Gracias a tí, a tu amigo, al amigo de tu amigo que pegó en su muro de Facebook el enlace a un vídeo de unos que no conocía de nada, a tus padres, a los míos, a la gente que se movió por las redes sociales expandiendo la idea, dándonos a conocer, a todos vosotros: un millón de gracias.
Anoche se publicaron los resultados de la primera fase del concurso de emprendedores 49k y estamos junto con otros 24 equipos en la fase final.
Además hemos pasado porque nuestro proyecto les ha gustado a los organizadores, porque consideran que es robusto, capaz, con probabilidad de éxito y supone una interesante oportunidad de mercado.
Hoy comienza por tanto un ciclo, una etapa nueva en este proyecto a medio plazo en el que estamos empezando a caminar. Y os seguiremos necesitando, porque en realidad, sois vosotros, amigos, familiares, conocidos, colegas, novias, amantes y hasta tú, que todavía no nos conoces, los que nos motiváis día a día a cumplir este sueño.
Wala! no es más que una forma de estar todos unidos, de compartir experiencias, de sentirnos parte de algo que crece día a día, de llevar a lo más alto aquello tan pequeño que en su día nos pareció sin importancia.
Hace unos cuantos días que os vengo comentando a través de las redes sociales o en persona la nueva iniciativa que, junto con otros dos compañeros, hemos iniciado.
Wala!, que así se llama la criaturita, pretende ser la respuesta a los problemas que la crisis y la falta de alternativas de ocio ha generado.
Gracias al concurso 49k, nuestro proyecto opta a la posibilidad de acceder a la fase final donde dispondremos de tiempo y apoyo para desarrollar un plan de negocio, analizar la viabilidad del proyecto y dar los primeros pasos de este pequeño sueño.
Pero para poder alcanzar esa fase final necesitamos que nos echéis una mano de una forma muy sencilla. Tan sólo necesitamos que entréis al vídeo donde os presentamos la idea y si os ha gustado, le deis a me gusta (si no disponéis de cuenta en Youtube habréis de crearosla, pero cuesta muy poquito).
Ayer leí por encima el último artículo de psicología que venía en El País Semanal. Hablaba de lo complicado que es para nuestro entorno afrontar nuestras decisiones cuando estas conllevan cambios radicales. Analizaba lo complejo que resulta para quienes reciben una noticia para la que no están preparados asumir ese cambio y aceptarlo.
Pero más allá de nuestro entorno, yo me pregunté si nosotros mismo estamos preparados para el cambio.
Demasiadas veces nos encontramos ante un futuro lleno de incertidumbre donde nuestras decisiones a corto y medio plazo pueden ser determinantes en el devenir de los acontecimientos. Y esa relevancia a la hora de escoger el camino correcto puede derivar en ansiedad, agobio y sensación de descontrol. Solemos llamar a esto “resistencia a cambiar” o “estar acomodado”. Y está claro que todo aquellos que conlleve un cambio en nuestra rutina diaria: desde un cambio de situación sentimental hasta una evolución a nivel laboral, nos produce esa sensación de pérdida de control.
Pero en la valentía de aquellos capaces de no sólo suavizar y gestionar esa sensación, si no de ver más allá de lo que los demás son capaces de ver, reside la verdadera esencia del emprendedor y, en definitiva, del triunfador.
Este 2011 aparece ante nosotros como un año plagado de incertidumbre. Puedes quedarte sentado, esperando a que el mundo solucione tus problemas, mantenerte donde estás, y quedarte así para siempre.
O puedes ser valiente y ser tú quien cambie el mundo, se adapte a sus nuevas circunstancias y encuentre la luz entre tanta oscuridad.
Últimamente (y hablo de más de un año a esta parte) he estado ojeando bastantes documentos acerca de conceptos muy de moda dentro del mundo empresarial como el “coaching”, el liderazgo o el ser emprendedor.
A eso hay que sumarle interminables debates con @bitelemental (web) sobre todo el tema de las start-ups y la dificultad de emprender en España y especialmente en Valencia.
Siempre he pensado que hay dos tipos de personas a nivel profesional: aquellas que son conformistas y las que no lo son. Ninguno de los dos tipos es mejor que el otro y ambos tienen sus ventajas y sus inconvenientes pero creo que a mi me ha tocado (por suerte o por desgracia) ser del segundo tipo.
Y todo esto viene a que creo ciegamente en la existencia de un ‘gen’ (y que me perdonen los genetistas) del liderazago. Algo que corre por tus venas, por tu propia esencia y que te empuja inexorablemente a querer crear, diseñar, desarrollar y en definitiva liderar proyectos que sumen, que solucionen, que amplíen perspectivas en este mundo. Pero es importante que a ese gen lo acompañen otros como los del esfuerzo, la motivación incansable y la paciencia infinita.
Ya hablaremos otro día de las circunstancias y los elementos que hay que añadir para que la mezcla funcione.
“… y ahora estamos camino de la frontera y disfrutando a poquitos la vida entera…”
Escuchando esta reversión de Maldita Nerea de un tema que hicieron hace tiempo con Los delinqüentes me viene a la cabeza la sensación de que muchas veces nos encontramos perdidos en un mundo plagado de necesidades que nos hemos ido creando con el tiempo. Esas necesidades, en realidad, nunca han existido pero una sociedad orientada al consumo desmesurado nos empuja de forma incosciente a querer más y más.
Pero si en este torbellino de deseos diferentes nos paramos y somos capaces de ver las cosas con más perspectiva, saliéndonos de nuestra propia concepción de la sociedad y olvidándonos de esos axiomas con los que la televisión, nuestro entorno y el resto de estímulos nos han programado, seguramente caeremos en la cuenta del descoumnal engaño en el que vivimos.
Tener más no es sinónimo de ser más feliz, más bien al contrario, tener más seguramente conllevará querer más y, por ende, necesitar más.
De vez en cuando hay que recordar cosas como “la alegría que se lleva al miedo, los buenos ratos, el sol de Enero y ver contigo cada amanecer.”
Porque… “probablemente no encontremos el camino, pero nos sobrarán las ganas de volar”.
Y ése es el verdadero secreto de las Tortugas: hacer las cosas despacito y disfrutándolas al máximo.
Hace unos días discutía con mi psicóloga favorita el concepto del “pensamiento mágico”.
Según parece, los seres humanos tendemos a buscar explicaciones fantasiosas y propias de los libros de ciencia ficción para tratar de “encajar” en nuestra cabeza situaciones que aparentemente no tienen explicación.
Además, también representa una parte del pensamiento mágico, la sensación de protección y seguridad que este tipo de razonamientos nos proporcionan ante situaciones de dificultad en la vida.
Y creo que podemos aprender algo de este comportamiento. La seguridad y la sensación de control son indispensables para sacar de nosotros ese extra que se requiere para alcanzar esas metas que nos parecen imposibles.
“There’s no one who is great at his profession who hasn’t been doing it for at least 6 years — no designer, no programmer, no carpenter, no architect, no surgeon, no teacher, no musician, no artist … you get the point. I dare you to name one. Most have been doing it for over a decade, and are still looking to improve.”