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Citas (I): Fabrica tus circunstancias.

La gente a la que le va bien en la vida es la gente que va en busca de las circunstancias que quiere, y si no las encuentra, se las hace, se las fabrica.

George Bernard Shaw | Escritor irlandes

Escoge el motivo correcto

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Cuando decidimos planificar un proyecto, sea cual sea, desde redecorar una habitación hasta crear una empresa, una de las variables que van a resultar fundamentales en el éxito y la consecución de nuestros objetivos es, sin lugar a dudas, el motivo.

A priori resulta tan obvio que para muchos pasará desapercibido y puede llevar al fracaso de nuestro proyecto.

No es lo mismo, volviendo al ejemplo inicial, querer redecorar una habitación porque disfrutamos con ello, porque sentimos que la habitación lo necesita y porque el resultado final nos va a hacer vivir más a gusto y en mejores condiciones que hacerlo porque la vecina del cuarto lo ha hecho también, porque quiero hacerle fotos y publicarlas en las redes sociales para que vean lo moderno que soy o porque no sé qué hacer con el dinero que tengo.

Tengo la sensación de que no hay motivos correctos o erróneos sino que hay motivos más correctos que otros. Puede ser perfectamente aceptable que quieras desarrollar una aplicación para Mac con la intención de hacerte rico y retirarte, pero quizá con esa motivación tengas más difícil alcanzar el objetivo inicial. Tal vez te pases más tiempo buscando cómo comercializar la aplicación, como hacer que genere dinero, en lugar de centrarte en cómo hacer una buena aplicación, la utilidad de la misma, la facilidad de su uso, etc.

Si planteas todo proyecto como una experiencia personal, un viaje a lo desconocido que te va a hacer crecer como profesional y como persona y buscas como resultado ayudarte a ti y a los demás, más allá de intereses económicos o de ego, estarás sembrando el éxito sobre un terreno muy fértil.

Nadie te asegura que tu proyecto termine resultando y consigas aquello que te propusiste al empezar pero estoy seguro que lo que extraigas de él será mucho más beneficioso si escogiste el motivo adecuado en su momento.

Todos necesitamos un plan

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En el día a día muchas veces solemos quejarnos de que no disponemos del tiempo suficiente para completar todo aquello que nos habíamos propuesto y, en muchas ocasiones, un problema bastante simple subyace a esta situación: la no existencia de un plan de trabajo definido.

Cuando iniciamos la jornada tenemos en la cabeza o anotadas en alguna agenda, papel, post-it o similar, un conglomerado de ideas/tareas que debemos llevar a cabo. Pero toda esa información está sin clasificar y, lo que es todavía peor, sin definir.

Conceptos tan vagos como “estudiar matemáticas” o “escribir en el blog” no sirven prácticamente para nada.

Define tus tareas.

A la hora de preparar el plan de trabajo es fundamental que definas de forma muy concreta qué tareas son las que tienes que llevar a cabo. Así, de “estudiar matemáticas” podríamos pasar a “revisar Tema 1 de matemáticas y pasar a limpio apuntes Tema 2″ o en lugar de “escribir en el blog”, “artículo sobre situación política actual en blog”.

Son pequeños detalles que a priori parecen innecesarios pero que durante la jornada van a sernos tremendamente útiles.

El tiempo que perdemos cada vez que tenemos que definir claramente cuál es el siguiente paso en una tarea termina por difuminarnos y restarnos motivación y capacidad de esfuerzo.

Redacta un plan realista.

Con las tareas concretas ya en la mano ahora toca redactar una lista de actividades/objetivos para nuestro día de trabajo.

Los seres humanos, en general, tenemos la tendencia a acabar cayendo en el “complejo del Héroe”: nos creemos capaces de doblar, triplicar y hasta cuadriplicar el tiempo haciendo 200 tareas en media hora. Esto, además de ser irreal, conlleva una problemática mucho más grave: nos desmotiva terriblemente.

Truco: Determina el tiempo estimado (TE) que consideras que te va a llevar hacer una tarea. Dóblalo (2xTE). Añádele un 25% (1.25x2TE) y obtén una aproximación más realista del tiempo que vas a necesitar.

Con el tiempo irás afinando más en la estimación realista del tiempo que necesitas para cada tarea pero siempre recuerda algo: es preferible planificar menos tareas y acabar las jornadas con todas ellas terminadas que ir acumulando día tras día tareas sin terminar.

A trabajar.

Una vez tengas el plan definido no te queda otra cosa que ponerte. Ya no hay que pensar en qué toca hacer. Elimina los distractores externos y ponte manos a la obra.

 

Todavía

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Te levantas cualquier mañana y ves con resignación y tristeza que el mundo parece no tener solución.

Que los que deben ayudar al resto sólo buscan su propio beneficio. 

Que la sed de sangre por el dinero, por unas ideas, por unos dioses diferentes a los míos, a los tuyos, es lo que está marchitando este planeta.

Que todo está inventado, que nada se puede hacer ya que no se haya hecho antes. Que de nada sirve reivindicar, inventar, esforzarse, querer cambiar algo. Nada va a cambiar.

Debe ser entonces cuando te repitas: siempre es más oscuro justo antes de amanecer. 

Porque todavía…

Todavía quedan personas que siguen luchando sin importarles el final del camino.

Todavía quedan cosas que hacer, cosas que descubrir, cosas por las que sorprenderse, cosas por las que emocionarse.

Todavía hay oportunidades para cambiar el mundo, para revolucionarlo, para dejar tu huella en él.

Así que te deshaces de esa resignación y de esa tristeza, te desvistes de ese fatalismo autoimpuesto y decides que el traje de hoy será el del optimismo, el de la sonrisa ante lo que está por venir y te tatúas en el espíritu que:

Hoy es siempre todavía. 

La cultura del esfuerzo

Prácticamente desde que nacemos se nos inculca un concepto que algunos tienden a llamar “cultura del esfuerzo”.

En realidad la “cultura del esfuerzo” no es más que la relación directa entre el éxito y el esfuerzo que necesitas para alcanzarlo.

La televisión, la literatura, nuestra propia tradición transmite entre generaciones esa “cultura del esfuerzo”. Pero cuando ya llevas unos años en esta vida y empiezas a conocer su letra pequeña te asaltan algunas dudas.

¿Qué hay de cierto en esa cultura del esfuerzo?

Nuestro entorno y, en muchos casos, nosotros mismos, obviamos una parte importante de esa relación directa de la que hablaba hace un momento: no es una relación causa – consecuencia. No siempre que nos esforcemos vamos a conseguir el éxito y, lo que es todavía peor, puede darse el caso de que nosotros, o alguien que conozcamos, o veamos por televisión, alcance el éxito sin necesidad de esfuerzo. Y digo lo que es peor porque sienta dos terribles precedentes en nuestro interior: el primero es que es algo factible alcanzar el éxito sin pegar un palo al agua, el segundo, todavía más dañino, es el de pensar de qué nos sirve esforzarnos si a otros ese éxito que buscamos les llegará antes y sin que tengan que mover un sólo dedo.

¿Qué es realmente la cultura del esfuerzo?

Digamos que, en realidad, la relación de la que hablo al principio es una relación de probabilidad. Cuanto más te esfuerces, cuanto más lo intentes, cuanto más te repongas de tus fracasos rápidamente y vuelvas a comenzar mucho más probable será que logres el objetivo que buscas y más duradero será el éxito asociado a él.

Ya, pero ¿cuál es la letra pequeña?

La letra pequeña la conocemos todos pero nos obligamos a olvidarla queriendo creer que el mundo es un lugar idílico. El fracaso, el esforzado trabajador que no tiene para comer, el licenciado que se malvende en un trabajo basura, el vago que termina siendo director, el oportunista que acaba ganando mucho dinero, el rico que se enriquece más, el gobernante corrupto que sale indemne de sus tropelías, el incompetente que ocupa cargos de responsabilidad y, el que más me gusta de todos, el inútil que se cree alguien.

Pero esto no le resta ni un ápice de realidad a la esencia de la cultura del esfuerzo: cuanto más lo intentes, más cerca estarás de conseguirlo. Porque en cada iteración, en cada intento fallido, generamos un bien de valor incalculable: una experiencia más de cómo no hacer las cosas. Y llegará el día, si seguimos intentándolo, que por fin la luz se encenderá.

 

“No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla.”

- Thomas A. Edison.

 

Orden y genialidad: ¿incompatibles?

Vaya por delante que siempre me he considerado un desordenado y estoy muy lejos de ser ningún genio, pero durante estos años he intentado integrar en mi vida cotidiana, con mayor o menor éxito, algunas técnicas para ser ligeramente más ordenado.

Sin embargo, de la cultura occidental, y de la historia en general, nos llegan siempre las visiones de esos genios que cambiaron el mundo, incomprendidos y con una propensión al desorden casi rayana a la enfermedad.

Me surge entonces la duda de si el orden y la genialidad son conceptos incompatibles. Si una persona capaz de resolver un problema, de encontrar una solución a una necesidad, de responder ante cualquier situación de la vida mejor que el resto, es, en esencia, un completo caos.

Entiendo que muchos dirán que conocen casos de personas muy ordenadas y terriblemente profesionales: con una alta capacidad de trabajo, inteligentes, y muy preparados. Bien, pero ¿a cuántos de esos los consideráis verdaderos genios? 

Quizá sea una decisión que no está a nuestro alcance: la mente de un genio concibe tal vez el orden de una forma diferente y de esta manera funcione bien.

O quizá no, quizá la genialidad tiene la opción de alcanzarse a través del disciplinado y esforzado camino de la organización y la estructura.

How to face the tiredness

During these days when I’ve been trying to improve my productivity by applying Kaizen on my daily life, I’ve had to face one new enemy with which I had never thought: the tiredness.

I realized that is hard to find the motivation and the strength to start an activity but it is even more difficult if you are tired.

The best solution to this is, obviously, take some rest. But, what if you couldn’t take it?

In those cases you must focus on the final image.

The final image is a picture of you in the future succeeding your goals. Imagine, for a moment, that you are accomplishing whatever you wanted when you started this journey of productivity. With that picture on your mind, it will be easier to find the strength and the desire to start your duty.

Remember: focus on your future and think in a picture of you succeeding.

The First obstacles in your way

When you start a productivity journey you must be concerned that only with a very strong commitment you will succeed.

But even with that commitment, during the first phase of that journey you will probably have to face with some obstacles that try to make you fail.

Those obstacles aren’t external but from your own mind.

Faced with a change, your mind will try to sabotage you with only one purpose: change nothing.

Therefore, when you are taking the first steps, at the very beginning, remember a simple thing: you have to fight against your mind desires; you have to face them and defeat them.

Only in that case, you will be free to accomplish your goal.

Applying Kaizen to my life

A few days ago I talked about Kaizen as a system to implement an improvement process in our ordinary life.

I want you to be partakers of the process of implementation.

Final goal is to gather information and experiences about the process and how difficult it could be.

So, from now on, I’m going to try to implement Kaizen in my life. Step by step. Only one step at time. And I’m telling you how is it working (or not) and whatever I think about it.

El Secreto de las Tortugas

“… y ahora estamos camino de la frontera y disfrutando a poquitos la vida entera…”

Escuchando esta reversión de Maldita Nerea de un tema que hicieron hace tiempo con Los delinqüentes me viene a la cabeza la sensación de que muchas veces nos encontramos perdidos en un mundo plagado de necesidades que nos hemos ido creando con el tiempo. Esas necesidades, en realidad, nunca han existido pero una sociedad orientada al consumo desmesurado nos empuja de forma incosciente a querer más y más.

Pero si en este torbellino de deseos diferentes nos paramos y somos capaces de ver las cosas con más perspectiva, saliéndonos de nuestra propia concepción de la sociedad y olvidándonos de esos axiomas con los que la televisión, nuestro entorno y el resto de estímulos nos han programado, seguramente caeremos en la cuenta del descoumnal engaño en el que vivimos.

Tener más no es sinónimo de ser más feliz, más bien al contrario, tener más seguramente conllevará querer más y, por ende, necesitar más.

De vez en cuando hay que recordar cosas como “la alegría que se lleva al miedo, los buenos ratos, el sol de Enero y ver contigo cada amanecer.”

Porque… “probablemente no encontremos el camino, pero nos sobrarán las ganas de volar”.

Y ése es el verdadero secreto de las Tortugas: hacer las cosas despacito y disfrutándolas al máximo.