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Shingeki no Kyojin puede morir de éxito.

Para los que todavía no os haya llegado la noticia, tenemos una nueva estrella en el mundo del anime. Shingeki no Kyojin, también conocida como «El Ataque de los Titanes», es la adaptación del manga homónimo de  Hajime Isayama.

Sin lugar a dudas está siendo todo un auténtico fenómeno de masas en Japón y Estados Unidos. En España ha sido Norma Editorial la que se ha llevado el gato al agua licenciándola con lo que no tardaremos a tener más noticias sobre ella. Sin embargo, mientras nos llega la versión traducida hemos podido disfrutar de la versión subtitulada.

El anime consta de 25 capítulos de unos 25 minutos con un ritmo creciente, aunque a veces irregular, y con un argumento especialmente interesante. Vivimos en una de esas sociedades a caballo entre la Edad Media y la era Industrial que tanto les gusta a los dibujantes japoneses, en la que la humanidad se ha visto obligada a recluirse tras los altos muros de una megalópolis amurallada para protegerse de los Titanes.

Y por titanes no nos referimos a los mitológicos dioses sino a grandiosos gigantes sin un ápice de inteligencia cuya misión exclusiva es devorar seres humanos.

Con esta premisa inicia su andadura una serie con tres personajes principales con unas características muy marcadas: el guerrero inconsciente, la sagaz heroína y el inteligente estratega. Hay lugar para la épica, para el desarrollo incipiente de una trama que puede dar para mucho, para escenas de animación espectaculares y para mucho más.

¿El Problema?

Que se acabe. Son 25 episodios con un final tan sumamente abierto, con tantas cosas por entender, que dudo mucho que haya satisfecho a nadie. Se habla de que es posible una segunda temporada una vez el manga haya avanzado lo suficiente para evitarnos problemas como los de Fullmetal Alchemist. Quién sabe. La realidad, sin embargo, es que una vez terminas el vigésimo-quinto capítulo la sensación que te queda es que te han contado el principio de una historia genial.

Pero sólo el principio. 

Haz de tu casa un servidor web accesible.

Una de las cosas que más pueden interesar a un desarrollador web es montar su propio entorno de desarrollo en su propia casa.

El primer paso será instalar y configurar las máquinas que van a proporcionar los servicios que el desarrollador necesite, esto es: un servidor web (Apache, IIS), módulos de ejecución de código dinámico (PHP, PERL, .NET), y bases de datos (MySQL, PostgreSQL, SQLite).

Una vez tengamos los servicios funcionando hay un punto importante a tener en cuenta: estos servicios sólo serán accesibles a través de nuestra red local y los equipos que estén conectados a ella.

¿Y sí queremos hacerlos accesibles desde el exterior?

Para ello necesitaremos configurar nuestros equipos de red convenientemente.

Por lo general, en una red convencional de un hogar disponemos de un dispositivo que nos facilita la conexión a Internet. Este equipo es el que hace de frontera entre nuestra red local (LAN) y la red exterior (WAN). Estos dispositivos normalmente llevan por defecto configurado el servicio NAT.

Esto implica que en el exterior nuestros equipos, todos, tienen una misma y única dirección IP que los identifique. La IP pública.

Para dirigir el tráfico HTTP (puerto 80) hacia la máquina local que está prestando los servicios, debemos realizar lo siguiente:

1. Configura los Cortafuegos (Firewall) software que tengas instalado en la máquina para que permitan las peticiones al puerto 80.  Esto parece trivial y obvio pero muchos de los problemas de conectividad vienen provocados por el dichoso firewall de Windows.

2. En el router de casa, configura la redirección de puertos (NAT o PAT) para que se produzca la redirección automática entre cualquier IP del exterior que consulte nuestra IP pública en el puerto 80 y la IP privada de nuestra máquina en ese mismo puerto.

3. Comprueba que el puerto está abierto: [http://www.yougetsignal.com/tools/open-ports/] Ten presente que esta prueba la debes realizar poniendo siempre la IP pública, que es la que va a ser accesible desde el exterior.

Por lo general, salvo que tengas contratado un servicio especial, tu dirección IP pública no es estática y varía con el tiempo. Esto se debe a que los proveedores de servicio disponen de un número limitado de direcciones IP y las van reasignando conforme se van empleando.

Para evitar tener que estar constantemente comprobando qué dirección IP tienes [www.cualesmiip.com], existen servicios gratuitos como DynDNS [http://dyn.com/dns/] que te permiten asociar tu IP pública a un nombre preestablecido y de esa forma sólo tener que memorizar ese nombre.