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[CCNA Voice] Introducción a la Voz sobre IP (I)

Fue a finales de 1800 cuando Thomas A. Edison inventó (o tomó prestada la idea) de lo que se convertiría en el primer dispositivo de grabación de voz de la historia: el fonógrafo.

Este dispositivo convertía la voz humana en señales eléctricas que se registraban sobre una película de un material específico y que posteriormente se podían reproducir.

No se tardaría mucho en trasladar este invento al ya establecido telégrafo y, en consecuencia, dar lugar al nacimiento de la telefonía.

Con el paso del tiempo el ser humano ha ido perfeccionando las técnicas de muestreo de señales analógicas (la voz lo es) y ha dado paso a los procesos de digitalización: muestreo y cuantificación.

Gracias a estos sistemas cualquier señal puede ser representada por un número finito de bits, ya sabéis, cero o uno, y por tanto almacenada de forma mucho más sencilla.

Para el proceso de muestreo se hace uso de un teorema que desarrolló Harry Nyquist a principios del siglo XX y que de forma muy resumida y ligera viene a decirnos que para que no se pierda información la cantidad de muestras que deben tomarse de una señal debe ser el doble de su ancho de banda (cantidad de banda que ocupa esa señal). Tenéis el teorema mucho mejor explicado en este enlace: Teorema de Nyquist, pero sirva esa pequeña explicación para poder entender las limitaciones de muestreo.

Siguiendo con esta idea, estudios sobre el funcionamiento del oído humano demostraron que, de media, un oído común es capaz de detectar señales del rango entre 20 Hz y 20.000 Hz pero que nos basta con un ancho de banda entre 300 y 3.400 Hz para identificar correctamente el tono y el significado del habla humana.

Es comprensible que se buscase desde el comienzo minimizar los recursos necesarios para permitir la comunicación de voz y por ello se estableció el rango de frecuencias de hasta 4.000 Hz como estándar.

Así, haciendo uso del teorema de Nyquist necesitaríamos el doble de muestras para no perder información, esto es, 8.000 muestras por segundo.

El segundo aspecto del proceso de digitalización es la cuantificación: asignar un valor numérico a un determinado valor analógico. Aquí hay pérdida de información inherente y es imposible evitarla puesto que no podemos representar una escala infinita (mundo analógico) mediante una escala finita (mundo digital). Se estableció que cada muestra se representaría por un byte (8 bits).

Con esta información es bastante sencillo calcular el total de ancho de banda en bytes que se requiere para la comunicación de voz estándar: 8.000 muestras por segundo, 1 byte por muestra = 8.000 bytes por segundo o, lo que es lo mismo, 64.000 bits por segundo (64 kbps).

Se conoce como Digital Signal 0 (DS0) al canal básico de telefonía cuyo ancho de banda es, como podréis intuir, de 64 kbps.

Una vez alcanzada la capacidad de digitalizar la señal era cuestión de tiempo que los ingenieros de redes desarrollaran la posibilidad de enviar la información de voz a través de las redes de interconexión de datos actuales pasando de una conmutación de circuitos donde se establecía un circuito único entre emisor y receptor a una conmutación de paquetes donde pequeñas porciones de la comunicación viajan por distintos caminos desde el emisor para ser recibidas, ordenadas y correctamente escuchadas por el receptor, dando origen a lo que conocemos como Voz sobre IP.

Gracias a esta tecnología disponemos en la actualidad de la capacidad de integrar todos los servicios de comunicación: voz, vídeo y datos a través de una única red de intercomunicación lo que, sumado a los altos anchos de banda que se están alcanzando, nos abre la puerta a una amplia cantidad de aplicaciones de comunicación.

La cultura del esfuerzo

Prácticamente desde que nacemos se nos inculca un concepto que algunos tienden a llamar “cultura del esfuerzo”.

En realidad la “cultura del esfuerzo” no es más que la relación directa entre el éxito y el esfuerzo que necesitas para alcanzarlo.

La televisión, la literatura, nuestra propia tradición transmite entre generaciones esa “cultura del esfuerzo”. Pero cuando ya llevas unos años en esta vida y empiezas a conocer su letra pequeña te asaltan algunas dudas.

¿Qué hay de cierto en esa cultura del esfuerzo?

Nuestro entorno y, en muchos casos, nosotros mismos, obviamos una parte importante de esa relación directa de la que hablaba hace un momento: no es una relación causa – consecuencia. No siempre que nos esforcemos vamos a conseguir el éxito y, lo que es todavía peor, puede darse el caso de que nosotros, o alguien que conozcamos, o veamos por televisión, alcance el éxito sin necesidad de esfuerzo. Y digo lo que es peor porque sienta dos terribles precedentes en nuestro interior: el primero es que es algo factible alcanzar el éxito sin pegar un palo al agua, el segundo, todavía más dañino, es el de pensar de qué nos sirve esforzarnos si a otros ese éxito que buscamos les llegará antes y sin que tengan que mover un sólo dedo.

¿Qué es realmente la cultura del esfuerzo?

Digamos que, en realidad, la relación de la que hablo al principio es una relación de probabilidad. Cuanto más te esfuerces, cuanto más lo intentes, cuanto más te repongas de tus fracasos rápidamente y vuelvas a comenzar mucho más probable será que logres el objetivo que buscas y más duradero será el éxito asociado a él.

Ya, pero ¿cuál es la letra pequeña?

La letra pequeña la conocemos todos pero nos obligamos a olvidarla queriendo creer que el mundo es un lugar idílico. El fracaso, el esforzado trabajador que no tiene para comer, el licenciado que se malvende en un trabajo basura, el vago que termina siendo director, el oportunista que acaba ganando mucho dinero, el rico que se enriquece más, el gobernante corrupto que sale indemne de sus tropelías, el incompetente que ocupa cargos de responsabilidad y, el que más me gusta de todos, el inútil que se cree alguien.

Pero esto no le resta ni un ápice de realidad a la esencia de la cultura del esfuerzo: cuanto más lo intentes, más cerca estarás de conseguirlo. Porque en cada iteración, en cada intento fallido, generamos un bien de valor incalculable: una experiencia más de cómo no hacer las cosas. Y llegará el día, si seguimos intentándolo, que por fin la luz se encenderá.

 

“No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla.”

– Thomas A. Edison.

 

Buscando tu lugar

Partamos de la idea clara, digamos que es un axioma, de que todos tenemos nuestro lugar en este mundo.

Ya sea por el destino, ya sea por la casualidad, pero nuestra configuración genética y mental es única e irrepetible. Jamás habrá alguien como nosotros sobre la faz de la tierra y eso, además de ser algo maravilloso nos transfiere la responsabilidad de hacerlo valer.

A veces, confundidos por una marea monocromática, pensamos que lo mejor es mezclarse con los que son parecidos, o que aparentan serlo, para así formar parte de un todo. Aunque con ello perdamos nuestra singularidad y nos convirtamos en una pieza más de una cadena de montaje en serie.

Pasar desapercibido no es una opción.

La única opción que nos convierte en verdaderos seres humanos es encontrar esa diferencia, ese punto que nos hace especiales y que termina dotando a nuestra vida de un objetivo, de una misión, de un fin.

Cuando encontramos nuestro lugar todo encaja, miras hacia atrás y comienzas a comprender todas y cada una de esas escenas, de esos momentos, que no supiste ver. Y entonces la vida cobra su máximo sentido: sentido en la sonrisa por el sueño logrado, sentido en los ojos del amor de tu vida, sentido en el orgullo de un padre, sentido en cada gesto de tu hijo.

Pero para llegar a ese momento hemos de creernos capaces de marcar la diferencia. De llegar más lejos que nuestros padres, de preparar el camino para nuestros hijos. La culminación del viaje es habernos transformado a nosotros mismos en una nota nueva en la sinfonía de la humanidad.

 

La entropía de la vida

Últimamente estoy analizando concienzudamente algunos de los aspectos de vivir de forma independiente.

Uno de ellos es la sensación de que pese a que recojas las cosas, la tendencia innata de todo lo que te rodea es el desorden.

Ello me ha llevado a terminar dando con la definición de una magnitud física: la entropía. Si tenéis tiempo, ganas, y unos mínimos conocimientos en física os recomiendo enérgicamente que le echéis un vistazo al interesante artículo sobre ella que tiene la Wikipedia. [ Entropía ]

 

A grosso modo y para que nos entendamos, la entropía aplicada a nuestro caso es un concepto relacionado con el desorden de un sistema, su homogeneidad, y viene a decirnos que cualquier estado natural tiene la tendencia innata al desorden y no al revés.

¿Por qué?

Básicamente porque pasar de un estado “desordenado” a un estado “ordenado” consume más energía. Y tiene sentido, podemos dejarnos llevar en el día a día y los cestos, mesitas, cómodas y camas comenzaran a tender a un estado caótico sin lógica salvo que hagamos un esfuerzo, aportemos esa energía necesaria para alcanzar el estado “ordenado”.

Y he aquí que me pregunto yo…

Si la naturaleza tiende, en esencia, al desorden, ¿quiénes somos nosotros para ir contra natura? 

Comenzando con LaTeX – Breve tutorial.

Desde mis tiempos universitarios he sentido cierto interés sobre LaTeX.

LaTeX es un sistema de composición de textos, orientado especialmente a la creación de libros, documentos científicos y técnicos que contengan fórmulas matemáticas. [ es.wikipedia.org ]

La diferencia fundamental con un procesador de textos convencional, como por ejemplo Microsoft Word™ es que si bien éste es un editor WYSIWYG, aquello que ves es aquello que obtienes, LaTeX se fundamenta en un archivo de código de marcas. Algo parecido a HTML.

Ventajas

Es independiente del sistema operativo. Lo cual nos permite llevar nuestros archivos LaTex (.tex) a cualquier entorno y crear los archivos que queramos con independencia de la arquitectura que empleemos.

Es un estándar de facto en el mundo científico. La mayoría de papers, documentos teóricos, prácticas, hasta incluso exámenes, están hechos con este sistema.

Desventajas

Es un lenguaje de marcas lo que inexorablemente implica enfrentarse con una hoja en blanco en la que lo que escribimos y lo que pretendemos obtener no tienen una relación directa. En resumidas cuentas, la curva de aprendizaje es diferente que la de editores convencionales.

Comenzando con LaTeX

Para empezar con LaTex necesitaremos dos sencillos programas gratuitos

– TeXWorks [ http://www.tug.org/texwork ]

– MiKTeX  [ http://miktex.org/2.9/setup ]

Una vez instalados iniciaremos el software TeXWorks que automáticamente nos detectará el software de impresión LaTeX MiKTeX.

Para empezar podemos crear un pequeño y sencillo documento con este código ejemplo que os facilito:

[cc lang=’latex’]

\documentclass[11pt,a4paper]{article}

\usepackage[utf8]{inputenc}

\usepackage[spanish]{babel}

\usepackage{graphicx}

\begin{document}

\title{Ejemplo Documento}

\author{Sergio Madrigal Muelas}

\maketitle

\section{Seccion Ejemplo}

Esta es una sección de ejemplo

\end{document}

[/cc]

Una vez lo tengáis bastará con guardarlo y compilarlo (Ctrl + T) para ver el resultado en formato PDF.

Si tenéis cualquier consulta no dudéis en usar los comentarios.

¿Nacemos optimistas?

Interesante charla de la investigadora Tari Sharot acerca del comportamiento optimista innato del ser humano.

Parece ser que todos los seres humanos tenemos la tendencia a pensar de forma optimista sobre nuestro futuro. Este pensamiento, siempre que sea equilibrado y realista, es el que nos impulsa a conseguir metas y alcanzar objetivos.

Os dejo algunas de las frases interesantes de su charla:

“Sea lo que sea lo que suceda, tanto si tienes éxito como si fracasas, la gente con altas espectativas siempre se siente mejor, porque cómo se sienten, cuando son despedidos o son elegidos el empleado del mes, depende en cómo interpretan ese evento”

“Independientemente del resultado, el acto puro de anticipación nos hace felices”

“Los optimistas son aquellos que esperan más besos en su futuro, más paseos en el parque. Y esta anticipación mejora su bienestar”

Saying good bye to a genius

If you are an entrepreneur you are always thinking about your dream, how to achieve it, how it will look like.

Steve Jobs was one of the best entrepreneurs on the world, probably the best. He had a dream and he worked so hard to see it become real.

Today, the entire entrepreneur and technology world will wake up sad. The genius of innovation, the master of revolutionary gadgets, has died at the age of 56.

We will always be thankful to him. He showed us so many important things about how to reach your dreams.

However, Steve Jobs didn’t give us only his awesome devices, but his most valuable treasure: his ideas and his way of think.

Thanks, Steve.

RIP

“Being the richest man in the cemetery doesn’t matter to me … Going to bed at night saying we’ve done something wonderful… that’s what matters to me.”

Steve Jobs (1955 – 2011)

What is Kaizen?

If you go to Wikipedia you can know a little bit more about that productivity system but, for now, you only need to know that Kaizen is a Japanese term which means: kai = change and zen = good.

That’s the point. An improvement always needs a change. The problem is that in most of cases the goal needs a high cost change. The reason is simple: you always think in a drastic change. You want to be fit and you’ll probably think in running for 10km every day.

Kaizen says to us that you can achieve your goals or, at least, improve everything you want by introducing little changes day by day.

For example, I want to improve my English and, at the same time, I want to post every day. That’s the reason why I’m posting now, in English.

Then, after a week implementing a change, the change will become a standard and you won’t need to remember it every time.

Kaizen only says to you that a very long way starts with a single step.

Make the step by yourself and someday you will end the whole way.

Future echoes

With the recent doubts regarding the Theory of Relativity of Albert Einstein and its axiom of the limit of velocity: no physical object, message or field line can travel faster than the speed of light in vacuum, I’m meditating about our thoughts about reality and our points of view.

Newton, Copernicus, Ptolomeo, had their own point of view with the restrictions in their perspective that the circumstances of the time when they lived accounted to them.

It’s possible; therefore, that now we have our own limitations of sight. What if there is something in our point of view that limits us? What if time is a measurement which travels forwards and backwards?

Let me think for a moment that there is one possibility of someone who doesn’t have that sort of limitations and is capable of perceive the echoes of time, the shadows of things that will happen…

Think about it for a while. Do you have someone: a friend, a relative, who has the power of feel some things, know about what is about to happen…? What if he or she can really do it?

La caída de los héroes

Vivimos inmersos en la carrera hacia el triunfo, siendo el triunfo un concepto entendido de mil maneras diferentes y empleado en un sinfín de situaciones distintas en función de la perspectiva del que lo describe.

Y en cierto modo el elemento central del triunfo, la personalización del mismo, es el héroe.

Nos rodean. Figuras jóvenes, atléticas, esbeltas, de sonrisa luminosa y con un halo de eternidad que nos obliga a envidiarlas. Son los héroes modernos, pero no se diferencian de los antiguos. Personajes míticos que las leyendas encumbraban hasta convertiros en seres poderosos y con dones que cualquier humano envidiaría.Sin embargo muy pocos se han parado a pensar en el después, en el momento en el que la euforia del triunfo, la gloria conseguida se esfuma.

¿Qué sucede después?
Porque el reloj del tiempo sigue moviéndose, pero esa persona que un día fue el centro del universo por unos momentos ha dejado de serlo ya.

Creo que en ese momento aparece la verdadera valentía del héroe. La capacidad de sobreponerse a ese paso del tiempo, de no vivir en un pasado glorioso y centrarse en el futuro.

Porque aquel que cree que ya ha conseguido todo lo que pretendía conseguir en la vida sencillamente sólo le queda morir.