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Vientos de cambio

William Shakespeare dijo, «En las cosas humanas hay una marea que si se toma a tiempo conduce a la fortuna; para quien la deja pasar, el viaje de la vida se pierde en bajíos y desdichas.»

Siempre he visto la vida como una suma de ciclos, como páginas de un libro interminable que vas escribiendo sin darte cuenta que tienes cerca el final de la hoja. Y de repente sucede, te quedas sin espacio, se culmina un capitulo, se cierra una etapa y un nuevo espacio en blanco se presenta ante ti con la desnudez propia de un nacimiento.

Creo que los cambios se producen como resorte para mejorar, para alcanzar cada vez objetivos mayores, ya sea el crecimiento personal, profesional o de cualquier otro tipo.

Durante los últimos meses he tratado de ir recogiendo en mi mente las palabras justas para poder terminar una hoja de mi vida, sabiendo que llegaría este momento, el instante en que un nuevo capítulo por escribir aparecería ante mí.

¿Y ahora?

Puedo sentir esa mezcla de ilusión y miedo a partes iguales, ese olor a libros nuevos y libretas por estrenar y con él, esa sensación de incertidumbre por algo que desconozco.

Pero igual que otras veces, escribiré, y escribiré, y escribiré.

Y todas esas palabras serán en realidad pequeñas gotas de esa marea que un día decidí tomar.

Canciones con «algo»

No sé si os suele pasar a vosotros, pero para mí la música siempre ha supuesto un ingrediente fundamental en mi día a día. En cada momento de mi vida, ya haya sido bueno o malo, ha habido una canción.

Y con el tiempo, al volver a escucharlas, rememoro esos sentimientos.

Sucede también, que cuando escuchas determinadas canciones la primera vez, te das cuenta que tienen algo distinto, algo que te llena, que te estremece, que te transporta.

Ese tipo de canciones perduran en el tiempo, como una suave neblina, rodeándolo todo, haciéndolo más real, quizá más soportable, en definitiva mejorándolo.

Ayer sucedió algo así, la escuché y supe que sería una de esas canciones:

Laura Izibor – Can’t Be Love

La caída de los héroes

Vivimos inmersos en la carrera hacia el triunfo, siendo el triunfo un concepto entendido de mil maneras diferentes y empleado en un sinfín de situaciones distintas en función de la perspectiva del que lo describe.

Y en cierto modo el elemento central del triunfo, la personalización del mismo, es el héroe.

Nos rodean. Figuras jóvenes, atléticas, esbeltas, de sonrisa luminosa y con un halo de eternidad que nos obliga a envidiarlas. Son los héroes modernos, pero no se diferencian de los antiguos. Personajes míticos que las leyendas encumbraban hasta convertiros en seres poderosos y con dones que cualquier humano envidiaría.Sin embargo muy pocos se han parado a pensar en el después, en el momento en el que la euforia del triunfo, la gloria conseguida se esfuma.

¿Qué sucede después?
Porque el reloj del tiempo sigue moviéndose, pero esa persona que un día fue el centro del universo por unos momentos ha dejado de serlo ya.

Creo que en ese momento aparece la verdadera valentía del héroe. La capacidad de sobreponerse a ese paso del tiempo, de no vivir en un pasado glorioso y centrarse en el futuro.

Porque aquel que cree que ya ha conseguido todo lo que pretendía conseguir en la vida sencillamente sólo le queda morir.

Somos frágiles

Quizá con el ajetreo de todos los días, con las prisas por llegar a todo, no reparamos en la fragilidad que nos rodea. Pero de repente suceden cosas, aparecen en las noticias, o quizá nos toca de mucho más cerca, y entonces despertamos de ese ensoñamiento y reparamos en ese inestable equilibrio, en esa delgada línea que separa el orden del caos.

Tal vez sea un enajenado mental que decide consternar al mundo con sus atroces actos. Tal vez una cantante con tanto potencial en su voz como en su capacidad de autodestrucción. Tal vez un vecino, querido, con el que no hace mucho te intercambiabas saludos.

Todas esas cosas suceden, de repente, sin aviso, y te muestran de forma muy realista que la vida sólo la componen los momentos que decides vivir, que decides saborear de verdad.

Y que a veces es conveniente parar y darse cuenta de todo lo que se tiene,

de dónde estás

y de a dónde vás.

Volver

Han pasado muchos días desde que escribí por última vez.

Durante todos esos días, de forma diferente, casi aleatoria, mi vida ha ido cambiando drásticamente hasta día de hoy.

Por fin puedo decir que estoy algo más asentado y que, por tanto, vuelvo a poder poner en marcha los proyectos que tenía en mente, mantener este rincón y otras cosas.

Siempre lo mismo, siempre diferente.

Te levantas a la misma hora todos los días. Desayunas lo mismo. Repites rutina. Ducha. Repites ropa. Repites peinado. Te miras al espejo con esos ojos entreabiertos.

Coges las llaves, el móvil, la cartera.

Arrancas, sales con cuidado, miras en el cruce, sabes que no viene nadie, sigues, llegas por inercia hasta tu destino. Pasan los minutos, las horas. Miras por la ventana, la gente pasea, corre, llega tarde, llega pronto, charla, se enfada.

Vuelves por el mismo camino. Las mismas caras. Las mismas sensaciones. El tiempo se para, da marcha atrás. Levantas la vista y el mundo se detiene a tu paso, todo parece ir a cámara lenta.

Te conviertes en un reloj. Segundo a segundo.

Convéncete. Hacer diferente cada momento depende sólo de tí.

Nunca te fuiste

Hace un poco menos de un año escribí que siempre he pensado que todos tenemos nuestro pequeño trocito de cielo cuando nos marchamos y que creo que desde allí las personas que ya tomaron su camino nos observan y nos ayudan a su manera.

Hace un año exactamente que te marchaste y espero de verdad que desde tu cielo hayas podido ver todo este año.

El año en el que por tí, Esperanza y Silla fueron un único equipo de fútbol bajo una misma camiseta.

En el que por tí la Parroquia de San Roque se quedó pequeña, muy pequeña.

El año en el que las Fallas trascendieron a la rivalidad y fueron una verdadera hermandad, junta en el recuerdo, en tú recuerdo.

A veces me pregunto cómo una persona es capaz de dejar tanta huella en tantas personas.

Pero estoy seguro que habrás visto más. Habrás visto cómo hay AMIGOS que te van a llevar siempre con ellos.

Confío en que hayas podido sonreír con el corazón al ver a tu pequeña sobrina seguir creciendo y pareciéndose cada vez más a tí.

Al ver a tu hermano, a tu cuñado y a tus dos AMIGOS liándola como hacíais los tres juntos, ese «trío veneno» que se quedó huérfano con tu marcha.

Creo que ha sido un año diferente, amargo, triste, pero en el que hay razones para la esperanza.

Porque has supuesto para muchos, y sabes para quién especialmente, un motivo para mejorar, para llegar más lejos, para que desde tu cielo te sientas orgulloso de ellos.

Supongo, no sé, que para la mayoría, nunca te fuiste.


Algunos propósitos para 2011

Una vez que la resaca de la nochevieja ya ha terminado es un buen momento, justo antes de que S.M. los Reyes Magos se paseen por nuestras casas esta noche, para reflexionar un poco sobre qué espero de este año que comienza.

Voy a copiarme un poco del post de PiRRa y voy a listar algunos de los propósitos para 2011, a ver si dentro de un año, cuando relea esto, puedo decir orgulloso que los he cumplido todos (o casi todos).

1. Ser puntual. Es mi espinita, mi dolorosa espinita. Pero voy a hacer esfuerzos reales por cumplirlo.

2. Mantener una dieta equilibrada y un ejercicio continuado. A lo largo del 2010 he conseguido mantener en determinados momentos un buen equilibrio entre dieta y ejercicio. El 2011 tiene que ser el año en el que lo consiga de forma continuada.

3. Leer al menos 25 libros. (Este me lo copio directamente). Tengo una lista enorme de libros por leer, los de George R.R. Martin van a la cabeza y voy a por todos.

4. Aprender a tocar, y bien, al menos 3 piezas cortas y 2 largas de piano. Este 2011 va a ser el de la vuelta al trabajo con el piano.

5. Sacarme el CCNP – Los 3 exámenes.

6. Viajar al menos a dos sitios fuera de España. Después de la maravillosa experiencia que ha sido París, tengo ganas de disfrutar más: Milán, Roma, Florencia, Bruselas, Amsterdam, Londres, Porstmouth, Berlín, Munich… hay tantos sitios.

7. Estudiar inglés a fondo. Pasar del nivel medio-alto al muy alto.

8. Aumentar el número de películas y series vistas. Ir al menos una vez (si es posible) a la semana al cine, ponerme al día con Greek, Cómo conocí a vuestra madre, Dexter, Friday Night Lights,

9. Fotografía y blog. Este en sí mismo es un propósito. Explotar al máximo mi Reflex con fotos cada vez más creativas y mantener el blog con un crecimiento constante… ¿1 post al día? 😛

10. Sonreir todavía más. Sonreir por compartir unas cervezas cada semana con los amigos, por la ilusión de nuestro nuevo proyecto, por verla feliz, porque el esfuerzo tenga su recompensa, por cualquier cosa. 

Hay más, algunos dejan de ser propósitos para convertirse en deseos, pero como dicen que no se cumplen si los dices, esos me los guardo.

¿Y vosotros, tenéis propósitos para este 2011?

París – Día 1 – Mañana.

El despertador sonó. Y no, no había sido un sueño. Eran las 8.00 de una nublada mañana de Invierno y estábamos en París.

Ducha rápida. Que toca desayunar. ¡Esos sí que son croissants!

Sevrés-Lecourbe a Bir-Hakeim. El metro nos sorprende por su puntualidad y por su frecuencia. Aunque también por sus precarias infraestructuras. En menos de 20 minutos bajamos del metro. Seguimos a la gente. Al cruzar la calle veo una típica Brasserie y un Bistró. Todo parece sacado de alguna pelicula. Me acuerdo de Amélie.

De pronto, al girar una de las esquinas aparece imponente. Tanto que sin querer me emociono. Es la de verdad, la que tantas veces he visto en fotos, en el cine, he imaginado en las páginas de algún libro. E impresiona infinitamente más. La torre Eiffel nos da la verdadera bienvenida a París.

Paseamos, nos hacemos fotos, alucino con la ingeniería que lleva detrás la construcción y comienza el verdadero plan de la mañana.

Subimos al segundo piso. Se ve todo París. Al menos todo lo que los ojos son capaces de atisbar. Es enorme. A lo lejos vemos Notre Dame, el Sagrado Corazón y la zona moderna de París.

Una vez abajo contiunamos con el plan. Un crucero por el Sena. Pasamos por varios de los puentes más importantes de la ciudad. El Pequeño y el Gran Palacio. La Asamblea Nacional. El puente de los Inválidos. La arquitectura de esta ciudad me ha enamorado. Hasta la Estatua de la Libertad (la pequeña). Incluso pasamos junto a la Plaza de la Concordia, antes conocida como Plaza de la Revolución. Allí guillotinaron a Luis XVI y Maria Antonieta. Historia pura ante nuestros ojos.

Luego hay que coger fuerzas y es aquí donde Sheila se enamora del chocolate francés. Esto son crêpes de verdad. Saborear una delicia culinaria a la orilla del río Sena es mucho más de lo que podía pedir.

La mañana está llegando a su fin y decidimos adelantar un poco el plan y dirigirnos ya hacia el Palacio de Versalles.

Sin lugar a dudas la mañana ha sido espectacular y ha ido mucho más allá de lo que había podido imaginar. Esta ciudad tiene algo en el ambiente, en el aire, que la convierte en especial sólo con estar paseando por sus calles. Hay tanta historia alrededor…