegar incluso a la exclamación. Lamentablemente fueron pocas y aisladas y quedaron diluidas entre tanto metraje accesorio.

Eso la salva del suspenso.

Eso, y su música:

Nota: 5/10

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Dunkerque

Christopher Nolan ha vuelto.

Con esta frase, escueta, simple, sin más, se puede resumir lo que significa Dunkerque (2017), la nueva producción del director británico que se estrenó el pasado viernes.

Y sin embargo, en esta maravillosa obra del cine bélico, vamos a disfrutar del menos Nolan de todos.

La historia

Pero empecemos por lo básico.
Dunkerque (2017) relata los hechos acontecidos en la costa francesa durante los inicios de la II Guerra Mundial. En las playas de Dunkerque, arrinconados los ejércitos inglés y francés por la demoledora maquinaria de guerra nazi, se fraguó una de las mayores retiradas de un ejército de la historia.

El Reino Unido, desesperado por la más que probable pérdida de casi todo su ejército, movilizó a todas las embarcaciones de recreo para terminar rescatando a más de 300.000 soldados de las costas francesas y de su más que segura muerte a manos alemanas.

Me quedo con una idea que leí hace unos días en un artículo acerca de esta batalla: muchos de los rescatados durante aquella semana volverían años después a pisar de nuevo las arenas de la costa francesa, esta vez en Normandía, para terminar con lacra nazi en Europa y devolver la libertad a sus ciudadanos.

Los personajes

Con tal de no desvelaros nada de la trama, me voy a abstener de contaros mucho acerca de los personajes. Baste decir que son una suma de distintas historias entrelazadas que convergen en las aguas del canal de la Mancha.

Personajes eso si, con el marcado carácter al que dota siempre a sus protagonistas Christopher Nolan y que son capaces de transmitirnos las emociones más profundas en medio del fragor de una batalla que se adivina perdida de antemano.

No hay ninguno que desentone (ni siquiera el ex One Direction, Harry Styles) con mención especial a Tom Hardy que, definitivamente, se ha convertido en uno de mis actores favoritos. Con qué poco es capaz de transmitir tanto.

La banda sonora y los efectos especiales

Dunkerque no sería lo que es sin su colosal puesta en escena. Impecable factura de efectos especiales y banda sonora que hacen casi obligatorio su visionado en pantalla de cine. Un disfrute para los sentidos, capaz de sumergirte de pleno en la crueldad de la guerra.

La música, a cargo, como viene siendo habitual en cualquier película de Christopher Nolan, de Hans Zimmer, impregna absolutamente cada minuto de metraje de la tensión necesaria para vivir la historia.

Opinión

Como decía al principio, Christopher Nolan ha vuelto. Y lo ha hecho, en parte, alejándose un poco del Nolan al que estábamos acostumbrados.

Dunkerque (2017) es, sin ningún género de dudas, su película más seria, más concreta, más directa. No hay lugar (prácticamente) para la reflexión o el análisis. Es la esencia de la guerra más absoluta. Y, en parte, eso le hace perder más que ganar.

Para mi, toda la filmografía de Nolan tiene un nexo común: al acabar cualquiera de sus películas, desde Memento hasta Interestelar, uno no desconecta de lo que acaba de ver. Sigue intentando encontrar explicación a las reflexiones, los análisis, las frases que han ido surgiendo durante la historia.

Dunkerque se aleja de ese patrón para acercarse al hiper realismo que ya nos regaló en su día Spielberg con Salvar al Soldado Ryan. Una vez terminas de verla, todavía con dificultad para respirar por la interminable tensión que genera, la historia se cierra. Tal vez sientas interés por descubrir más acerca de lo acontecido en Dunkerque, o en la II Guerra Mundial en general. Quizá todo lo visto te haga pensar, una vez más, acerca del sinsentido tan absoluto que es la guerra, como rebaja la condición humana, como nos convierte en seres peores que animales. Pero no existe es punto de más, esa reflexión hacia adelante, ese pensamiento hacia lo que podría ser. Dunkerque es una historia para pensar hacia atrás.

Y pese a todo Nolan cumple con nota. Con tanta nota que uno no puede hacer otra cosa que rendirse ante la evidencia de que, haga lo que haga este señor, termina siendo una auténtica joya del cine.

Nota: 9/10

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Bueno, pues después de la friolera de tres meses sin escribir, hoy me vuelvo a poner a los mandos de esta nave para soltar toda la bilis que pueda sobre la tremenda decepción que ha supuesto para mí Manchester by the sea.

La película

Sinopsis

Tal vez sea este uno de los mayores problemas de la película: su historia. A un oscuro y apático Lee Chandler (Casey Affleck) le comunican la noticia de que su hermano ha fallecido y que tiene que volver a su pueblo para hacerse cargo de los preparativos del funeral y de su sobrino, Patrick (Lucas Hedges).

A partir de ahí, la vuelta traerá consigo el recuerdo de una vida pasada, de las sombras tras ella y de los motivos que explican por qué Lee se ha querido alejar del mundo.

Los personajes

La historia orbita casi exclusivamente entorno a la figura de Lee Chandler (Casey Affleck). El gran problema de éste es que su actuación, intuyo que por mandato del director-guionista, es plana hasta la extenuación. Es un personaje sin vida. Su pasado se la ha arrebatado por completo y ahora se dedica a malvivir, a dejar que los días pasen frente al televisor, con una cerveza y comida precocinada. El espectador, en algún momento, puede tener la tímida intención de empatizar con él, de entenderle. Pero se diluye entre escenas eternas de diálogos vacíos y de silencios que no conducen a nada.

El otro gran personaje es Patrick Chandler (Lucas Hedges) que es el que, y por esto habría que darle las gracias, da un poco de vida a la película. Un chaval normal, de pueblo, que ya esperaba la marcha de su padre y que sólo pretende seguir con su vida. Quizá el director pretenda hacernos ver que él es el yang de Lee, la antítesis. Una persona con una vida y con un proyecto de futuro. Lo cierto es que no lo se.

La banda sonora y la fotografía.

Si algo salva del descalabro más absoluto a esta película es su excelente fotografía y su sabia, aunque bastante típica, elección musical. Las secuencias del puerto de la ciudad, lleno de contrastes, con Albinoni de fondo, transmiten la sensación de paz que se puede vivir en cualquier pueblecito costero. Pero son espejismos, oasis en una historia anodina. No le aportan excesivamente mucho al conjunto pero se agradecen.

Los problemas

Viene siendo ya costumbre en eso del cine independiente el intentar vendernos la burra de que es el espectador el que tiene que hacer el esfuerzo. Que lo que se dice y lo que subyace son cosas distintas y el verdadero mensaje está en lo segundo. Manchester by the sea no cuenta absolutamente nada. Así de simple. Tiene un inicio tibio, lento, en el que uno a duras penas se hace a su protagonista. Luego las situaciones van sucediendo sin parecer querer llegar a ningún sitio. Y esto precisamente es lo que me termina por desconectar de la historia: es un canto a la nada.

He leído a mucha gente alabando la capacidad que tiene el director de rescatar las emociones de un hombre roto por las circunstancias, de un moribundo emocional que solo busca alejarse de la sociedad. Podría comprarles el mensaje si no fuera porque Affleck lo mismo da que este reconociendo a su hermano muerto que viendo un partido de hockey, sus facciones son las mismas. Podría aceptarlo si no hubiera tenido que tragarme más de 2 horas de metraje plagado de conversaciones sin sentido ni objetivo.

En definitiva, una obra mediocre, con actuaciones mediocres, que hace que entienda todavía menos el Oscar a mejor actor de Casey Affleck teniendo la soberbia actuación de Mortensen en Captain Fantastic.

Nota: 5/10

Star Wars: Rogue One

Y cuando ya no quedaba esperanza, sucedió.

Star Wars ha vuelto

Un año después del bochornoso espectáculo de El Despertar de la fuerza, el director Gareth Edwards, que venía con el cuestionable honor de haber filmado el prescindible remake de Godzilla, le ha enseñado al famoso J.J. Abrams cómo se tienen que hacer las cosas.

Con Star Wars: Rogue One, lo que vendría a ser un Episodio 3.5, la saga vuelve a la senda de la que no habría de haber salido jamás: cine palomitero de fantasía.

Esta nueva entrega, que se ha bautizado como spin-off de la saga oficial, aúna todos y cada uno de los elementos que convirtieron hace más de 30 años a Star Wars en un icono del cine de aventuras.

Así que hoy se puede decir bien alto que, por fin, Star Wars ha regresado.

Argumento

Una historia de muchas historias

Star Wars: Rogue One tiene un inicio trepidante en el que se asientan las bases de la situación de la galaxia. Se plantean o, más bien, se esbozan, los personajes que van a ir haciéndose hueco durante el desarrollo de la historia.

Lo fundamental, lo que ya marca el devenir del resto de la película, es que ya en los primeros diez minutos de metraje uno respira la atmósfera de una epopeya. Planetas lejanos. Mundos olvidados. Leyendas vivas. Personajes con carisma. Todo eso, en diez minutos. Imaginad la sensación, sentado en la butaca, cuando uno está ante los hilos de una historia que siente como inconmensurable.

Un desarrollo sostenido y coherente

Y con estos mimbres, el bueno de Edwards se dedica a contarnos una historia en la que entreteje los elementos más puristas de la saga de las galaxias junto con la libertad que le proporciona disponer a su alcance de un universo por descubrir. Las escenas de acción encajan a la perfección con el paso lento de los momentos más ideológicos, más políticos y con aquellos más sentimentales.

El proceso, además, lo disfruta uno con la impresión de que en ningún momento se pierde la coherencia con los axiomas básicos de la historia. Aquí no hay ningún personaje capaz de dominar la Fuerza cuando cinco minutos antes desconocía su existencia.

Una trama más adulta

Otro de los grandes elementos de la película es el tono de su historia. Alejada de infantilismos y mercantilismos, Star Wars: Rogue One nos muestra las sombras de la constante lucha de la resistencia galáctica contra el malvado Imperio Galáctico. No existe, en este relato, una división meridiana entre buenos y malos. Hay lugar para los grises, para las personalidades que se difuminan entre el objetivo honorable y los medios oscuros para lograrlo.

Con ello, sus personajes adquieren un grado más de profundidad, en especial el joven Cassian Andor (interpretado por Diego Luna), que se aleja del prototipo de héroe perfecto para acercarse más a los defectos de la humanidad.

Personajes

Grandes protagonistas secundarios

Este spin-off está protagonizado por personajes tangenciales a la saga central y, por tanto, estaríamos hablando de que la historia orbita entorno a personajes secundarios de la Guerra de las Galaxias.

La primera e indiscutible protagonista de Star Wars: Rogue One es la joven Felicity Jones en el papel de Jyn Erso. Hija de un importante científico del Imperio, su rol será fundamental en todo el desarrollo de la película. Es, junto con Andor, el personaje que más evolución sufre a lo largo del relato.

El segundo, en una especie de dúo Han Solo-Leia, es el mejicano Diego Luna, dando vida al joven rebelde Cassian Andor. Como ya he mencionado antes, es un personaje alejado de arquetipo de héroe en el que la lucha entre el Lado Oscuro y la Fuerza se hace más patente.

Y para cerrar el trío de personajes fundamentales, el gran villano, el teniente comandante del Imperio, Orson Krennic, interpretado por un muy solvente Ben Mendelson, que nos permitirá apreciar las debilidades que el Imperio comenzaba a tener en su propio seno. Y el miedo latente al poder del Lado Oscuro.

El carisma en los verdaderos secundarios

Si a este buen trío de actores le añadimos algunos secundarios realmente buenos, como el gran Forrest Whitaker haciendo de el extraño Saw Gerrera, a Mads Mikkelsen interpretando al padre de Jyn, el científico Galen Erso y, sin ningún género de dudas, el increíble Donnie Yen en el papelón del monje guerrero Chirrut Îmwe (personaje al que directamente le daba un spin-off a él solito), nos queda un elenco de actores y personajes más que decente.

Mención especial: KS2O

Sin embargo, si alguien aparece por encima del resto como una sorpresa absoluta, éste es el robot KS2O. Alejados ya de copias baratas de R2D2, sin la necesidad de hacer un producto que se vaya a vender en Amazon, Edwards dibuja a un increíble androide imperial reprogramado para servir a la Rebelión. Es el contrapunto perfecto en la mayoría de situaciones de tensión. Así, añade esa pizca de humor socarrón que tanto se echó de menos en el Episodio VII. Todo un acierto.

Conclusiones

Un gran acierto

En todos los aspectos Star Wars: Rogue One da en el blanco. Nos recuerda que el cine de aventuras con el que crecimos, el que se gestó allá por los 80 y que mantuvo embobados a la gran y pequeña pantalla a millones de niños y adolescentes, todavía tiene un hueco entre tanto refrito insalubre. Todavía podemos disfrutar de una verdadera historia de aventuras con sus héroes y villanos y con sus objetivos nobles.

Esta película devuelve, al menos en parte, la ilusión que muchos perdimos al ver la desastrosa continuación de la saga hace un año. Puede que todavía quede esperanza para la Guerra de las Galaxias.

Porque ya sabéis:

Las rebeliones se construyen con esperanza.

Nota: 8/10

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Un monstruo viene a verme

Hoy os traigo un combo de uno de los fenómenos audiovisuales de los últimos meses: crítica y reseña de Un Monstruo viene a verme.

La novela

No siempre hay un bueno. Ni siempre hay un malo. Casi todo el mundo está en algún punto intermedio.

Primero empezaré por la novela, de Patrick Ness, que cayó en mis manos a raíz de la publicidad que estaba teniendo la película.

Argumento

Un Monstruo viene a verme es una novela relativamente corta (rondará las 200 páginas) acerca de la vida de Connor O’Malley. Connor es un joven británico de 11 años que vive una compleja situación: su madre está enferma y sobre él ha recaído la pesada carga de sobrellevar el día a día. Su situación en el colegio no es mucho mejor, lo cual contribuye a dotar a su realidad de una neblina de pesimismo y tristeza.

Inmerso en esa lucha diaria con su madre, Connor sufre noche tras noche una pesadilla que se repite y que trastorna hasta lo más profundo de su alma. Sus miedos condesados en su inconsciente.

Y de repente, en medio de una de esas tormentosas pesadillas, aparece un monstruo.

Ness juega brillantemente con el equilibrio entre lo real y lo imaginario, entre realidad y sueño, para dotar al monstruo de una fina capa de realismo. No es un monstruo común, no se trata de una aparición cualquiera, propia de nuestros miedos infantiles, de los cuentos de la abuela. El monstruo representa algo mucho más profundo. Y es, precisamente, el simbolismo que rodea a ese personaje, lo que imprime en la novela una fuerza considerable.

Es la relación entre Connor y ese monstruo sobre la que Ness cimienta el desarrollo de la narración. Sus largas conversaciones, las historias que el monstruo utiliza como parábolas, ayudan a perfilar la relación maestro-discípulo, el proceso de iniciación. Porque si de algo va esta historia es, fundamentalmente, del paso de la niñez a la edad adulta. De la comprensión acerca de la vida misma cuando las nubes de la infancia se despejan. Cuando se abre el camino hacia la verdad absoluta.

Junto con esto, la novela profundiza en otro aspecto crucial: la relación niño-adulto. Y lo hace desde la perspectiva del niño, de aquel que empieza a comprender pero no le dejan. De un mundo que previene a los niños que no son tan niños de todo contacto con la realidad con tal de protegerlos. O más bien sobreprotegerlos.

Personajes

Conor O’Malley. Protagonista indiscutible. Niño no tan niño pero demasiado niño para ser adulto. Aprenderá demasiado pronto la realidad de la vida misma, de sus dificultades, pero con ello también aprenderá el verdadero significado de amor incondicional. La verdad que esconde en su corazón, la que le atenaza el alma, será la que finalmente le libere y le abra las puertas a la edad adulta.

El Monstruo. El símbolo. El árbol sobre el que las ramas de la historia crecen. Es el catalizador de Conor, la brújula que le indica el norte en la senda hacia a la adultez. Su existencia no queda del todo bien definida dotándole de esa atmósfera de misticismo: ¿es una ilusión? ¿un delirio? ¿una consecuencia? O realmente existe y todos tenemos ese monstruo dentro de nosotros.

La madre de Conor. A pesar de ser un personaje secundario, tiene un papel tan fundamental en la historia como el propio Conor. Es el yang, la cara amarga de la historia. Está enferma y sufre por dos: por ella y por su hijo. Es la relación entre ella y Conor la que dice más en menos.

La abuela y el padre de Conor. Representan, junto con sus compañeros de colegio, el exterior, el entorno de Conor. Algunos opresivos, otros amigables pero distantes y algunos incluso violentos. Es el día a día al que se tiene que enfrentar Conor.

Sensaciones

A veces las joyas literarias vienen envueltas en largas novelas de una saga épica que queda escrita para la eternidad. A veces, como es el caso, son pequeñas historias que tienen mucho más detrás de lo que a primera vista parece.

Un monstruo viene a verme es más que la historia de los problemas de un niño de 11 años y de su madre enferma. Induce a la reflexión acerca de la propia vida. De cuándo y cómo dejamos de sentirnos niños, invencibles, eternos, para comprender la realidad de nuestra existencia. Cuando nos enfrentamos cara a cara a la crueldad de la vida, cuando miramos a los ojos a la injusticia y entendemos que no hay juez que la imparta, que no podemos buscar justificar el dolor porque forma parte inherente de la propia existencia.

Pero también habla de esperanza, de amor y de futuro. Habla de los dos lados de esa moneda que cada mañana lanzamos al aire esperando lo mejor de ella.

E historias así, merecen la pena ser leídas.

Nota: 7/10

La película

Adaptación

Juan Antonio Bayona hace una adaptación de la novela de Ness prácticamente perfecta. No hay peros. Y mira que resulta complicado cuando estamos hablando del paso al celuloide de cualquier obra literaria. La película sigue con milimétrica brillantez la línea argumental de la novela. Especial mención para las escenas que reproducen las historias contadas por el monstruo, de una belleza espectacular.

Interpretación

Si algo importaba a la hora de elegir el elenco, sin ningún género de dudas, era quien iba a interpretar al pequeño Conor O’Malley. La elección de Lewis MacDougall me parece acertadísima. Si la película convence es gracias a su irreprochable actuación.

Junto a él, Felicity Jones en el papel de madre y una fantástica Sigorney Weaver en el de abuela, conforman el reparto principal de la película. Todos con un nivel notable.

Mención a parte tiene el papel del monstruo. Una majestuosa animación en tres dimensiones cuyos dos elementos fundamentales son sus ojos y su boca. La expresividad del monstruo está fuera de toda duda. Y eso lo hace creíble. Tan creíble que el vínculo que une al monstruo y al pequeño Conor se agiganta en cada escena.

Banda sonora y fotografía

Si a todo lo dicho le añadimos una banda sonora que arranca de la piel los pelos para convertirlos en verdaderas escarpias.

Y si además jugamos con escenas pintadas en acuarela, animaciones preciosistas y un juego de luces y sombras durante toda la película, a uno no le queda otra cosa más que rendirse ante la magnífica obra de Bayona.

Sensaciones

La película es un ejemplo maravilloso de como llevar al cine una historia y hacerla todavía más grande. La magia del cine es esta: la de convertir en realidad nuestra imaginación. Si para mi El Orfanato era una obra maestra del cine de terror, Un monstruo viene a verme es una auténtica piedra preciosa del drama. De esas películas que uno sale con el sabor agridulce que dan las historias que no tienen vencedores ni vencidos, en las que no hay buenos y malos.

Porque, y esto es los verdaderamente importante, en la vida real, no los hay.

¿A qué estás esperando para ir a verla?

Nota: 8/10

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Al cine argentino le pasa un poco como a Messi: o lo adoras hasta casi endiosarlo o lo defenestras hasta cubrirlo de lodo.

Y en cierto modo esta dicotomía no anda lejos de ser justa. El cine argentino es… especial.

Al final del túnel (Rodrigo Grande) es de aquello que llaman “coproducción” hispanoargentina y que viene a significar que hay actores de ambos lados del charco y que la plata también se reparte. Lo que suma, y mucho, es el talento de ambos países.

Si uno salva el efecto relativamente desagradable que provoca ver a Clara Lago impostando el acento porteño, esta película es de las de guardar en el cajoncito de “buenas pelis” para cuando uno tenga algún rato libre.

Para empezar tenemos a Leonardo Sbaraglia. ¡Qué porte tiene este señor siempre! Hasta cuando hace de tullido se come la pantalla por los cuatro costados.

Así, un Sbaraglia lisiado es quien nos introduce en una historia oscura, de engaños (a los personajes y al espectador), algunos evidentes y otros menos, con el telón de fondo de un atraco a un banco.

A la Lago la vemos crecer conforme se desarrolla la historia, ya digo, superando el estupor que produce tener la sensación de que la están doblando. Y para cerrar el trío mágico de actores, un genial Pablo Echarri que hace de malo, pero de malo malísimo. De esos que te provocan un miedo atroz casi desde su primera línea de diálogo.

Con estos mimbres, sólo nos faltaba una cosa, que la historia mereciera la pena, y teníamos una película redonda. Y, contra todo pronóstico, así fue. Una cinta que te mantiene taladrado a la butaca sus dos horazas de duración y que por momentos convierte a la atmósfera de la sala de cine en casi irrespirable.

Ya digo, cine argentino. Una lotería.

En esta, toca el premio.

Nota: 8/10

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Critica - Antes de ti

Por fin volví a una sala de cine. Después de demasiado tiempo tuve la oportunidad, al fin, de disfrutar de la adaptación cinematográfica de la novela de Jojo Moyes: Yo, antes de ti.

Argumento

Antes de ti (2016) a la que, inexplicablemente le han sisado el sujeto, comienza con su protagonista, una divertida aunque algo despistada Lou Clark (Emilia Clarke) en busca desesperada de trabajo. En un último intento, desde el servicio de empleo, le ponen en contacto con la familia Traynor, que anda buscando una cuidadora.

Es allí donde Lou conocerá a Camille Traynor, la matriarca de la familia. Ella será la encargada de explicarle en qué consistirá su trabajo: cuidar de su hijo tetrapléjico, Will Traynor.

A partir de ahí Lou y Will comenzarán una interesante relación que les llevará a sondear los caminos de la amistad, haciendo reflexionar al espectador acerca del verdadero sentido de la vida.

Personajes

La historia gira fundamentalmente entorno a dos personajes:

Lou Clark (Emilia Clarke): Es la hija pequeña de los Clark, una modesta familia que sobrevive con poco. Tras quedarse su hermana embarazada, aumentan las necesidades de su familia. Por lo que Lou debe renunciar a muchos de sus sueños.

William Traynor: (Sam Claflin): Tras un accidente de moto (del que hablan en los primeros minutos de la película) Will vive postrado en una silla de ruedas. El accidente y la posterior rehabilitación han hecho de Will una persona dura, arisca, alejada del mundo. Es una persona solitaria y encerrada en si mismo.

La elección de estos dos actores, cuya química es innegable desde el primer minuto, junto con el resto del elenco, ha sido uno de los grandes aciertos de la película, llevando a la gran pantalla casi de forma milimétrica lo que Jojo Moyes nos cuenta en la novela.

Fotografía y Banda Sonora

Si hay algo que destaca por encima de todo son dos factores importantes para toda película: la fotografía y la música.
Con unas imágenes de Inglaterra francamente espectaculares, Antes de ti transmite esa atmósfera de pausa y calma casi eternas de un pequeño pueblecito inglés. Junto con esas impresionantes imágenes, una banda sonora muy a la altura de las circunstancias. Os recomiendo enérgicamente la canción compuesta por Imagine Dragons: Not Today.

Adaptación

El gran desafío de las adaptaciones cinematográficas es el que sean capaces de saltar el abismo que puede haber entre la imaginación del lector y la realidad de los personajes y la historia. Antes de ti solventa con creces el reto y se muestra como el complemento perfecto para la novela.

No os voy a engañar, Antes de ti es una peli para llorar. Para terminar con el corazón en un puño y salir de la sala pensando mucho acerca de muchas cosas: del amor, del destino, de los miles de futuros posibles y de la vida.

Y ya sabéis lo que me gusta a mi llorar en el cine.

Nota: 7/10

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Entre examen y examen he podido sacar un poquito de tiempo para uno de mis placeres favoritos: sentarme en el sofá a disfrutar de una buena película.

Después de postergarlo durante algún tiempo tuve la oportunidad de ver The Witch (La Bruja), una producción dirigida por Robert Eggers y protagonizada por una inquietante Anya Taylor-Joy.

Argumento

The Witch se desarrolla en Nueva Inglaterra en 1630, con la llegada de muchos colonos ingleses que buscaban tierras en la recientemente descubierta América.

Los protagonistas, una familia de devotos cristianos, tienen que salir del pueblo donde viven por alguna desconocida razón y terminan construyendo una pequeña granja frente a un misterioso bosque.

A partir de ese momento, los extraños sucesos comienzan a ocurrir. Lejos de tratarse de sucesos paranormales, The Witch ahonda en la mente de una familia con profundas convicciones religiosas y con un intenso juego de luces y sombras transmite al espectador la tensión que envuelve a la familia.

Personajes

Ralph Ineson: Es William, el patriarca de la familia. Sólo su voz (vi la película en VO) es suficiente para transmitir miedo. Su papel es fundamental en el devenir de los hechos y actúa como centro de gravedad de la familia.

Kate Dickie: Es Katherine, la madre. La más devota de todos. Es la que más añora los viejos tiempos en Inglaterra y la que más muestra el estereotipo de ceguera religiosa: superstición y fe a partes iguales.

Harvey Scrimshaw: Es Caleb, el segundo hijo del matrimonio. Profesa un profundo respeto por su padre y por sus enseñanzas religiosas hasta el punto que afectarán a su percepción de la realidad.

Ellie Grainger y Lucas Dawson: Los mellizos Mercy y Jonas. A mi, qué queréis que os diga, son los que más miedo me dan. Tienen algo profundamente extraño en su actitud. Su relación con el carnero negro Phillip resulta de lo más perturbadora.

Anya Taylor-Joy: Thomasin, la hija mayor. Es alrededor de la que realmente gira toda la historia. Hace un papelón. Se encuentra a medio camino entre la fe absoluta e inquebrantable de sus padres y las dudas propias de la adolescencia. Su papel es el más interesante de todos.

Fotografía

Si en algo destaca soberanamente la película es en su fotografía. La oscuridad es el elemento común en prácticamente todo el metraje, con una sensación a caballo entre la opresión propia de la falta de luz y lo siniestro de lo que “se intuye pero no se ve”.

Banda Sonora

Otro elemento crucial para el desarrollo de la historia es su banda sonora. Aparece en los momentos justos para añadir, si cabe, más tensión a las escenas.

Conclusiones

Sin lugar a dudas The Witch es una película interesante. A ratos, no lo negaré, puede tornarse en tediosa por el lento desarrollo de la historia. Sin embargo, los últimos 20 minutos son realmente intensos, llevando al clímax todo ese suspense.

La historia además, está basada en un compendio de leyendas y documentación de la época, lo que le otorga un punto más de verosimilitud al relato. Así que, si no eres muy aficionado a las películas de miedo, igual no es buena idea que la veas.

Nota: 6.5/10

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