Conforme se acerca la fecha señalada, 1 de noviembre de este año (en USA), empezamos a conocer más sobre lo que puede ser uno de los estrenos de este 2013. Lo que tenemos ahora es el primer tráiler de la película.
El Juego de Ender, como os comentaba hace unos años, es la primera novela que Orson Scott Card le dedica al joven Ender Wiggin y a su lucha contra la invasión de los insectores. La adaptación cinematográfica pinta espectacularmente bien con actores de la talla de Harrison Ford o Ben Kingsley y en este primer aperitivo podemos empezar a disfrutar de sus impresionantes escenas de acción.
Cuando vas a ver una película muchos y diferentes pueden ser los motivos que te lleven a hacerlo. En Tesis sobre un homicidio hay sólo uno: Ricardo Darín.
Debe darte igual que la producción venga de la mano de los que crearon ese milagro del cine que es “El Secreto de sus ojos“. Es más, debes obviarlo, porque comparar este experimento de cine de intriga con la obra maestra de Juan José Campanella desmerecería en exceso a la primera.
Tesis sobre un homicidio está lejos de ser una película que se recordará en el tiempo pero eso no es suficiente para que no pueda ser una alternativa válida viendo cómo está últimamente la cartelera. Roberto Bermúdez (Ricardo Darín) es un ex-abogado que ahora ejerce como profesor en la Facultad de Derecho, en medio de una de sus clases se produce en el aparcamiento de ésta un brutal asesinato. No hay sospechosos, no hay pistas, pero Roberto empieza a sospechar de uno de sus alumnos, el enigmático Gonzalo Ruiz (Alberto Ammann), hijo de una antigua íntima amiga de Roberto.
A partir de ese momento un juego de luces y sombras, de realidades y suposiciones sumergen al espectador en una constante duda de lo que es real y lo que no lo es. Pero lo que en realidad hace que la película sea atractiva es que el peso argumental de toda ella recaiga en los hombros de Ricardo Darín. Cada escena, cada imagen, gira entorno a él y responde como lo hace siempre: de forma magistral.
Lo demás a veces resulta hasta superfluo. Darín te seduce con esa mirada como cansada del mundo en el que vive, te lleva a su terreno y te golpea, te hace quererle, te hace dudar de lo que dice, te hace odiarle, te hace desconfiar de todos incluyéndole a él, te susurra con ese acento porteño que todo lo que ves es irreal y todo lo que no ves es cierto.
Luego la película termina y te despiertas de esa ensoñación pensando que, tal vez, el argumento sea demasiado simple, el final demasiado abierto, la construcción demasiado manida, pero por suerte ya es demasiado tarde.
Hablar de una película de Steven Spielberg con Daniel Day-Lewis como protagonista son palabras mayores. Uno sabe que lo que va a ir a ver al cine es algo de calidad.
Si además se junta que la música corre a cargo de John Williams y que, encima, entre los actores de reparto se encuentra Tommy Lee Jones uno se empieza a ilusionar.
Lincoln (2013) es el resultado.
Una película que pese a sus más de dos horas y media de duración se hace corta. Con la actuación sublime de su protagonista y una puesta en escena magnífica.
Pero hoy no vengo tanto a hablaros de las bondades de la película en sí, que son bastantes sino del poso de reflexión que deja una vez la has visto.
En Lincoln se nos narra el proceso de desarrollo y aprobación de la decimotercera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América en medio de la cruenta Guerra de Secesión a finales del siglo XIX.
Esta guerra vino precisamente producida por la divergencia de opiniones entre los estados del norte y del sur acerca de la cuestión de la esclavitud.
Resulta verdaderamente interesante ver plasmadas opiniones que ahora mismo nos parecerían propias de bárbaros en personajes políticos históricos de no hace más de 250 años.
“Homo homini lupus” [http://es.wikipedia.org/wiki/Homo_homini_lupus] decía Hobbes y durante los miles de años que el ser humano ha poblado la tierra, para nuestra desgracia, así ha sido.
Somos un lobo para nosotros mismos. En nuestro interior radica el mayor de los bienes pero junto a él se esconde el más peligroso de los males. Es complejo entender el proceso que lleva a un ser humano a dar rienda suelta a esos instintos tan animales en contra de elementos de su misma especie.
Entiendo que habrá muchos estudios psicológicos que profundicen en la materia y sean capaces con mayor o menor tino de explicar esta cuestión. Aún así, sigue siendo un problema sin solución sencilla.
Lincoln nos muestra una sociedad racista, machista y corrupta.
¿Qué nos diferencia de ellos 250 años después?
Pues no penséis que mucho.
Sí, es cierto, hay un presidente negro en la Casa Blanca, la mujer tiene una integración social mucho mayor, y la corrupción, bueno, la corrupción es otro tema.
Pero aún así estamos todavía tremendamente lejos de alcanzar el grado de progreso que nuestra inteligencia superior, o al menos aparentemente superior, se merece.
Todavía tendemos a despreciar lo ajeno, a temer lo que desconocemos, a volcar nuestras iras en aquellos que son “diferentes” a nosotros: las mujeres no deberían trabajar, los extranjeros no deberían venir, la culpa de todos los males la tiene el que no es como yo.
Todo es una cuestión de responsabilidad. Responsabilidad humana. Saber que nosotros y sólo nosotros somos los responsables de nuestro destino. Que cuando echamos la culpa a las circunstancias, al de al lado por ser diferente, a la de enfrente por no ser como yo, sólo estamos demostrando la cobardía propia del débil.
El problema, y ese es el poso reflexivo del que os hablaba, es que para alcanzar el progreso que nos lleve a una situación ideal necesitamos el consenso, necesitamos llegar a él a partir de nosotros mismos, todos y cada uno sin distinción.
Es la esencia de la democracia. Del valor de la mayoría. Del poder de la igualdad.
Me pregunto si llegará el día en que esa mayoría deje de ser débil y cobarde y se convierta en la poderosa herramienta de la humanidad para alcanzar su cénit como civilización.
Tras unos cuantos días para poder degustar con calma el sabor que deja la película, hoy me pongo frente a la pantalla para contaros mis impresiones acerca de la nueva producción a cargo de Peter Jackson.
Volvemos a Eriador.
Peter Jackson se ha gando ya el cielo dirigiendo la obra maestra de El Señor de los Anillos, que es, sin ningún género de dudas, la obra de referencia de la adaptación cinematográfica de una obra literaria de ficción medieval.
Pero no contento con ello vuelve a dejarnos con la boca abierta con esta primera adaptación de “El Hobbit”, primer libro de J.R.R. Tolkien que transcurre unos 60 años antes de la “Comunidad del Anillo”.
Y no es una tarea sencilla.
Hablamos de un libro de escasas 300 páginas que es más un cuento infantil de aventuras que la novela épica de corte medieval que es El Señor de los Anillos. Pero de nuevo el mago Jackson es capaz de sacarse de la chistera la épica y montar una auténtica película de aventuras sin desmerecer en ningún caso la esencia original del relato.
Sobreadaptación.
Mucha gente se ha venido quejando a lo largo de los años de que el paso del libro a la película se hace a costa de perder en el proceso mucha información. Si la mayoría de adaptaciones se quedan cortas a esta le ocurre todo lo contrario. Al disponer finalmente de la capacidad de rodar una trilogía, el señor Jackson ha tenido la tremenda oportunidad de explayarse a gusto con el Legendarium de Tolkien y explicar con calma cada una de las historias que llevan al pobre Bilbo Bolsón a la aventura de su vida.
Impecable factura.
Es, a todas luces, una estupenda película, con una ambientación digna de sus predecesoras y con el añadido de estar viviendo los hechos que conducirán a Frodo y Sam dentro de unos cuantos años a luchar contra el temible mal de Mordor.
La banda sonora a cargo de Howard Shore es, si cabe, todavía mejor y es obligatorio mencionar la canción “The misty mountains cold” (que hubiera sido preferible no doblar) como una auténtica joya musical.
Pero…
Siempre hay peros y esta primera entrega de la trilogía los tiene.
Protagonismo. El libro nos cuenta la historia de Bilbo Bolsón desde la perspectiva de Bilbo Bolsón, un hobbit de La Comarca al que no le gustan los sobresaltos. Todo el relato tiene como hilo conductor a este joven personaje. Sin embargo en la película se observa muchas veces una desviación hacia el mago Gandalf o hacia el imponente Thorin “escudo de Roble” como conductores de la historia.
Innovación. Ya he dicho que es una auténtica joya a la altura de sus predecesoras, pero a la altura, no las supera. Después de unos cuantos años desde que se estrenara El Retorno del Rey uno esperaba un salto cualitativo que en esta película no se aprecia.
Extensión. Los tolkiendilis estamos realmente extasiados con el nivel de detalle al que llega la película y por el que prevemos que las otras dos nos ofrecerán. No obstante, para alguien que simplemente quiera disfrutar de buen cine, la película por su extensión tiende a perder el ritmo en algunas partes.
Más allá de las frías montañas
En realidad la conclusión es sencilla: es una auténtica delicia para el amante del buen cine y ya no digo nada si eres fan del mundo creado por Tolkien. Obligatoria.
Estas últimas dos semanas han sido especialmente cinéfilas y, gracias en parte al tiempo libre que he tenido, he podido acercarme tres veces al cine aunque con resultados bastante desiguales.
Lo imposible.
Empecemos por la primera. Alabada por la crítica y por el público que la ha convertido en la película más vista gracias, probablemente, a la tremenda campaña de márketing y publicidad que la ha acompañado, Lo Imposible narra la historia real de una familia española que sufre el azote del tsunami que asoló Tailandia. Cine lacrimógeno de primera. De los que te sientas en la silla y estás dos horas padeciendo entre sollozos y apretones varios a los brazos de la butaca. Lo de que es una historia real le da un punto de dramatismo mayor, pero la película al final es lo que es: un dramón que, sin embargo, deja un poso final de que la desigualdad social también aparece en las catástrofes naturales.
No obstante no todo es malo, Ewan McGregor y Naomi Watts están a la altura con sendas actuaciones notables, lo mismo que el joven Tom Holland. En resumidas cuentas una de esas películas que no pasará a la historia pero que te permite sentir que al menos ha conseguido arrancarte la emoción del pecho.
Y continuamos con la segunda. Aquí la cosa se empieza a torcer un poco. Estamos hablando de dos pedazo de actores como son Bruce Willis y Joseph Gordon-Levitt. Uno, con semejantes “miuras” interpretativos espera algo decente.
Decente, lo que se dice decente, lo es. Looper nos muestra un mundo en el que los viajes en el tiempo son posibles y que, tras ser prohibidos, son empleados por bandas mafiosas para matar a personas mandándolas desde el futuro al pasado. Los encargados de realizar esta macabra tarea son los denominados “loopers” que, como última tarea, se asesinan a ellos mismos para cerrar el “bucle”. No vamos a negar ahora que la premisa puede resultar interesante y es muy probable que, llevada desde otra perspectiva y con un guión en el que las inconsistencias no fueran fuente inagotable de análisis, Looper podría haber sido algo más que lo que es: un mero entretenimiento de domingo por la tarde.
Los actores principales, en su discreto margen de actuación, no lo hacen del todo mal. Y se agradece porque la historia se hace amena gracias a ello.
Llega la madre del cordero. Total Recall. Remake del querido “Desafío Total” original que tiene el honor de, entre otras, haber aportado a la humanidad: una mujer con tres tetas, una Sharon Stone que ya apuntaba maneras, al molt honorable ex president saliendo de la barriga de un hombre gordo y la banda sonora de los partidos del plus. Y claro, de aquellos barros, estos lodos. Juntas a Collin Farrell con la explosiva e inexpresiva Kate Beckinsale y a la pseudo-guerrera Jessica Biel, que siempre será esa adolescente rebelde en “Siete en el paraíso” y tenemos un resultado que roza lo catastrófico. Pero el director no ha querido quedarse ahí y ha buscado encima montarnos la idea de un futuro en el que los únicos países habitables son Gran Bretaña y Australia y la única manera de transporte es a través del núcleo. Un cúmulo de despropósitos que hacen de este Total Recall 2012 una película completamente prescindible.
En realidad este post debería titularse: “cómo hacer la mejor trilogía cinematográfica de una adaptación de un cómic”.
Sin lugar a dudas Christopher Nolan ha hecho mucho por el mundo del cómic y del cine. Mucho no, muchísimo.
Todas las adaptaciones que he podido ver, salvo contadísimas excepciones, han supuesto una notable decepción. Es muy complicado que un tío con mallas y los calzoncillos por encima de los pantalones, o lo que es peor, con una máscara, resulte mínimamente creíble.
Nolan sin embargo ha conseguido con esta trilogía demostrarle al mundo que una historia creíble, profunda y con actuaciones que rozan lo soberbio, basándose en un superhéroe de cómic, es posible.
No tiene desperdicio. Ni lo tuvo la primera película, ni la genial secuela ni este fabuloso desenlace. Christian Bale hace lo que sabe hacer casi a la perfección: bordar los papeles que le dan.
En esta tercera entrega de las andanzas del caballero oscuro por la ciudad de Gotham ahondaremos todavía más en la mente del multimillonario Bruce Wayne: sus miedos, sus debilidades, sus deseos…
Y todo esto en una película de dos horas y media que se pasa en un suspiro.
En realidad no os puedo contar mucho más: tenéis la obligación de ver las tres películas y saborear lo que significa la palabra “adaptar”.
Existen los genios artísticos que un buen día deciden pensar a contracorriente y generan un punto de inflexión en el mundo del arte.
Cuando esto sucede, si ese cambio es reconocido por el público en general y les supone una escalada hacia las mieles del éxito, el genio se enfrente a la difícil tarea de mantenerse.
Dos errores que muchos de estos genios cometen con tal de perpetuarse en la cima son:
Intentar por todos los medios seguir marcando hitos y creando obras maestras que cambien conceptos en el arte: terminan fracasando y convirtiéndose en seres rarunos, de comportamiento extraño y deriva ideológica.
Repetir aquello que les ha dado éxito hasta limites insospechados: cuando exprimes en exceso la gallina de los huevos de oro deja de dar huevos o los huevos dejan de ser de oro.
Este último es el caso de la tendencia cinematográfica del rey de la extravagancia Tim Burton. Con Sombras Tenebrosas, el bueno de Tim nos ha venido a confirmar que cree que cambiándole el barniz y la música a la misma historia y la misma atmósfera va a recuperar el esplendor conseguido antaño. Se equivoca.
Sombras Tenebrosas, protagonizada por su icono Johny Depp, pasa por ser una película simple, predecible, sin alardes de interpretación y el enésimo intento de clonar la atmósfera Burton tan bien lograda en Eduardo Manostijeras o Pesadilla antes de Navidad. Pero se queda muy lejos. La película no tiene ese alma que tienen sus predecesoras, esa sutileza que, entre tanto horror gótico, te hace sentirte cercano al protagonista.
En este largometraje Burton está reconociendo que no tiene ideas nuevas, que sigue inmerso en repetir clichés que le funcionaron hace 20 años pero que ahora quizá pasen por ser excesivamente conocidos.
Y supongo, volviendo al principio del artículo, que la respuesta correcta, que la solución ante la pregunta de qué hay después de llegar a la cima, es bastante sencilla:
Basada en la novela homónima (The Hunger Games) de la escritora Suzanne Collins, el pasado 20 de abril se estrenó la adaptación cinematográfica de esta historia de ciencia ficción futurista.
Dirigida con mucho acierto por Gary Ross, Los Juegos del Hambre nos narra la historia de Katniss Everdeen, una joven habitante del Distrito 12.
Nos encontramos sumidos en una ficticia Norteamérica dividida en 12 Distritos controlados por la metrópolis: el Capitolio, 74 años después de aplacar las violentas rebeliones en contra suya. El gobierno instaura durante la temporada anual de la “Cosecha” los denominados Juegos del Hambre con el propósito de recordar a los habitantes de los Distritos quién ostenta el poder y mandar un mensaje claro de que no volverá a tolerar ningún tipo de insumisión.
En estos Juegos se escoge a un chico y a una chica de entre 12 y 18 años de cada Distrito y se les hace enfrentarse a todos ellos en un duelo a muerte donde sólo uno de ellos sobrevivirá.
Jennifer Lawrence es la actriz encargada de dar vida a la protagonista de esta historia y, junto con Josh Hutcherson y Liam Hemsworth, forma el elenco de jóvenes actores de esta primera parte de la trilogía.
Detrás de esta historia podemos entrever una velada crítica a la actual sociedad de consumo. Una sociedad donde el dinero, la publicidad y la opulencia del denominado Primer Mundo esconden las miserias de aquellos que por desgracia les ha tocado vivir en zonas con menor capacidad económica.
Valores como la moral, el sacrificio, el compañerismo y el amor son los pilares sobre los que la historia va desarrollándose. Sin demasiadas pretensiones ni giros argumentales extraños, Los Juegos del Hambre se presenta ante el espectador como una historia sencilla, con un mensaje importante en los tiempos que corren, y con un hilo conductor que engancha durante todo el largometraje.
Así pues, tanto la novela como la película son dos opciones de disfrutar de esta interesante historia de un futuro ficticio, que quizá no lo sea tanto.
Bienvenidos, por tanto, a los septuagésimo cuartos Juegos del Hambre.
Porque ya había visto Furia de Titanes y me había parecido insufrible en todos los aspectos posibles. Y fui esperando que la segunda parte (porque eso pretende ser aunque en ningún punto de la historia lo especifiquen) me dejara un mejor sabor de boca.
Lamentablemente no fue así. Ira de Titanes hace hincapié en los mismos errores de su predecesora: guión insulso, historia plagada de inexactitudes y actores mediocres. A Perseo (Sam Worthington) no se le puede echar mucho en cara: su inexpresividad ya no nos sorprende. La elección de Andrómeda (Rosamund Pike) sin embargo sí que marca negativamente la película: no le pega el papel ni con cola de carpintero. Hablar del tercero de los protagonistas, Agenor (Toby Kebbell)… eso ya es pasar de castaño a oscuro. Que alguien me explique que hace el doble de Eddie Murphy, y no por el parecido físico sino por la cantidad de tonterías y chascarrillos que suelta a lo largo de la trama, metido en una película que se ambienta, si señores, en plena Grecia Antigua.
A esta película sólo la salvaría una mayor presencia de Hades (Ralph Fiennes) y Zeus (Liam Neeson) que son los dos únicos que se salvan en este bodrio: y que espero que no vuelvan a permitirse trabajar en algo así.
En definitiva, una verdadera lástima, porque las historias mitológicas dan para mucho, ya lo demostró Zack Snyder con su adaptación de 300, pero así lamentablemente no.
Bueno, pues al fin ha llegado el día en que hemos podido ir a ver la primera de las tres películas que adaptan la trilogía de Stieg Larsson: Millenium.
Y ha sido realmente curioso porque es de las pocas veces que he ido a ver una adaptación literaria sin haberme leído el libro y he salido diciendo que merecía la pena pagar por verla. (Lo siento Potter fans)
La novela negra es lo que tiene, que te captura con un entorno de misterio, atmósfera de tensión, crímenes y te mantiene con todos los sentidos alerta, a la espera de encontrar la respuesta a tanta pregunta.
En esta primera parte de la saga se presentan de una forma bastante nítida a los personajes principales. Parece ser que la caracterización de ambos ha sido bastante fiel al libro y pese a que muchos se quejan de la inexpresividad de Daniel Craig en el papel de Mikael Blomkvist (Mi-kel no Mai-quel), tanto él como Rooney Mara (Lisbeth Salander), cumplen su cometido sin que la historia sufra demasiado.
Salvando contadas licencias cinematográficas se trata de una correcta adaptación y las 2 horas y 40 minutos que dura la película se hacen entretenidas; con un ritmo constante que te mantiene interesado por resolver el enigma de la desaparición de Harriet. Eso sí, a veces puede resultar excesivamente gráfica (al igual que el libro) y, en general, tiene una atmósfera excesivamente oscura.
En resumen, cine negro con Daniel Craig (siento debilidad por este actor) como protagonista y una Rooney Mara magistral en su papel son argumentos suficientes para ir a verla al cine. Y daos prisa que no tardarán en quitarla de la cartelera.
Inquieto e incoformista me muevo en un mundo de pasiones. Las nuevas tecnologías, las redes de comunicaciones, el mundo empresarial ligado a Internet, ciencia, cultura, informática y todo ello mezclado es un poco con algo de mi visión personal acerca de la vida es lo que vas a encontrar por aquí.