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Las mieles del triunfo son siempre dulces. No importa cuán larga haya sido la travesía. No importan los obstáculos, los momentos en los que la idea de dejarlo todo apareció. Una vez se llega, una vez se consigue, ese momento es suficiente para enterrar a metros de profundidad todos esos recuerdos negativos.

Pero todas esas experiencias durante el camino tienen su cometido: darle valor a la victoria. La victoria conseguida tras el esfuerzo y la superación personal es la verdadera victoria.  Es la victoria que nos hace crecer como personas, nos permite mirar hacia adelante marcándonos metas todavía más complicadas. Nacida de la esperanza del logro, se convierte en el combustible de nuestro incasable afán de mejora ilimitada.

Hoy ganan y ríen unos. Mañana quizá lo hagan otros. Lo importante es quedarse con el mensaje, con la esencia que el deporte y la vida misma nos transmiten día tras día: el verdadero éxito, el que perdura, el que se saborea, es aquél que nace de la esperanza y crece alimentándose del esfuerzo continuado de aquellos que un día se levantaron y marcaron en su calendario un imposible y lo convirtieron en realidad.

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Hace poco menos de un año escribía esta entrada hablando de los propósitos que tenía para este año 2011 que está muy cerca de acabarse.

Es algo curioso porque en esos momentos no podía ni llegar a imaginar lo que este 2011 iba a transformar mi vida y por ende, mis propósitos.

Haciendo un resumen muy breve de este 2011, éste ha sido el año del cambio: cambié de trabajo dejando muy buenos recuerdos en mi anterior empresa para embarcarme en la aventura de trabajar para uno de los mayores organismos internacionales: Naciones Unidas. Y prácticamente al mismo tiempo daba el paso de emanciparme y comenzar una nueva vida al lado de Sheila.

Han sido dos cambios trascendentales e imprevistos que han cambiado notablemente mi vida y mi forma de afrontar el futuro.

Así casi sin quererlo mis propósitos cambiaron, se transformaron y algunos llegaron a verse cumplidos sin ni tan siquiera haberlos planificado.

Pero aún así, aquí van los propósitos para este 2012.

1. Ser todavía más puntual. He logrado mejorar, no sin gran esfuerzo, mi presencia en las citas. Creo que es algo que se me está pegando de la convivencia.

2. Seguir con el ejercicio y la buena alimentación. Hay a la vista planes de paddle, futbito, frontón y quiero seguir corriendo de vez en cuando. De lo de la alimentación, poco a poco.

3. Leer mucho. No quiero poner un número. Desde que tengo mi flamante Kindle, la lectura se ha convertido en un placer todavía mayor. Este 2012 seguramente va a suponer un cambio en la forma y cantidad de lecturas.

4. Sacarme el CCNP. Es una cuestión de mejorar técnicamente. Indispensable.

5. Que iWalá! se convierta en una realidad. Creo que con la llegada de 2012, iWalá! va a sufrir una transformación completa de imagen y de fondo.

6. Improve my english. Este año he mejorado mi inglés, pero todavía tengo mucho margen de mejora.

7. Mi vida Zen. Creo que la mejor forma de vivir la vida es sabiendo disfrutar de cada instante, saborearlo. La filosofía Zen es probablemente la que mejor se adapta a la armonía interior que quiero alcanzar.

8. Viajar. 2011, con tanto cambio, ha sido un año en el que me ha sido imposible viajar. Pero 2012 puede ser un gran año de viajes. Todo está por ver.

9. Organízate con eficacia. Es el título de uno (por no decir el más famoso) de los más importantes libros de productividad personal. Dos palabras en el título fundamentales: organización y eficacia, en todos los aspectos de la vida: profesional, personal, etc.

10. Seguir aprendiendo. Cada año siento que me quedan más cosas por aprender de la gente que me rodea. Cada año abro más mi mente para empaparme de todo.

11. Seguir queriendo. El cariño ha sido, sin lugar a dudas, el combustible que ha movido este 2011 hasta el punto en el que se encuentra. De todos, de mi familia, de mis amigos, de mi pareja. 2012 seguirá necesitando de esa gasolina.

12. Acabar proyectos. Tengo mil y una ideas en la cabeza, muchas se quedarán ahí, pero quiero que otras se hagan realidad. El tesón y la perseverancia deben ser mis compañeros de viaje.

Estos son mis propósitos, algunos se cumplirán, otros seguramente no, pero la clave estará en no dejar nunca de intentarlo.

¡Feliz 2012!

 

A few days ago I talked about Kaizen as a system to implement an improvement process in our ordinary life.

I want you to be partakers of the process of implementation.

Final goal is to gather information and experiences about the process and how difficult it could be.

So, from now on, I’m going to try to implement Kaizen in my life. Step by step. Only one step at time. And I’m telling you how is it working (or not) and whatever I think about it.

With the recent doubts regarding the Theory of Relativity of Albert Einstein and its axiom of the limit of velocity: no physical object, message or field line can travel faster than the speed of light in vacuum, I’m meditating about our thoughts about reality and our points of view.

Newton, Copernicus, Ptolomeo, had their own point of view with the restrictions in their perspective that the circumstances of the time when they lived accounted to them.

It’s possible; therefore, that now we have our own limitations of sight. What if there is something in our point of view that limits us? What if time is a measurement which travels forwards and backwards?

Let me think for a moment that there is one possibility of someone who doesn’t have that sort of limitations and is capable of perceive the echoes of time, the shadows of things that will happen…

Think about it for a while. Do you have someone: a friend, a relative, who has the power of feel some things, know about what is about to happen…? What if he or she can really do it?

William Shakespeare dijo, “En las cosas humanas hay una marea que si se toma a tiempo conduce a la fortuna; para quien la deja pasar, el viaje de la vida se pierde en bajíos y desdichas.”

Siempre he visto la vida como una suma de ciclos, como páginas de un libro interminable que vas escribiendo sin darte cuenta que tienes cerca el final de la hoja. Y de repente sucede, te quedas sin espacio, se culmina un capitulo, se cierra una etapa y un nuevo espacio en blanco se presenta ante ti con la desnudez propia de un nacimiento.

Creo que los cambios se producen como resorte para mejorar, para alcanzar cada vez objetivos mayores, ya sea el crecimiento personal, profesional o de cualquier otro tipo.

Durante los últimos meses he tratado de ir recogiendo en mi mente las palabras justas para poder terminar una hoja de mi vida, sabiendo que llegaría este momento, el instante en que un nuevo capítulo por escribir aparecería ante mí.

¿Y ahora?

Puedo sentir esa mezcla de ilusión y miedo a partes iguales, ese olor a libros nuevos y libretas por estrenar y con él, esa sensación de incertidumbre por algo que desconozco.

Pero igual que otras veces, escribiré, y escribiré, y escribiré.

Y todas esas palabras serán en realidad pequeñas gotas de esa marea que un día decidí tomar.

No sé si os suele pasar a vosotros, pero para mí la música siempre ha supuesto un ingrediente fundamental en mi día a día. En cada momento de mi vida, ya haya sido bueno o malo, ha habido una canción.

Y con el tiempo, al volver a escucharlas, rememoro esos sentimientos.

Sucede también, que cuando escuchas determinadas canciones la primera vez, te das cuenta que tienen algo distinto, algo que te llena, que te estremece, que te transporta.

Ese tipo de canciones perduran en el tiempo, como una suave neblina, rodeándolo todo, haciéndolo más real, quizá más soportable, en definitiva mejorándolo.

Ayer sucedió algo así, la escuché y supe que sería una de esas canciones:

Laura Izibor – Can’t Be Love

Vivimos inmersos en la carrera hacia el triunfo, siendo el triunfo un concepto entendido de mil maneras diferentes y empleado en un sinfín de situaciones distintas en función de la perspectiva del que lo describe.

Y en cierto modo el elemento central del triunfo, la personalización del mismo, es el héroe.

Nos rodean. Figuras jóvenes, atléticas, esbeltas, de sonrisa luminosa y con un halo de eternidad que nos obliga a envidiarlas. Son los héroes modernos, pero no se diferencian de los antiguos. Personajes míticos que las leyendas encumbraban hasta convertiros en seres poderosos y con dones que cualquier humano envidiaría.Sin embargo muy pocos se han parado a pensar en el después, en el momento en el que la euforia del triunfo, la gloria conseguida se esfuma.

¿Qué sucede después?
Porque el reloj del tiempo sigue moviéndose, pero esa persona que un día fue el centro del universo por unos momentos ha dejado de serlo ya.

Creo que en ese momento aparece la verdadera valentía del héroe. La capacidad de sobreponerse a ese paso del tiempo, de no vivir en un pasado glorioso y centrarse en el futuro.

Porque aquel que cree que ya ha conseguido todo lo que pretendía conseguir en la vida sencillamente sólo le queda morir.

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Quizá con el ajetreo de todos los días, con las prisas por llegar a todo, no reparamos en la fragilidad que nos rodea. Pero de repente suceden cosas, aparecen en las noticias, o quizá nos toca de mucho más cerca, y entonces despertamos de ese ensoñamiento y reparamos en ese inestable equilibrio, en esa delgada línea que separa el orden del caos.

Tal vez sea un enajenado mental que decide consternar al mundo con sus atroces actos. Tal vez una cantante con tanto potencial en su voz como en su capacidad de autodestrucción. Tal vez un vecino, querido, con el que no hace mucho te intercambiabas saludos.

Todas esas cosas suceden, de repente, sin aviso, y te muestran de forma muy realista que la vida sólo la componen los momentos que decides vivir, que decides saborear de verdad.

Y que a veces es conveniente parar y darse cuenta de todo lo que se tiene,

de dónde estás

y de a dónde vás.

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Han pasado muchos días desde que escribí por última vez.

Durante todos esos días, de forma diferente, casi aleatoria, mi vida ha ido cambiando drásticamente hasta día de hoy.

Por fin puedo decir que estoy algo más asentado y que, por tanto, vuelvo a poder poner en marcha los proyectos que tenía en mente, mantener este rincón y otras cosas.

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Te levantas a la misma hora todos los días. Desayunas lo mismo. Repites rutina. Ducha. Repites ropa. Repites peinado. Te miras al espejo con esos ojos entreabiertos.

Coges las llaves, el móvil, la cartera.

Arrancas, sales con cuidado, miras en el cruce, sabes que no viene nadie, sigues, llegas por inercia hasta tu destino. Pasan los minutos, las horas. Miras por la ventana, la gente pasea, corre, llega tarde, llega pronto, charla, se enfada.

Vuelves por el mismo camino. Las mismas caras. Las mismas sensaciones. El tiempo se para, da marcha atrás. Levantas la vista y el mundo se detiene a tu paso, todo parece ir a cámara lenta.

Te conviertes en un reloj. Segundo a segundo.

Convéncete. Hacer diferente cada momento depende sólo de tí.

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